miércoles, 4 de diciembre de 2024

JORGE LUIS

 

JORGE LUIS

En una Buenos Aires por todos añorada

--paradojas que suele mostrarnos la insondable cultura—

educado en ideas de un Sarmiento de Billiken y manual de Grosso,

admiraba a Inglaterra y odiaba el Martín Fierro

y sin embargo

soñaba con el bárbaro culto del coraje

anglo-sajón, normando y rioplatense.

Nostálgico de la viril gloria de sus antepasados guerreros

reemplazó la espada por la pluma

No escribió a los hachazos, como el sanjuanino

o como el bárbaro Jauretche,

ni con el filo y la punta de un facón o una daga.

Sus palabras filosas y precisas cortaban como cuchillitos

desde cerca, como adjetivos e ironías que herían sin sentirse.

Era un bien educado por la cultura inglesa.

Deslumbró con su fluido y exacto dominio del lenguaje

y las desconcertantes referencias eruditas

como un cuchillero que vistea para lucirse

(en una vida anterior nunca podría haber escrito “Facundo”).

Aspiraba a ser universal,

defendiendo la democracia en Europa

y en el Sur admiraba a Pinochet.

Nunca  pudo entender cuál era el monstruo,

más frío y racional que la barbarie pasional e instintiva.

Fue despreciado (admirado en secreto)

por otros nacionalistas de estos pagos

que seguían a un líder inspirado en Mussolini

y cobijaba, como tantos otros, a los nazis.

Siempre encerrado en su círculo, como en familia,

de serenos literatos en amigables charlas de café

con clima de té a las cinco.

Pidió ser enterrado en una simple tumba

en Ginebra, donde una vez, muy joven, soñó que era feliz,

con la brevedad y la persistencia de los sueños.

Los griegos no eran como los personajes de Homero.

Quizás nosotros sí nos parecemos a los de este otro ciego.

II

Nostálgico de los héroes de lanzas y cuchillos

(hábil como ninguno en el manejo incisivo de las palabras, su arma)

Junto a su santa madre cuidadora

(los amores frustrados, sus cuentos despojados de vivencias eróticas,

el sexo cargado de dureza, sometimiento y venganza)

enjaulado en su biblioteca infinita, fuente a su vez de inspiración

ante su ceguera inexorable,  el recurso de su imaginación creadora

(Isidro Parodi en su calabozo, purgando un delito no cometido;

como él, que nunca mató a nadie en ningún entrevero

ni amó apasionadamente a una mujer en combates cuerpo a cuerpo,

y desde su prisión intelectual se dedicó a resolver los enigmas de vidas paralelas)

Recluido en su ostracismo de suplemento dominical de La Nación y La Prensa

(ante el resurgir de la barbarie instintiva

escribió cuentos alegóricos y poemas exactos, 

dándole brillo metafísico a los lugares comunes)

 

Quizás los argentinos, como en todo el mundo,

nos reflejamos en sus espejos y nos perdemos en un laberinto

en vez de seguir el camino recto que pregonan los sabios y sus versos.


MI PRODUCCIÓN LITERARIA (LFG)

 ÍNDICE


EL PÁJARO Y EL TELEVISOR

 por Luis F. Gobea


    Darse un gusto, un deseo largamente anhelado, es una vivencia muy intensa que a uno lo aleja de toda otra realidad que no sea verlo cumplido. Tiene algo de místico, o al menos de fantástico, pues nos transporta a otra dimensión de nosotros mismos.

   Cuando por fin pude comprar el televisor hd de 70 pulgadas, me sentí inmensamente feliz.

   Una vez instalado, me apoltroné en el sillón dispuesto a disfrutarlo como un momento único, inolvidable.

   Veía con todo detalle y nitidez imágenes que me hacían estar inmerso en esa realidad virtual y vívida a la vez.

    Desfilaban ante mi visión paisajes impactantes, seguidos de escenas armoniosas que me llegaban a lo más profundo. Una bandada de aves dibujaba sus figuras cambiantes en el cielo, como transmitiendo un mensaje cifrado.

   De repente, un pájaro se apartó de  la bandada, y con maravilloso realismo salió de la pantalla y se dirigió suavemente hacia mí. Me quedé asombrado, sin poder creer lo que estaba viendo.

   El pájaro sobrevolaba ante mí, caminaba aleteando sobre la mesa, se dirigía a la ventana, cantaba suavemente, mientras yo no podía salir de mi asombro. ¡Cuánto ha avanzado la tecnología!, exclamé en un suspiro.

   Para mayor asombro aún, el pájaro ahora me dirigió la palabra, como si monologara.

   “La tecnología avanza cuando primero lo hace la imaginación humana. Esto que estás viviendo lo viste hace muchos años en alguna película, en la que los personajes salen de la pantalla para dialogar e interactuar con los espectadores. La mujer soñada que cobra vida y se relaciona con su admirador, y algunos otros films que seguro recuerdas… Y antes, en el teatro, cuando los actores bajaban del escenario y se comunicaban con el público.”

    “Es cierto… Pero esto no es una ficción en la pantalla. ¿Cómo lo lograron?”

    “Te podría hablar de algoritmos y de micrófonos que captan tus palabras, y sensores que captan tus pensamientos… Pero no estoy aquí para explicar nada. Vívelo, tu imaginación es la que vale y la que crea las maravillas que se hacen realidad. Disfruta de ella, y de este momento, y deja la explicación a los científicos. ¿Acaso miras a los magos y prestidigitadores para tratar de adivinar cómo hacen sus trucos?”

   Sólo recuerda esto: vives como lo hayas imaginado, imaginando como si lo vivieras… La maravilla y la magia están en tu interior…”  

   Y dicho esto, volvió a la filmación y continuó su vuelo.

  

MI PRODUCCIÓN LITERARIA (LFG)

 ÍNDICE