LA BOTELLA ARROJADA AL MAR CON UN MENSAJE
QUERIDO RAÚL
¿Qué se habrán
hecho las viejas noches de carnaval
con sus disfraces,
sus bailes callejeros y en los clubes
en cálidas y ansiadas noches de verano?
¿Adónde fueron los
barrios amigables
con sus charlas
entre vecinos y la música por la propaladora
las tardecitas a la
hora de la vuelta del perro?
¿En qué íntimo
cofre, inmaterial y mágico
guardó sus secretos
la mujer casada
enamorada de otro
hombre?
Todos somos
sobrevivientes de algún Titanic
en el que quedaron nuestros
sueños
y las ideas más
bellas
que nunca volvieron
a salir a flote;
el oleaje las
recuerda cada tanto
al doblar la
esquina una noche cualquiera.
¿Qué habrá sido de
las emociones intensas
de mi juventud recién inaugurada
con esas ansias y
ese placer por vivir,
y las palabras
cargadas de absoluto
que nunca fueron
pronunciadas?
¿Cuál fue el
destino de aquellas miradas claras
que alumbraron
caminos en medio de junglas y desiertos?
Apartado de Dios
con sus 10 mandamientos
y sus cinco
evangelios,
ese dios para todos
y para ninguno,
yo sueño con que un
día se acerque a tomar unos mates con nosotros
y cuando mucho,
paternal y fraterno
con su mirada pregunte
cada noche
¿Cómo vas, qué has
dicho y qué has hecho?
y cada mañana ¿Qué
querés hacer hoy?
¿Qué esperás de vos
mismo?
Mientras tanto,
todas las noches pienso
en esas botellas
arrojadas al mar con un mensaje,
esos cofres en el
fondo del océano
esas brisas sutiles
que nos traen voces y sueños
de otros tiempos
buscando corazones y cuerpos para despertar
en medio de la
ensoñación entre la bruma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario