miércoles, 4 de diciembre de 2024

EL PÁJARO Y EL TELEVISOR

 por Luis F. Gobea


    Darse un gusto, un deseo largamente anhelado, es una vivencia muy intensa que a uno lo aleja de toda otra realidad que no sea verlo cumplido. Tiene algo de místico, o al menos de fantástico, pues nos transporta a otra dimensión de nosotros mismos.

   Cuando por fin pude comprar el televisor hd de 70 pulgadas, me sentí inmensamente feliz.

   Una vez instalado, me apoltroné en el sillón dispuesto a disfrutarlo como un momento único, inolvidable.

   Veía con todo detalle y nitidez imágenes que me hacían estar inmerso en esa realidad virtual y vívida a la vez.

    Desfilaban ante mi visión paisajes impactantes, seguidos de escenas armoniosas que me llegaban a lo más profundo. Una bandada de aves dibujaba sus figuras cambiantes en el cielo, como transmitiendo un mensaje cifrado.

   De repente, un pájaro se apartó de  la bandada, y con maravilloso realismo salió de la pantalla y se dirigió suavemente hacia mí. Me quedé asombrado, sin poder creer lo que estaba viendo.

   El pájaro sobrevolaba ante mí, caminaba aleteando sobre la mesa, se dirigía a la ventana, cantaba suavemente, mientras yo no podía salir de mi asombro. ¡Cuánto ha avanzado la tecnología!, exclamé en un suspiro.

   Para mayor asombro aún, el pájaro ahora me dirigió la palabra, como si monologara.

   “La tecnología avanza cuando primero lo hace la imaginación humana. Esto que estás viviendo lo viste hace muchos años en alguna película, en la que los personajes salen de la pantalla para dialogar e interactuar con los espectadores. La mujer soñada que cobra vida y se relaciona con su admirador, y algunos otros films que seguro recuerdas… Y antes, en el teatro, cuando los actores bajaban del escenario y se comunicaban con el público.”

    “Es cierto… Pero esto no es una ficción en la pantalla. ¿Cómo lo lograron?”

    “Te podría hablar de algoritmos y de micrófonos que captan tus palabras, y sensores que captan tus pensamientos… Pero no estoy aquí para explicar nada. Vívelo, tu imaginación es la que vale y la que crea las maravillas que se hacen realidad. Disfruta de ella, y de este momento, y deja la explicación a los científicos. ¿Acaso miras a los magos y prestidigitadores para tratar de adivinar cómo hacen sus trucos?”

   Sólo recuerda esto: vives como lo hayas imaginado, imaginando como si lo vivieras… La maravilla y la magia están en tu interior…”  

   Y dicho esto, volvió a la filmación y continuó su vuelo.

  

MI PRODUCCIÓN LITERARIA (LFG)

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