miércoles, 31 de enero de 2024

RODOLFO ALONSO, POETA DE LOS '60

Rodolfo Alonso (1934-2021) fue uno de los poetas que a partir de los años 50-60 renovaron el lenguaje poético, junto a Francisco Urondo, Edgar Bayley, Mario Trejo, Eduardo Romano, H. A. Murena y otros. Fue ampliamente reconocido tanto en nuestro país como en Brasil, Colombia, España y Venezuela. Sin duda el principal aporte a la cultura que hace como poeta es la búsqueda de un lenguaje propio, un yo que se expresa creando aun a partir de las influencias recibidas (que como traductor de poetas brasileños y europeos seguramente habrá sido muy grande). Resulta apropiada su difusión entre los que se acercan, mucho o poco, a la poesía, y buscan adueñarse de su lenguaje en sus producciones, pues aporta elementos interesantes que vale la pena tener en cuenta: sus imágenes son creativas pero no indescifrables, sin perder de vista lo esencial de ellas que radica en las sugerencias.

Publicamos aquí como muestra estos poemas, "como para ir picando".

En el siguiente link encontrarán una selección personal extraída de diversas  publicaciones de internet, en  un material de unas 50 páginas en pdf.

https://drive.google.com/file/d/1Kh-08BldCAkgaw0985NMoFkkrzJQyBOm/view?usp=drive_link

BOCA DE SOMBRA

 

Ce que dit la Bouche d’Ombre 

Victor Hugo

 Agridulce y distante,

con los labios ceñidos,

sonreía, mi madre

(igual que Rosalía).

 

Bajo cielos inciertos,

sobre mares infames,

¿regresaba, de dónde,

o nunca había llegado?

 

Su mirada inquietante

habla con su silencio,

y no puede alcanzarme

y no puedo alcanzarla.

 

Una aldea de montaña

relumbra allí a lo lejos,

y una ciudad distante

que nunca estuvo cerca.

 

Ese mudo dolor,

esos ojos nublados,

hielan con un reproche

liviano, indiferente.

 

No podía saberlo,

no podía saberse

(igual que Rosalía)

bajo una negra sombra.

 

¿Un misterio, un vacío?

Siempre estuvo en la casa.

¿Un dolor, una ausencia?

Nunca nadie la supo.

 

Entrevisto infortunio

expresándose a penas,

que van de uno a otro

sobre el rostro del mundo.

 

Algo intenta decirnos

que no quiere decirse.

¿La ruina de su infancia

no me dejó ser niño?

 

Soledad que se agolpa,

inefable congoja

que no puede nombrarse

ni siquiera a sí misma.


Aunque vuelva, no vuelve

(igual que Rosalía),

a su vieja niñez

en las garras del mar.


CIRCE, NO VENUS

(Por ellas, Ella habla:)


“Derrochaste mis muslos.

Pero no sólo eso.

¿O acaso no me oías

aullar en la alta noche?

No te buscaba a ti:

buscaba tu sustancia

(el fuego que te habita

o soñé te habitaba).

Desmedida, voraz

como todo lo humano,

me irritó tu ternura

delicada y feroz.

Si la vida te pasa

sin que la tomes viva,

la muerte ordena todo

o todo desordena.

Y sólo encontrarás

(compréndeme insaciable)

al buscar lo que buscas.”


EL AMOR VICTORIOSO


compañera
ya no me duele
el día
mujer
contigo nace
mi voz
rama intensa
el viento
de tu nombre
todo cae
sobre mí
el cielo
el sur
tu noche de dos alas
tu eternidad
el fuego
de esa guitarra 
que ayer
temblaba
sola

CUERPO A CUERPO


 De una oscura pasión o algún esfuerzo, de un puro golpe de amor,
    

 de cierta manera de hablar y sorprenderse no podrás evadirte

     sin dejar una huella, algo que te descubra.

CARA ROTA

no se ha colmado la medida

lo que has dicho lo que has amado
se tiene ahora bajo el sol
para ser despedazo o festejado

no estás todavía del otro lado
se ha dicho que tienes cosas por decir

no se acabó esto
mientras brille implacable la luz que desordena
todo lo que debe decirse o ser amado


ÍNDICE

lunes, 22 de enero de 2024

"EL MATE", por Ethel Lavigne de Fichera

 Publicamos aquí la joyita que faltaba, de nuestra querida Ethel. Nada menos que la poesía que ella ama tanto, y que le valió una mención de honor en un concurso literario gauchesco en Dolores. No tiene desperdicio...¡Un mate que no se lava...!


    EL MATE

Iniciando la jornada

viaja llevando cariño;

tiene como alma de niño,

en la yerba transportada.

Gaucha costumbre arraigada,

siempre encuentra un buen lugar,

para poder valorar,

al pasar de mano en mano,

todo ese calor humano

que todos queremos dar.


Apreciado en la sincera

sencillez de la cocina,

por su valor de argentina

y rica infusión campera.

Muy reclamado en la espera

matinal junto al fogón,

une siempre el corazón 

tan noble de los paisanos;

que se sienten como hermanos

al beberlo con fruición.


Preparado con esmero,

estimula al campesino

a seguir por el camino

del trabajo mañanero.

Salir al campo, ligero,

después de su compañía,

es cual dulce melodía

y calidez que acompaña,

suavizando en la campaña

las asperezas del día.


Al momento de arribar,

sin duda, alguna visita,

enseguida se la invita

y se comienza a cebar.

Ahí se puede comprobar

que ese caudal afectivo

canalizado al arribo,

al llegar la despedida

se prolonga en la partida,

a veces, junto al estribo.


ÍNDICE

lunes, 1 de enero de 2024

MUNDO GRANDE, de Carlos Drummond de Andrade

  

No, mi corazón no es mayor que el mundo.

Es mucho menor.

En él no caben ni mis dolores.

Por eso me gusta contarme.

Por eso me desnudo, por eso me grito,

por eso frecuento los periódicos, me expongo crudamente en las librerías: necesito de todos.

 

Sí, mi corazón es muy pequeño.

Sólo ahora veo que en él no caben los hombres.

Los hombres están aquí afuera, están en la calle.

La calle es enorme. Mayor, mucho mayor de lo que esperaba.

Pero tampoco en la calle caben todos los hombres.

La calle es menor que el mundo.

El mundo es grande.

 

Tú sabes qué grande es el mundo.

Conoces los navíos que llevan petróleo y libros, carne y algodón.

Viste los diferentes colores de los hombres,

los diferentes dolores de los hombres,

sabes qué difícil es sufrir todo eso, amontonar todo eso

en un solo pecho de hombre... sin que estalle.

 

Cierra los ojos y olvida.

Escucha el agua en los vidrios,

tan calma. No anuncia nada.

Mientras se escurre en las manos,

¡tan calma!, lo va inundando todo...

¿Renacerán las ciudades sumergidas?

Los hombres sumergidos —¿volverán?

 

Mi corazón no sabe.

Estúpido, ridículo y frágil es mi corazón.

Sólo ahora descubro

qué triste es ignorar ciertas cosas.

(En la soledad del individuo

olvidé el lenguaje

con que los hombres se comunican.)

 

Antaño escuché a los ángeles,

las sonatas, los poemas, las confesiones patéticas.

Nunca escuché voces de gente.

En verdad soy muy pobre.

 

Antaño viajé

por países imaginarios, fáciles de habitar,

islas sin problemas, no obstante agotadoras y convocando al suicidio.

Mis amigos partieron a las islas.

Las islas pierden al hombre.

Entretanto algunos se salvaron y

trajeron la noticia de que el mundo, el mundo grande está creciendo todos los días 

entre el fuego y el amor.

 

Entonces, mi corazón también puede crecer.

Entre el amor y el fuego,

entre la vida y el fuego,

mi corazón crece diez metros y estalla.

—¡Oh vida futura!, nosotros te crearemos.