PABLO NERUDA
Poema 5 (de "20 poemas de amor y una canción desesperada")
Para que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Más que mías son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras.
Ellas trepan así por las paredes húmedas.
Eres tú la culpable de este juego sangriento.
Ellas están huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas tú, todo lo llenas.
Antes que tú poblaron la soledad que ocupas,
y están acostumbradas más que tú a mi tristeza.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que tú las oigas como quiero que me oigas.
El viento de la angustia aún las suele arrastrar.
Huracanes de sueños aún a veces las tumban.
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.
Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme.
Sígueme, compañera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.
MARIO TREJO
EL PRINCIPIO DE RAZÓN
SUFICIENTE
La quiero
Por sus piernas que la conducen a mí
y sus pasos que la alejan de los otros
Por las olas de su cuerpo
y el mar de fondo de su piel
Por sus manos que hacen juego
y la gravedad de sus caricias
Por la solemnidad de sus caderas
y la precariedad de su cintura
Porque cuando despierta echan a volar los pájaros
y sus sueños son sus mejores argumentos
Porque está atada a mí
y resplandece de libertad
Porque sólo ella puede aniquilarme
y sólo ella puede perpetuarme
Por sus ojos sus ojos
porque sí y por supuesto
Porque es ella y no otra
ENEAMIGA
De tus ojos
mis ojos
han bajado
a la página blanca
Con tus ojos mis ojos
han escrito
una lengua que canta
Furiosa simetría
amorosa distancia
Vivo para vivirte
el tiempo de una pausa
Amiga y enemiga
en el ser de una nada
Cuando el amor nos deja
la muerte nos alcanza
Cuando el
amor nos pierde
la eternidad
nos gana
EDUARDO ROMANO
EL RESCATE
Quiero que arrojes ese cansancio
y vuelvas al mar, o por lo menos a las
costas.
Allí te devolveremos el sol que perdiste
largas noches desbocada
entre canciones sucias, amores baratos.
Quiero que seas nuevamente madera
como en los tiempos apenas calculables
de nuestros primeros encuentros:
tu vestido color de carcajada, tu pelo
taciturno, tus manías, tus paseos
al centro del placer y del olvido.
Quiero llevarte en mi cabeza viajera
los pocos años sólidos que restan.
A mi manera tendrás buenos paisajes
el jardín necesita ternura
yo necesito, en mi cuerpo, tu jardín.
Vamos, prepara las valijas, una sonrisa,
y un abrigo de lana, para asomarnos, por
las noches,
al cielo fragante de nuestro mismo pueblo
que pasa, mansamente, sin mirar hacia
atrás.
Miguel Saravia: Mujer, niña y amiga
Frank Sinatra: Extraños en la noche