martes, 7 de marzo de 2023

LA AFINIDAD ENTRE CORTÁZAR Y CÉSAR BRUTO

    Las citas de césaR brutO que Cortázar hace en "Rayuela" no sólo son muestras de su admiración por este humorista célebre por sus notas en revistas de humor populares entre los años 40 y 60, además de su condición de libretista de Tato Bores en los comienzos de este programa televisivo.

  Pueden tomarse como una señal de los puntos en común entre la obra de uno y otro.

  Por un lado, la inocultable crítica social, tanto hacia "los otros", de un modo explícito o sugerido (la alusión tácita a los gobiernos, por ejemplo, sin nombrarlos directamente, pero que inevitablemente vienen a la mente), como al propio personaje que escribe como puede (es decir, como habla), con sus actitudes y opiniones típicas del imaginario popular argentino, con sus prejuicios, ambivalencias y convicciones extremas y simplificadas, en el fondo conformistas. Las cuales surgen de una lectura humorística que hace ver su falta de seriedad, aunque muchas veces las hayamos escuchado en las conversaciones cotidianas con gente del barrio.

  Es decir, el personaje creado por Carlos Warnes habla con el lenguaje y la visión del mundo popular (más concretamente, quizás, de la clase media baja argentina), de un modo extremo, exponiéndolo a la risa del lector, con esa crítica benevolente que es el humor.

  De un modo más dramático, pero no carente de humor, está expuesto el personaje de Rayuela. Aunque el medio sociocultural al que pertenece sea el de una clase media acomodada por lo menos, ya que puede ser mantenido en su condición de estudiante bohemio en París por su hermano con los ingresos de la estancia. Habla y piensa en el lenguaje de los intelectuales, y su imaginario está muy influido por la filosofía, la literatura y el jazz.  

  Porque el lenguaje es mucho más que un medio, es tan importante como los personajes, la trama y la revolución formal. La revolución literaria pasa indefectiblemente por el lenguaje, como el agua del río en su cauce. No hay uno sin el otro. Si los separamos, no entendemos nada: quedamos solamente en algunas reflexiones, diálogos y discusiones entre los personajes, algunas descripciones, lo "correcto" y lo "incorrecto", lo "culto" y lo "vulgar". Algo parecido a lo que era en la secundaria estudiar anatomía acumulando contenidos sobre las partes de la célula, o sobre los distintos órganos; nunca llegábamos a entender lo que es un cuerpo humano vivo. O como pretender entender un texto nada más que con ayuda del diccionario.

  Porque así como césaR brutO es su lenguaje, Oliveira es su lenguaje. Ambos se expresan siguiendo el orden con el que aparecen las ideas, reflexiones, recuerdos, van surgiendo en su cabeza. Lo que los psicólogos llaman el fluir de la conciencia, y la libre asociación de ideas. Ambos juegan con las ambigüedades del lenguaje y sus múltiples significados subjetivos. No necesariamente respetan las normas establecidas de la  gramática y la ortografía, la coherencia formal. Y mucho menos, un camino lineal (simplificado, necesariamente) en la narración y en las ideas. Sorprenden con un camino que a cada paso toma por otros laterales inesperados. Los niveles del lenguaje se entremezclan, como se entremezclan lo culto y lo popular, tanto en el lenguaje como en la vida, en los ambientes sociales en lo que transcurre la narración. Todo lo contrario a la novela tradicional, en la que si aparece "lo otro" es con la característica de extraño, raro, o hasta sospechoso, que no tiene el mismo valor. Todo es útil para expresar una búsqueda personal de sus propias ideas, surgidas muchas veces a partir de sus propias experiencias y pensamientos, contrastándolas, a veces irónicamente, con las ideas de grandes personajes de la cultura académica.

      En sus obras (tanto la de Carlos Warnes con su personaje humorístico como en Cortázar), la búsqueda personal no representa necesariamente un modelo a seguir, sino que expresan, sabiéndolo o no, su crisis, sus desencuentros, sus frustraciones, en una realidad que no parece ser coherente con ninguna interpretación más o menios lógica, y por otra parte con su propia conciencia de sí mismo: en el caso de césaR brutO, con las limitaciones de la mal llamada "sabiduría popular", que no pasa de "lo que se vé, lo que hay, lo que sabemos todos"; y en el caso de Oliveira (y también en el personaje de Warnes) la falta de una autocrítica profunda que reconozca sus propios defectos. (Me vienen a la memoria Sócrates, con la antigua máxima de "Conócete a ti mismo", como primer paso para encontrar la verdad; y la idea central de las enseñanzas de Jesús: la verdad, y el reino de los Cielos, están en el corazón del hombre. O la letra de "Revolution" de los Beatles; "Si quieres una revolución está bien...pero empieza por ti mismo"). No es sólo la crisis de dos personajes de ficción, sino también de toda nuestra cultura. Estamos descentrados de nosotros mismos, buscando el centro fuera de nosotros.

A esa búsqueda interior necesaria para encontrar el camino perdido, han contribuido estos dos grandes maestros de la literatura y el humor. Aunque parezca chiste. O aunque provoque rechazo.

La superación de las historias convencionales 

  Ya no se trata de historias con personajes y situaciones idealizados, "de película", muy alejados de la realidad que vivimos, influenciadas por la literatura romántica, tanto en su vertiente de final feliz como en la de finales trágicos, o al menos, dramáticos; ni de otro tipo de relatos que simplemente pretende ser un espejo de la realidad, en sus conductas, situaciones y conflictos sin solución o mal resueltos. 

  Las historias de "Rayuela" y de las notas de césaR brutO integran elementos fácilmente reconocibles de la realidad, y otros "raros", exagerados, disparatados. Pero la realidad y lo raro son sólo ingredientes para construir una historia que supere tanto a lo real como a lo disparatado, extremo o absurdo. La literatura vanguardista, que rompe con la tradicional y sus convencionalismos, parte de la idea y la práctica de que el arte y la literatura no tienen por qué representar fielmente la realidad: son otra realidad construida que nos permite, y exige, reconocer y analizar la realidad a partir de esta "otra cosa" de un modo crítico, analítico, pero que no nos reflejan directamente. Cosa que no sucede en la realidad, donde la presión social nos inhibe de hacerlo. La realidad nos lleva a aceptar una especie de pensamiento único caratulado como buenas costumbres o sentido común; o si no a un debate acalorado en el que perdemos totalmente la posibilidad de reconocernos a nosotros mismos, al involucrarnos en exceso. No hay nada más difícil que reconocernos como somos frente a un espejo.

Por eso también la búsqueda de lo auténtico, como la caracterización de los personajes con su limitaciones. 


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