sábado, 1 de mayo de 2021

4to. ENCUENTRO De las guerras civiles a la violencia cotidiana

 Mier 21 Abril 2021

   Perla nos trae un fragmento de la novela "El general, el pintor y la dama", de María Esther De Miguel. Urquiza ha contratado al pintor uruguayo Juan Manuel Blanes para que pinte los cuadros que registren sus batallas, y observa en detalle cómo está representada una de sus victorias, en la que él esta representado triunfal sobre su caballo mientras los unitarios huyen, en un ambiente cargado de oscuridad. Le comenta cómo es la situación que se vive en el momento, entre escenas macabras de muertos o que pronto van a serlo, en las que se impone el espanto, el horror, la oscuridad. La otra cara, verdadera, de la imagen oficial de la victoria, del heroísmo, de la grandeza.

   La lectura nos deja impactados, y dispara comentarios sobre el tema. Por más que se lo quiera ver como una epopeya heroica, las guerras civiles argentinas, como todas las guerras, fueron extraordinariamente crueles, en las que el otro perdía totalmente su condición de persona, por parte de la bestialidad con que los vencedores trataban a los vencidos, no sólo con la muerte, sino también con las torturas más atroces y horrorosas. Además, la prolongada guerra desde 1810 hasta 1853, que luego se prolongará hasta 1880,  frenaba el progreso posible del país, que estaba sembrado de cadáveres por doquier, destrucción y ruina para muchos, campos incendiados, vacas y caballos incautadas para los regimientos, pueblos sin hombres, empresas sin trabajadores... Por no ponerse de acuerdo sobre cómo organizar el nuevo país, lo destruían al destruirse mutuamente.

    Pero si bien la guerra civil terminó, sobrevivió la violencia en la vida cotidiana. Los problemas de convivencia solían resolverse por la violencia, a muerte. Formaba parte de supuestos códigos de honor muy arraigados en la sociedad, o al menos en parte de ella. Ese tipo de violencia a muerte estaba presente en las letras de tangos y en el cancionero folklórico, y en los comentarios de hechos sucedidos.

   Los que andamos por los 60, o aún un poco menos, pudimos ser testigos de esa época violenta en la vida cotidiana. Empezamos a recordar varias anécdotas sucedidas en nuestra en la época en la que éramos niños y jóvenes.

  Jorge nos cuenta una anécdota que vivió muy de cerca. Siendo él un niño, presenció el momento en que un vecino "de los pesados" se dirigió a su padre apuntándole al pecho con una pistola mientras éste se estaba afeitando en el patio de su casa. El amenazado, con mucha sangre fría, le arrebató el arma de un "simple" manotazo. Y para humillación del individuo, se la devolvió, pese a la insistencia de otro vecino en que debía matarlo.

 Toda una lección de ética que no quedó allí. Tiempo después, el hombre apareció asesinado, para tranquilidad del vecindario.

Y un día el pueblo se enteró de que el vecino que sostenía que había que matar a ese hombre, se suicidó. Cuando el niño le preguntó  por qué se habría quitado la vida, su padre le respondió:   --Y, no pudo soportar el peso de la conciencia...

     Porque este hombre no se había quedado con las ganas. Junto a otros vecinos que compartían su actitud, habían sido los autores del hombre de la pistola, a quien una vez otro hombre le perdonó la vida.

*      *      *

     Me parece que el encuentro del día da como para que podamos escribir algo. Me gustaría, personalmente, un relato. Tenemos entre lo que conversamos, materia como para algo "redondo": de la violencia política en nuestra historia a la violencia cotidiana, y para finalizar, una luz entre tanta oscuridad. Una lección de ética, con hechos y palabras coherentes con los hechos.  Actitudes.

     Sería bueno que cada uno escribiera lo suyo, y podríamos armar entre todos una obra colectiva.

    Jorge ya hizo lo suyo. Lo publicamos a continuación.
















 

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