Dicen que viajando se fortalece el corazón... (Litto Nebbia)
Sentir / que veinte años no es nada.. (Alfredo Lepera)
Primero hay que saber sufrir /después amar /, después partir /
y al fin andar / sin pensamientos.. . (Homero Expósito)
En el diario “La Voz del Pueblo” de Tres Arroyos, publicaron una nota sobre el último viaje del tren de pasajeros, al ser privatizado el servicio. La gráfica exhumaba una foto de archivo en el que aparezco a mis veinte años y pico, recién llegado de la Capital, caminando por el andén, con bastantes kilos menos, unos cuantos pelos más, la expresión corporal altiva, la mirada lejos, y las angustias al alcance de la mano.
Cuánta firmeza en mis convicciones, qué libertad interior,
y qué seguridad en el paso. Y la certeza amarga de ser conciente de lo que se
avecinaba.
El viaje era, a la vez, un viaje interior. Desde mi
presente en la facultad, a Tres Arroyos, la ciudad inolvidable donde pasé mi
adolescencia en el Colegio Nacional, con recuerdos tan vívidos…Alegres y tristes,
fueron momentos definitivos que están siempre presentes en mí. De allí a mi pueblo,
las raíces, mis padres, mis amigos de la infancia, la bohemia impensada en un
pueblo de chacareros, escuchando tangos, rock y jazz en la confitería cerrada
hasta las 6 de la mañana, nuestras confesiones de sueños y fracasos…, y los comienzos
de la larga enfermedad de mi viejo, siempre tan aferrado a la vida pese a todo,
y la declinación de mi madre a partir de ese momento…
Volver a la
capital era volver, como digo, a mi presente, con la nostalgia y la
preocupación por debajo… Las transiciones de una etapa a otra suelen ser
inolvidables, pero también dramáticas…
No le reprocho nada al que fui cuando joven. Elegí el
camino que me llevó hasta lo que soy, no me arrepiento de nada, pero no puedo
decir, como la canción de Edith Piaff, que no me importa el pasado. Es fácil
ver las equivocaciones varias décadas después, aunque no lo es tanto elegir las
alternativas que en el momento no se ven por ningún lado. Se sale del laberinto
siguiendo el camino recto, pero no es tan simple derribar las paredes paso a
paso para construir ese camino. O peor: abrirse camino en la selva a machetazo
limpio, como si no hubiera peligros que enfrentar… Los caminos de la vida se transitan
sin drones ni GPS.
Hoy, por
supuesto, no estoy conforme con la situación actual, pero sí con mi vida, pese a
los errores que, al fin de cuentas, también los disfruté. No hubiera construido
nada de mi presente sin mis decisiones del pasado.
Le agradezco a aquel Luis su valentía a la hora de
tomar decisiones, las experiencias que se animó a pasar, y haber sabido, a los
20, sintetizar pasión con análisis sereno, conciente, algo cercano a la
prudencia. Aunque no siempre me entendieran…Haber conservado esa actitud durante
el resto de mi vida me ayudó siempre a transitar los cambios de la suerte y de
la historia, sin autoengaños ni ilusiones. Y al de hoy, haber sido fiel a esa
síntesis de sensibilidad, creatividad e imaginación, con análisis científico de
las cosas, la filosofía y la vivencia. El gusto por la música marcándome el
camino: la sensualidad para vivir la vida del jazz, el coraje del tango para
bancarse los malos momentos con un ritmo
para salir a bailar, y la flor de la poesía y el amor en las zambas y en las
canciones melódicas que festejan el amor y la vida.
Un amor y una vida que me llegó como lo deseé en mis
20 años, con mi mujer soñada, los hijos que han tomado sus decisiones con
libertad responsable, y una vida que todavía tiene cuerda, con mi mente siempre
abierta a los cambios que puedan venir. Hay mucho por soñar, por construir, por
ver, por encontrar, por disfrutar. Al fin de cuentas, con unos cuantos pelos
menos y unos kilos más, y las necesarias cicatrices, la actitud sigue siendo la
misma, Flaco. Porque el tren no corre más, pero la vida se sigue transitando. Y
hay bastante por andar…
¿Y sabés una cosa? Cada vez que tomo un cafecito caliente en pleno invierno, saboreo un vino tinto mientras hago una parrillada, o tomo un mate al levantarme, mientras practico esa versión pampeana de la meditación, siento que vivir también es un compromiso con tus ganas veinteañeras, tus sueños y sufrimientos... y de los que me siguen acompañando en la memoria. ¡Brindo por vos, Flaco! Y por todos ellos... Cincuenta años después, yo tampoco me rindo...



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