viernes, 6 de mayo de 2022

LOS TRES EXILIOS DE ROQUE VILLALBA

 Mi producción 2022

Después de escribir este poema, me pareció necesario trazar previamente una breve biografía para todos aquellos que no conocieron a Roque, mi inesperado amigo de pocos años atrás. Seguramente he caído en algunas inexactitudes, pues mi conocimiento de él era muy escaso, sólo cuento con algunas cosas que recuerdo haberme contado,  de un modo quizás impreciso, como puede también haber imprecisión en mi propia memoria, que lejos de parecerse a un grabador, registra lo sustancial en mi propia percepción de los dichos, es decir, en mi subjetividad.  La  literatura, hermana loca de la historia, seguramente también ha contribuido a matizar las cosas, de un modo u otro.

 

A fines de la década del 60, Roque Villalba emigró del pueblo a Chubut, donde fue obrero en una empresa y  se integró como militante a la J.P. Montoneros, cercano a Roberto Quieto. Allí fue secuestrado y torturado, encarcelado en una celda de castigo, fría, sin abrigo y con escasa alimentación, en soledad. Gracias a los oficios del abogado y senador alfonsinista Hipólito Solari Yrigoyen, en 1975 fue blanqueada su situación, pasando a estar detenido a disposición del Poder Ejecutivo, dándosele la opción a ser expulsado del país, con destino a México. Allí se arraigó, gracias al refugio que le proporcionó un empresario, empleándolo como encargado de una casa de verano.  Los malos tratos sufridos  le provocaron daños no sólo en las piernas, originándole  renguera, sino además en el cerebro, afectando sus funciones cognitivas, acelerándole quizás alguna posible tendencia al  Alzheimer  de un modo leve. Décadas después, siendo ya anciano, al cambiar la política migratoria del Estado Mexicano, no habiendo actualizado su situación, fue deportado al país, portando solamente una valijita con algunos ahorros tan escasos como ropa. Tuvo un mal recibimiento: se la robaron al llegar al aeropuerto de Ezeiza.

El retorno al pueblo del que había salido en su temprana juventud, tuvo algo de metáfora de su vida: a la entrada,  la estación del tren ya no era tal, sólo quedaban las vías muertas de un tren que desde hacía 40 años no circulaba más… Ya casi nadie lo conocía en su pueblo de origen. Sólo dos o tres personas le brindaban su tiempo para conversar. En la Delegación Municipal una empleada que le dedicó atención le recomendó que me visitara. Él me recordaba de niño, yo sólo tenía alguna referencia de su condición de detenido. Compartimos largas charlas mate por medio, historia y política, recuerdos del De la Garma de su juventud, en fin…

Discutíamos amigablemente, yo no compartía algunos de sus puntos de vista de aquellos años, y de la actualidad, pero aprendí mucho de él a escuchar con atención y respeto, hacer preguntas inteligentes más que opinar… Me conmovió no sólo su situación de debilidad, sino también, mucho más, la firmeza de sus esenciales convicciones de roca, la pureza de su corazón, la sensibilidad hacia los que estaban peor que él, sus manos limpias siempre. Era difícil a veces entender lo que decía, su confusión mental coincidía con su desarraigo: cuando hablaba de México, decía  “aquí”…

Cuando noté que hacía tiempo que no aparecía por casa, pregunté en  la Unidad Sanitaria cómo estaba, para visitarlo. Me informaron que ya estaba muy mal, le quedaba muy poco tiempo, ya no conocía a nadie. No me animé a ir a visitarlo, hasta que sentí que debía ir a despedirlo, aunque ya no pudiera tener ni siquiera una comunicación gestual con él. Nadie lo acompañaba. Lo despedí con algunas palabras de afecto y un beso en la frente. A la madrugada siguiente falleció.

Averigüé dónde está su tumba. He ido algunas veces a visitarla. Es una tumba sin nombre. No tiene lápida, y por supuesto, ninguna flor. 

A ROQUE JACINTO VILLALBA, EN OTOÑO

 

A las aladas almas de las rosas

del almendro de nata te requiero,

que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero.

Miguel Hernández, “Elegía a Ramón Sijé”

 

 

 

Surge la imagen de mi amigo Roque

entre las hojas secas que remolinean en la calle

esta tarde lluviosa de cálidas ausencias

y  ráfagas de historia turbulenta.

 

Vuelve como el otoño y como la primavera,

Con su mirada clara y penetrante como el cielo que habita,

se esfuma entre las hojas y la bruma

por esquinas de olvidada ausencia y soledad,

 

recordándome que la vida sigue

calladamente, y no se apaga nunca.

 

Él dio todo de sí, como esos árboles

que crecieron bajo soles y tormentas,

amaneceres y ocasos,

a veces prodigándose, a veces, derramados como la misma          sangre.

 

Ahora que es un espíritu, me doy cuenta

que su cuerpo fue en vida el de un fantasma errante

puro y desolado, de esperanza angustiada

y soledades compartidas, solidarias.

 

Un hombre con sus nombres y apellido:

Tenía la voz gastada, y los rasgos de piedra,

su piel áspera y gris, como la roca;

su corazón, pétalos azules de jacinto,

empecinado buscador del alba. 

  

De andar desvencijado, y como un  mate añoso

que se sigue brindando con la mano extendida

y generosa de su sangre de pueblo

en la despojada luz de su cuarto alquilado.

 

Aún lo indignaban las antiguas memorias

de tormentos e injusticias que se olvidan y callan

y la cruel indecencia de los  nuevos tiempos

desorientados de terremotos frecuentes.

 

Se fue en silencio, como sus pasos sin rastro;
despojado de pasado y de futuro,

quedó desarraigado del presente,

desterrado de historia y de existencia,  

desconocido, extraño donde fuera,

y convertido en definitiva nada

se sumergió en la nada, quizás para poblarla.

 

Allá andará, sin duda, por las tierras más altas

con la voz desterrada y ojos desolados,

su indignación de niño y  obcecada pureza;

con su estrella en la frente y otra en la mirada.

 

Allá estará, exiliado otra vez,  y sin retorno,

acuciándolo a Dios  con sus preguntas

de inquietantes cuestiones desveladas

que no tienen respuesta y exigen soluciones;

 

compartiendo el mate amargo con los otros

angustiados buceadores en los mares de estrellas

buscando en una isla de la que no existen mapas

sin el plano y ni siquiera un croquis,

el tesoro del alba, tan ansiada;

 

o enredado en sus sueños de otra vida

en cada madrugada de vientos y lloviznas

purificadoras de olvidos y violencias,

mientras crecen dos rosas en su tumba sin nombre,

y cae

         el otoño

                        sobre la calle

                                                desierta.

 

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De la Garma, entre el 18 y el 19 de abril de 2022.