LA
VIDA CUESTA VIDA
Ahora que las palabras
están gastadas
como los sueños
amansados y amasados para su
fabricación masiva
hundidos en el vacío y en el barro
podrido de las alcantarillas,
deshilachados
y destrozados en fragmentos dispersos
secos
como las hojas de los árboles
que caen sobre la vereda
mientras la esponja de acero
de la memoria
trata de limpiar recuerdos
oxidados
olvidados
pisoteados,
recuperan su brillo en esos viejos
textos
afilados como bisturíes
implacables
con la clara precisión de lo que
construye
alimentados por la atención en el
contexto
Pero cuidado con que los monos con
navaja
no las empuñen y violenten
y las bandas de locos, borrachos y
asesinos,
traficantes de ilusiones fáciles
en afiches y spots de las esperanzas
muertas.
Las palabras y los sueños son espadas
que esperan
a un joven Arturo educado por Merlín
De todos modos,
desconfía del enamoramiento romántico
por ellas
hasta convertirlas en conceptos
abstractos inasibles
sin abanderados ni destino.
Porque las palabras, los buenos
textos y los sueños
tienen el corazón de una semilla.
Exigen el cuidado de los sembradores
para dar su fruto.
NOCTURNO DE LOS ENCUENTROS
o ESSE EST PERCIPI*
A veces, me digo,
la noche
parece abrirse como
una mujer que se nos
ofrece desnuda
para disfrutar la
maravilla
de recorrer sus valles y
nostalgias
su silencioso atardecer
en el desierto
con tus manos de
búsqueda, delirios, ansiedades
en la piel y el jadeo.
Sin embargo, la promesa
se esfuma.
La noche, hembra esquiva,
es inasible
cuando más crees que vas
a poseerla,
y queda la sensación
de que te encuentras solo
frente al espejo
percibiendo en tu imagen
en un destello
tu identidad completa,
en toda tu estatura
inexpresable y mansa,
descubierta al fin.
Y no hay lugar
para la poesía de los
versos tristes
ni la canción
desesperada
ni el tango del eterno
fracaso y la traición.
Bien saben los marineros
que el camino es derrota
que lleva a algún destino.
Porque en la noche habrá
alguien más capaz de
percibirte y de ser percibida
ambos sin máscaras ni laberintos,
en condiciones de sentir
en cada encuentro
la eternidad en un
instante,
la vida de verdad.
*Ser es ser percibido,
en latín. Frase que sintetiza la postura filosófica del obispo irlandés
George Berkeley (1685-1753), según la cual las cosas sólo existen cuando son
percibidas por la conciencia. (Una idea tan extrema que no se puede discutir
demasiado, pues es muy fácil demostrar lo contrario. Tanta filosofía para
terminar pensando como cualquier irresponsable al volante…). De todos modos,
suena casi como un hallazgo poético. Especialmente, en el amor.
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