Cuando alguien recuerda el momento más feliz que tuvo en su vida se conecta con una energía de elevación, un sentimiento único, íntimo, muy grato de plenitud.
Esos breves instantes de “alta experiencia” imprimen intensa calidad a nuestra trayectoria, nos conmueve su renovada frescura y su conexión con lo esencial.
Para algunos fue el nacimiento
del hijo deseado, para otros un encuentro, o la recuperación de la salud. Un
ascenso esperado, un salvataje. Plasmar una lograda forma artística. U otros…
Conocí, hace unos años ya, un
episodio vivido por un padre y su hijo adolescente.
Fueron sorprendidos por una patota
armada violenta que los amenazó a ambos de muerte.
A cada uno le apoyaron en las
sienes un revólver amartillado, dispuesto a disparar. Se miraron profundamente,
despidiéndose. Fue tan fuerte esa comunicación en silencio, que se transformó
en el momento más sublime de sus vidas.
Ello permitió, una vez
superado, por suerte, el ocasional maltrato, una nueva amistad de almas. Sentí
esa energía cuando me lo contaron.
En otro pueblo se originó un
feroz incendio. La gente del lugar pidió auxilio a la ciudad más cercana.
Rápidamente se presentaron los bomberos de distintos cuarteles y alta tecnología.
Estudiaron el movimiento del aire, hicieron una línea de contención y explicaron que por el momento nada más se podía hacer, hasta que cambiara la dirección del viento.
Los pobladores, ahora
desesperados, se acordaron de los bomberos voluntarios que sostenía la
población de un barrio. Inmediatamente apareció un camión colorado, con hombres
excedidos de peso, con cascos desparejos y despintados. A toda velocidad
pasaron por la multitud, atravesaron la línea de protección y llegaron hasta el
propio pie de las llamas. Allí se abrieron en abanico, tiraron agua, tierra…
Chamuscados abrieron un cerco hasta que dominaron el incendio.
La población los recibió con una
ovación. Era el momento más feliz del pueblo. También lo era para los heroicos
servidores.
El delegado municipal
conmovido, entre aplausos, le entregó una donación para la dotación del equipo
salvador. Un periodista preguntó al jefe de los bomberos:
— “Felicitaciones. ¿Qué
destino le darán a este dinero?”
— “Lo primero amigo, es lo
primero: Arreglar los frenos del camión…!”
Cuántas veces por falta de
frenos aparecemos en incendios donde debemos hacer cosas increíbles para salir
airosos. Para poder, después de un tiempo de recuperación, contar los hechos como
los momentos más felices de nuestra vida…
MI ANÁLISIS CRÍTICO
Tanto para las corrientes estéticas tradicionales como para las vanguardistas, un cuento, cualquiera sea la forma en que se organice su estructura en el espacio y en el tiempo, debe constar de una situación inicial (presentación del o los personajes en su entorno, un conflicto que rompe de alguna manera o problematiza la situación inicial, y una resolución. Aunque sea un final abierto, que no se resuelve en un sentido clásico, sino que nos deja pensando.
Más que un cuento,
recuerda las características de una nota periodística, en la que predomina es
la argumentación, quedando subordinados a ella los relatos, rápidos, de trazo
grueso, sin trabajar más desde la subjetividad de los protagonistas. La
conclusión explícita del autor refuerza las afirmaciones con las que comienza
el artículo. Pues, insisto, es más una nota de opinión que una narración.
Otra muestra, similar
al de otros cuentos, en la que lo simplemente denotativo ocupa el lugar que
debió tener lo connotativo propio de la literatura: el conflicto, el drama.
Así, los conflictos
no se resuelven en situaciones, sino con oraciones inexpresivas y adjetivación.
Quizás, la limitación
de dos hojas como máximo actuó como un obstáculo difícil de superar.
Hay un contraste muy
marcado entre el dramatismo de la primera anécdota y la respuesta del jefe de
bomberos en la segunda, que roza la comicidad. Podría haberse referido a las
limitaciones con las que debieron trabajar, movidos por la mística de la
vocación de servicio.
El deseo de reforzar
una postura lleva al autor a la redundancia: “una patota armada violenta”, como
si hubiera patotas pacíficas.
La frase “los bomberos de distintos cuarteles y alta tecnología” es inadecuada, pues pone al mismo nivel
semántico el origen geográfico con los recursos de que disponen. “Con” hubiera
sido el nexo más apropiado.
Comparto
el “mensaje” del cuento, empezando por el significado profundo del primer
párrafo. Hay experiencias drámáticas, angustiantes en extremo, que resultan tan
movilizadoras que nos despiertan, no lo peor de nosotros, sino por el
contrario, la verdad más profunda del sentido de nuestras vidas. Constituyen
uno de los escasos momentos en que sentimos con total intensidad lo Absoluto
dentro de nosotros mismos, como una unidad totalmente plena de sentido (aunque
esta forma de decirlo sea innecesariamente repetitiva desde la lógica
gramatical.) Hecha esta salvedad, la palabra “sublime” para calificar una
experiencia así, no me parece sin embargo acertada. No es la idea, el sentido,
lo que cuestiono, sino la palabra elegida. Lo sublime es etéreo, más espiritual
que corporal, maravilloso, desencarnado, del mismo modo que en la física. La
experiencia a la que se refiere el autor, es la intensa unidad de cuerpo y
espíritu, sin tiempo, presente, pasado y futuro en una sola sensación de ese
momento. Por eso, es Verdad, es lo Absoluto en un instante. La palabra “feliz” debiera estar acompañada
por alguna referencia a sus distintos significados: tenemos demasiado
internalizados una connotación de alegría, de fiesta, acompañando los mejores
deseos, en una situación ideal. Grato. Consultando el Diccionario de la Real
Academia Española, encontramos : “1. Que tiene o que causa felicidad” o “Dicho
de un pensamiento, de una frase o de una expresión: Oportuno, acertado, eficaz.”
(es decir, no de una situación); y felicidad: “Estado de grata
satisfacción esoiritual y física”; y “Persona,
situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz”; “Ausencia
de inconvenientes y tropiezos”.
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