martes, 26 de diciembre de 2023

CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE. Pasaje del año

  PASAJE DEL AÑO

El último día del año

no es el último día del tiempo. 

Otros días vendrán

y nuevos muslos y vientres te comunicarán el calor de la vida.

Besarás bocas, rasgarás papeles,

harás viajes y tantas celebraciones

de aniversario, graduación, promoción, gloria, dulce muerte con sinfonía y coral,

que el tiempo quedará repleto y no oirás el clamor,

los irreparables aullidos

del lobo, en la soledad.

 

El último día del tiempo

no es el último día de todo.

Queda siempre una franja de vida

donde se sientan dos hombres.

Un hombre y su contrario,

una mujer y su pie,

un cuerpo y su memoria,

un ojo y su brillo,

una voz y su eco,

y quién sabe si hasta Dios…

 

Recibe con simplicidad este presente del acaso.

Mereciste vivir un año más.

Desearías vivir siempre y agotar la borra de los siglos.

Tu padre murió, tu abuelo también.

En ti mismo mucha cosa ya expiró, otras acechan la muerte,

pero estás vivo. Una vez más estás vivo.

Y con la copa en la mano

esperas amanecer.

 

El recurso de embriagarse.

El recurso de la danza y del grito,

el recurso de la pelota de colores,

el recurso de Kant y de la poesía,

todos ellos… y ninguno resuelve nada.

 

Surge la mañana de un nuevo año.

 

Las cosas están limpias, ordenadas.

El cuerpo gastado se renueva en espuma.

Todos los sentidos alerta funcionan.

La boca está comiendo vida.

La boca está atascada de vida.

La vida escurre de la boca,

mancha las manos, la vereda.

La vida es gorda, oleosa, mortal, subrepticia.


Carlos Drummond de Andrade en la web

https://drive.google.com/file/d/1nXAkxsBcei6yCJP0P40dojmjxgXRT2Dk/view


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lunes, 18 de diciembre de 2023

TANGO DEL PERDEDOR

 Yo he soñado con ser lluvia dorada

o un cisne para vos, como el de Leda

mientras contemplo tu andar o tu sonrisa

que me hace sentir feliz entre las nubes.

Pero vos me hacés sentir que soy un ganso enamorado

y que el granizo me golpea la cara.

 

Te veo como si tuvieras una naturaleza mágica

de hada que hace que todo sea maravilloso;

al acercarme me encuentro con una horrible bruja

con el cuerpo de la serpiente enroscada en el árbol de la vida,

y  siempre te perdono como los viejos del Tribunal ante Friné.

 

Ya no sé qué hacer con el tango de mi vida

si me ponés un rock and roll o un mambo de Pérez Prado en el equipo.

Yo me estoy derritiendo frente a vos

como un pulpo en el Sahara a la hora de la siesta.

Siento que soy como una piedra que se va desbarrancando  por el precipicio.

Camino por la vida como a contramano del corso

como un ciego que mira hacia el cielo esperando percibir la luz de su estrella hasta que los ojos se le gasten horadados de vacío.


Me caigo y sigo andando a los tropiezos

movilizado por un algo incomprensible que tampoco es deseo

como un ateo que se convierte al cristianismo pensando en el reino de los cielos en la tierra

y se ve obligado a cargar con una cruz que no estaba en el corto publicitario.


Eso sí, che Lilith, Muñeca Brava, siempre fiel a vos misma,

yo no voy a implorarte de rodillas que seas buena y sientas compasión por mí.

De esto estoy   convencido y te lo juro en silencio:

Jamás te abriré las puertas de mi corazón, entregándome a vos,

para decirte con mis labios que te buscan:

—Flaca, te amo.  

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