Llega tu recuerdo en torbellino.
Vuelve en el otoño a atardecer.
Miro la garúa, y mientras miro
gira la cuchara de café.
Cátulo
Castillo, “El último café”
Llueve detrás del ventanal.
La imagen del espejo no soy yo,
sólo es mi cuerpo en una mesa
con mi mano detenida en la cuchara del pocillo de café.
Yo soy el que está fuera de él
viendo bailar tu imagen en las gotas que al caer
te fragmentan y multiplican a la
vez
como una granizada de fractales
bailando al ritmo de la brisa gris
en una sinfonía barroca
movida por arpegios y fugas,
contrapuntos y ritmo de tamboriles.
Relampaguea tu sonrisa ante mí,
me acaricia tu piel de viento y agua
y me transporta atravesando los mares
del tiempo y la distancia.
Y ahora estás aquí, a mi costado, a mis alrededores,
en los múltiples sentidos de mi
soledad,
en los rincones de mis sueños
hasta que deja de llover
y una pequeña luz se refleja detrás
del aire y sobre un pedazo de vereda
Y siento que ya no estás detrás del ventanal
sino muy dentro de mi piel,
te puedo respirar
como tu perfume y el aroma de la lluvia
en este bar abstracto,
inmaterial,
en el que el café me observa absorto
ante ese espejo que cree reflejarme,
en el que estoy y no estoy
junto a vos
inasible
y sin embargo real.
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