jueves, 28 de noviembre de 2024

YO Y MI OTRO YO

 I

DE VUELTA

 

     Al llegar a mi casa, y precisamente en el momento de abrir la puerta,  me vi salir. Intrigado, decidí seguirme.

     Él-yo continuó sin mirarme ni dirigirme la palabra. Yo, en cambio, lo seguí con atención. Pasamos por el centro de la ciudad, con los kioskos exhibiendo los diarios con sus titulares, las casas de cambio con sus cotizaciones, gente repartiendo volantes,  altavoces de distintas organizaciones políticas, religiosas, y publicidad comercial. En las vidrieras de las casas de electrodomésticos, las pantallas de los televisores prendidos en TN, C5N, Crónica y CNN. Como siempre, las tribus de intelectuales con su aspecto característico de extraños en un mundo al que no pertenecen, cercanos a las librerías que muestran libros de  filosofía, política, psicología, arte y cine.

     “Él” atravesaba esa jungla de imágenes preestablecidas como si no existieran, y continuaba su camino. Con indiferencia, pero sin gestos de desdén.

     Un poster me llamó la atención de un modo muy intenso; sentí que quería comunicarse conmigo, con la gente. Era ese retrato de John Lennon, su cara mirándonos a través de sus anteojos, y la frase famosa: “La vida es lo que sucede mientras estamos muy ocupados en otras cosas”. Me quedó grabada, como si por primera vez la hubiera empezado a entender, recorriendo los rincones de mi mente.

     De una casa de música, a contramano de los géneros moda, sonaban las viejas versiones de Moris cantando “De nada sirve / escaparse de uno mismo…” y “las máquinas fabrican frases para vivir / que todos repetimos sin nunca descubrir /…Cuando mueres un instante / porque estás con ella al fin / cuando abrazas a un amigo / están ciegos, son idiotas… o qué es lo que pasa aquí?!”

     De repente, advertí que “Él” ya no estaba a mi lado, y no volví a encontrarlo. Pero en lugar de extrañarlo, me sentí más yo mismo, despojado de todo lo que ahora veía como una realidad muy ajena a mí. El bombardeo continuaba, pero no significaba nada para mí.. Sentí que había recuperado mi identidad.

     Con paso sereno y seguro, volví a mi casa.

     Abrí la puerta y entré. Sentí que nada de lo que había en ella me resultaba ajeno, que ahí estaba mi yo en mi espacio cargado de nuestra energía interior. El trabajo y las noticias, el collage de imágenes habían quedado afuera.  

     Me acerqué a mi mujer, y la saludé con un abrazo y un beso que recibió como el mejor regalo.

     –Hola, mi amor…! Volviste…

    Y en ese momento empezó para mí el nuevo día.   


MI PRODUCCIÓN LITERARIA (LFG)

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