Desde 1938, el 10 de noviembre se recuerda el Día de la Tradición, fruto de una propuesta del vicegobernador de la Pcia. de Bs. As. Aurelio Amoedo, perteneciente al Partido Demócrata Nacional (Conservador). La fecha recuerda el nacimiento de José Hernández, y procura reafirmar las tradiciones gauchas: comidas y bebidas, danzas, payadas, refranes y dichos populares, juegos y entretenimientos, vestimentas, ranchos de adobe y aljibes, pulperías, artesanías, caballos, emprendados, domas, carreras de sortija, facones y boleadoras, chiripás y botas de potro...
Pero la obra de José Hernández fue escrita con otro
sentido, que vale la pena recordar también como parte de la tradición
democrática: la denuncia contra las injusticias, la defensa de los derechos
humanos, la corrupción como elemento inseparable de esas situaciones en las que
los más débiles llevan la peor parte.
“Debe el gaucho tener casa, / escuela, iglesia y
derechos”
Hernández tampoco idealizó en su obra al gaucho, no lo
convirtió en una especie de estampita religiosa con una vida y una conducta
ejemplar, libre de todo defecto. Presenta una gran variedad de personajes
dentro de ese grupo social: personas que han
llevado una vida digna antes de ser despojados de sus derechos, de su
familia y de sus bienes, y sometidos a una vida de penurias como soldados en la
lucha contra los indios; otros que se han sumado a la policía pero que se suman
en su defensa, pero cargados de resentimiento y de rencor; paisanos que si bien
han sido reclutados por la fuerza actúan como cómplices de la corrupción junto
al Comandante perjudicando a sus pares, pero que vuelven a identificarse con su
origen, denunciando y criticando lo que han visto como partícipes secundarios;
otros que llevan una conducta indigna, han sido los sinvergüenzas necesarios
para encubrir el despojo de los hijos de los gauchos reclutados, y su filosofía
de vida es cruelmente cínica y
oportunista, violenta y despreciativa hacia los demás.
https://www.teatrocervantes.gob.ar/obra/martin-fierro-4/
Ese aspecto de la obra de Hernández no morirá con él.
Sobrevivió en muchos payadores que continuaron expresando la voz de los desamparados,
despojados e invisibilizados, en poetas cantores como Atahualpa Yupanqui, José
Larralde, Alfredo Zitarrosa y tantos otros.
Desde este blog le rendimos homenaje a José Hernández,
a su obra, que quizás es más importante que él mismo, a las víctimas de
atropellos e injusticias, y a todos los que aun no siendo gauchos, sentimos
todavía hoy que esa obra sigue siendo necesaria, como es necesario nuestro
compromiso como pueblo, como sociedad, para contribuir a que estos males se
superen. Por eso, consideramos que es acertada la afirmación de que “Martín
Fierro” es nuestra “Biblia gaucha”. Borges lamentaba que esto fuera así, y que
nuestra obra nacional debería ser “Facundo”, de Sarmiento. Quizás, de lo que se
trata, en las primeras décadas del siglo XXI, es de comprender los elementos
comunes de las dos obras, y de integrar el proyecto de progreso y civilización
con el respeto por los gauchos y sus descendientes. Al fin de cuentas, más de
un gaucho de esta época es descendiente de inmigrantes, valora la escuela
pública y quiere que se respete su autonomía a la hora de votar, y vivir en
paz, con trabajo, educación, salud y respeto por la dignidad humana.
A partir de las siguientes entradas, nuestra manera de
recordar a José Hernández será volver a sus propias palabras, sobre todo en
boca de algunos de sus personajes que expresan claramente la intencionalidad
del autor: Martín Fierro, el sargento Cruz, y su hijo Picardía.
Volveremos a sus estrofas referidas a los derechoshumanos, la institucionalización de la política fraudulenta y el reclutamientoforzoso de soldados para la guerra contra los indios, el maltrato y la
corrupción en los fortines de la frontera, en los testimonios de Martín Fierro y Picardía.
El gaucho Martín Fierro define así su canto:
Martín Fierro
El que tuvo que sufrir,
Y empezaré por pedir
No duden de cuanto digo;
Pues debe creerse al testigo
Si no pagan por mentir.
Y no piensen los oyentes
Que del saber hago alarde;
He conocido aunque tarde,
Sin haberme arrepentido,
Que es pecado cometido
El decir ciertas verdades.
Pero voy en mi camino
Y nada me ladiará;
He de decir la verdá;
De naides soy adulón;
Aquí no hay imitación;
Esta es pura realidá.
Y el que me quiera enmendar
Mucho tiene que saber;
Tiene mucho que aprender
El que me sepa escuchar;
Tiene mucho que rumiar
El que me quiera entender.
Más que yo y cuantos me oigan,
Más que las cosas que tratan,
Más que los que ellos relatan,
Mis cantos han de durar;
Mucho ha habido que mascar
Para echar esta bravata.
Contenido muy ilustrativo, en el que se refleja en sentido social, libertario y de protesta del Martín Fierro.
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