sábado, 12 de junio de 2021

SABATO Y LA LITERATURA. El escritor contra racionalistas y comunistas dogmáticos - I

 Reconocido en gran parte del mundo como uno de los grandes escritores argentinos, Ernesto Sabato fue motivo y protagonista de debates sobre la literatura.

El sistema, a través de las sociedades científicas, podía haber aceptado su filiación comunista en su juventud, pero le reprochó que abandonara la ciencia por la literatura surrealista, y luego por un realismo que incluía también alguna afinidad no sólo con el surrealismo (en el famoso Informe sobre ciegos, como parte de Sobre Héroes y Tumbas, que tiene alguna relativa autonomía dentro de la novela, y que inclusive se ha editado a veces por separado) sino  además con lo real maravilloso.

Pero también entre intelectuales y estudiantes cercanos al comunismo soviético, en una época que ubicaba a los escritores dentro de un marco de necesario compromiso con las luchas sociales y el debate de ideas, fuera del aislamiento tradicional respecto de la sociedad, Sabato fue cuestionado, no por la calidad literaria de su producción, sino por no ubicar a sus personajes en las luchas sociales, como héroes de la militancia revolucionaria, fervientes creyentes en la Revolución social y sus slogans.

En su novela Abaddón el Exterminador, publicada en 1973,  Sabato fija su posición, quizás como una manera de dejar definitivamente claro su punto de vista, cansado ya de soportar preguntas sobre el tema en las entrevistas para revistas literarias. 


He aquí nuestra síntesis de sus ideas, resumidas previamente a la publicación de fragmentos de su obra en los que desarrolla ampliamente su postura. 

Sería  exagerado atribuirle exclusivamente a él la originalidad de estas ideas, pero sí su discurso, con una argumentación personal, auténtica y didáctica. 


SÍNTESIS DE LAS IDEAS DE SABATO

Las ficciones literarias, lo fantástico, irracional, son tan necesarios para la humanidad como lo son los sueños para las personas. Son como descargas que impiden que un individuo enloquezca. Los riesgos de hacer desaparecer las ficciones podrían ser gravísimos.

Y tanto los sueños como los relatos fantásticos se expresan mediante símbolos irracionales, pero éstos no pueden ser traducidos o explicados mediante un lenguaje racional ni científico. Se trata de imágenes de significado ambiguo, polivalente.

La filosofía racionalista y la ciencia positivista combatieron los mitos. El progreso, la civilización, de la mano de la razón y la ciencia, hacen que la humanidad avance en el camino de la evolución, apartando a los hombres de la ignorancia y el atraso, de los cuales serían producto los mitos.

Pero en el hombre existen las dos mentalidades: la “primitiva” de las aldeas y las cavernas,  con la “civilizada”. No hay progreso para salir del atraso.

Los artistas retomaron los mitos, apropiándose de un lenguaje propio de otras culturas, pero revalorizándolos.

Los mitos no desaparecen porque son una necesidad profunda del hombre.

El arte nos salva de esa alienación que nos ha enajenado del elemento fantástico, creativo, simbólico, que convive con la lógica racional. El hombre no es una parte, sino una totalidad.

La novela totalizadora (no el simple relato que no tiene en cuenta esta realidad humana de un modo integral), puede cumplir, en la literatura, esa función necesaria.

Las novelas latinoamericanas, más que la filosofía, expresan nuestra cultura que conserva esa parte del ser humano rechazada por el progreso científico racionalista.

Desde Europa viene la falacia de que la novela debe prescindir de todo lo subjetivo y describir sólo la realidad objetiva. Pero no se tiene en cuenta que los personajes de las novelas son (como los hombres reales) profundamente subjetivos. Su subjetividad está atravesada por su religión, sus creencias filosóficas e ideológicas, sus deseos, sus temores, sus angustias, por conflictos y sentimientos de los que no es conciente. Si eliiminamos la subjetividad, desaparece el ser humano, estamos nada más que ante el mundo natural de animales, insectos, piedras.

Sólo el arte y los mitos transmiten, con su propio lenguaje de   simbólicas, la realidad profunda del hombre. Y mientras nuestra cultura no integre el pensamiento lógico, racional, con la esfera irracional, simbólica, subjetiva, mientras esa integración no sea aceptada, la esfera irracional se continuará refugiando en el arte y en los mitos.

Los marxistas dogmáticos que no entendieron a Marx, reducen el papel del arte y la literatura a la reproducción fiel de la realidad objetiva, atravesada por luchas entre explotados contra explotadores, acompañando y reflejando con su propio lenguaje la lucha por la revolución social. Por lo tanto, consideran que el arte siempre expresa los intereses de clase del artista, habría un arte revolucionario y un arte contrarrevolucionario, que mediante las imágenes simbólicas, como los mitos, encubren, ocultan, el proyecto de las clases dominantes. Hay que interpretarlos de esa manera para desenmascararlos. Y los mitos también deben ser interpretados para poner al descubierto su intencionalidad de mantener las estructuras sociales basadas en la dominación y la explotación de los trabajadores por las clases dominantes.

Sólo ven en la literatura de los escritores burgueses y aristocráticos un medio de expresar ese interés de clase y ocultar lo que no les conviene que se tome conocimiento o conciencia, pues generaría rechazo.

Pero no ven que los grandes artistas y escritores, además de eso, están expresando profundos problemas de todos los seres humanos.

Y no existe el reflejo de la realidad. El arte es producto de la totalidad del ser humano, tanto de la parte racional como irracional. El hombre crea su propia realidad, y se crea a sí mismo mediante la creación, tanto técnica como artística. Y al hacerlo, crea la realidad artística, que es otra realidad, no es el reflejo de lo que ve en el exterior.

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