Entre los años 50 y 60, comienza a gestarse un nuevo rumbo en nuestra literatura, relacionada explícitamente con las características y temáticas de nuestra realidad. No sólo fueron expresiones críticas y renovadoras de las corrientes y cosmovisiones anteriores, sino también de otras tendencias contemporáneas que buscaban abrir nuevos caminos, tanto en los temas como en lo formal, que no parecían ir más allá (o mejor dicho, más acá) de la revolución estética y las modas importadas de un modo superficial. (Si se me acepta la falacia de la generalización, podríamos identificarla con lo que formaba parte del célebre Instituto Di Tella. Una de las partes, en realidad).
Lo nuevo en los autores que tendremos en cuenta no sólo es la renovación, y hasta revolución, en las técnicas y contenidos literarios, sino que se caracterizan por dirigir la mirada hacia nuestra realidad, vista, real o alegóricamente, como nosotros. No era algo nuevo, ya se venía haciéndolo desde mucho tiempo atrás. Lo nuevo, era salir de la nostalgia tanguera, los conflictos del pasado, la radiografía de la realidad. Lo que buscan y plantear la necesidad angustiante de encontrar (entendido como construir) un rumbo, más que una salida, que nos involucre como sociedad, desde nuestra cotidianeidad, nuestros hábitos y nuestro modo de ver las cosas. Cuando digo angustiante lo tomo en el sentido filosófico, ya que se advierte una fuerte influencia del pensamiento existencialista: la angustia de saber que somos libres, que somos los responsables de nuestro propio destino, de darle un sentido a nuestra existencia. Si no convivimos con esa angustia consciente, el resultado es la negación de nosotros mismos como seres humanos. Y por ende, como sociedad.
CORTÁZAR: ENTRE LA LITERATURA FANTÁSTICA Y LA REVOLUCIÓN LITERARIA DE "RAYUELA"
La literatura de Cortázar, alejada del realismo social con sus referencias a la vida cotidiana de los sectores populares, no puede ser encasillada torpemente como aristocratizante. Con fuertes influencias surrealistas, describe más bien las características de las clases medias por medio del género fantástico, en el que lo irreal y lo real se confunden, generando de un modo sutil e indirecto, la sensación de que lo fantástico expresa la verdadera cara de la realidad. Una clase media que de algún modo ha generado gran parte de la realidad argentina y su imaginario, con su fuerte tendencia al ocultamiento, y los esfuerzos por mantener una imagen que se contradice con lo que se vive; en las narraciones, prevalece de un modo casi absoluto la primera persona con sus vivencias y su lenguaje lleno de sugerencias implícitas, que obligan una lectura entre líneas, desde una mirada crítica, o al menos, analítica.
Fuera del ambiente de la clase media, sobresalen algunos cuentos emblemáticos de la literatura cortazariana. El primero en ser publicado, Casa tomada, es la radiografía de una clase ex oligárquica en decadencia, una pareja de hermanos que se refugian, como únicos habitantes, en el interior de la vieja casa familiar, en la que sobreviven, aferrados a sus costumbres tradicionales, mientras perciben, oyendo lo que no desean ver: que su casa va siendo de a poco tomada por intrusos sin nombre, a los que han negado una existencia, como si nunca hubieran formado parte de la realidad. Pero los no deseados son reales y se imponen, los que han llevado una vida irreal son ellos, representantes de una clase "incestuosa", que sólo han sido capaces de convivir entre ellos, negando la realidad. Aunque Cortázar lo negó siempre, es una visible alegoría de la irrupción de las clases populares durante el peronismo, invadiendo la cotidianeidad de una oligarquía sin brillo ni presente.
En el otro extremo, "Torito", cuento realista, escrito en primera persona, con absoluta fidelidad al lenguaje del boxeador, recluido en un hospital, vive seguramente sus últimos días recordando las gloriosos momentos del pasado.
En el medio, "Las puertas del cielo", un abogado de clase media, que debido a su vínculo como profesional, acompaña a un cliente cuya pareja ha fallecido, a un cabaret, donde éste último busca desesperadamente a una mujer a la que identifica con su compañera, a la que había sacado de allí para convertirla en su pareja. El relato en primera persona expresa la dificultad de la clase media para comprender a los sectores populares, en una relación que siente asimétrica, desde una posición de oculto desprecio (son los "monstruos", tan distintos a la "gente"), mientras el otro lo reconoce sin esa muralla, sino con reconocimiento y valoración. El abogado, pese a estar entre esos "monstruos" raros para él en sus rasgos étnicos, modos y costumbres, termina sintiendo un fuerte vínculo con su amigo pese a sus diferencias socio-culturales, con cierta envidia por la espontaneidad con la que se comportan y expresan sus emociones. Se siente tan impactado como el viudo ante la presencia de una joven hermosa tan parecida a la mujer fallecida. Pero comprende además las diferencias que hay entre esa gente que le resulta tan "rara", y experimenta la sensación, él también, que puede establecer una secreta comunicación sin palabras con otros (la cantante del local, por ej., pero también; diferencias que dentro de esa unidad algo caótica que hay en ese pequeño mundo, la gente se entiende y comparte la vida pese a sus distintas manera de ser. Siente que Celina (la mujer fallecida), ha vuelto a su lugar amado, que por amor había dejado para acompañar a ese hombre que ahora la llora y busca con desesperación. No quiere reconocerlo ante el otro y guarda silencio, ha descubierto interiormente muchas cosas que no estaban en su comprensión de la realidad.
Posiblemente ante la extrema ideologización de la cultura que se vivía en la época en el mundo de la cultura a nivel mundial, no solamente en Argentina, Cortázar se autocriticó en los '70 "reconociendo" que se trataba de un cuento racista y "gorila", acusación que aún hoy sigue repitiéndose en muchos comentarios que a mi entender, no supieron ver nada más que la apariencia. Cortázar nos interpela a través de los años, con un desafío que cuestiona, de un modo no explícito, nuestra capacidad para entender la realidad... y la literatura. Si aplicáramos esos criterios basados en esquemas mentales tan rígidos y por lo tanto superficiales, creeríamos que José Hernández pensaba como el Viejo Vizcacha, por ej., y que Arlt se identificaba con los personajes de Los siete locos y que había tenido una adolescencia como la de el Fabio Astier de El juguete rabioso, o que Emilio Salgari era un pirata romántico... Ni hablar de cómo haría que interpretar el Antiguo Testamento, o Crimen y castigo!
En "Historias de cronopios y de famas", Cortázar divide a la sociedad en tres grupos: los cronopios, libres y creativos hasta lo delirante, desorganizados, absurdos, se expresan con ternura, sus hijos adolescentes sienten un poco de fastidio por ellos; en el otro extremo, los famas, formales, lógicos, sobreadaptados, no soportan a los cronopios, tratan de aconsejarlos para que "normalicen" su conducta. Hasta ahí, la cigarra y la hormiga adaptados al siglo XX. Pero además, Cortázar incluye un tercer grupo: los esperanzas, que aprecian a los cronopios porque son buena gente, pero no abandonan su actitud en la que prevalece la aceptación del sistema.
Con Rayuela, Cortázar se incorpora, junto con García Márquez y también quizás Ernesto Sábato, al Olimpo de la literatura universal habitado hasta el momento por Joyce, Faulkner, y, a mi gusto, por un dios a quien pocos han oído nombrar, Alfred Jarry con su Padre Ubú y su Patafísica, ciencia inventada que busca interpretaciones absurdas, que tuvo una enorme influencia sobre los surrealistas, y en particular sobre Cortázar. (Hasta hace poco, sólo una corriente de humor satírico que buscaba referirse al mundo absurdo e irracional en el que vivimos...oponiéndolo mediante el recurso de llevar al extremo ese absurdo. Como los hechos ambiguos que presenta la literatura fantástica, en una realidad que convive con lo imposible, muchas de las explicaciones absurdas ya no son tomadas en chiste por la ciencia a partir de los descubrimientos de la física cuántica...)
Sorprende que la trama argumental de Rayuela haya sido interpretada de forma ingenuamente literal, como las aventuras y desventuras de un intelectual argento en la bohemia parisina. a pesar de las advertencias del autor sobre su contenido, recurriendo a su habitual técnica de citar autores que poco parecen tener aspectos en común con él. Mediante un fragmento de un texto católico toscano traducido al español en 1797, referido al sentido de la obra ("Espíritu de la Biblia y Moral Universal..."), con el objeto de buscar la felicidad espiritual y temporal de cualquier época y sistema político.
Obviamente, la cita de un texto tan solemne propio de una sociedad y una institución anacrónica como la Iglesia en los años de la Revolución Francesa, no significa identificación ideológica, sino más bien una de las humoradas propias de las ironías y el absurdo recurrentes en Cortázar. Pero el tema está planteado. La cuestión de la felicidad del individuo y de la sociedad..., incluyendo la dimensión política.
La otra cita que precede a la obra, es un fragmento del humorista preferido de Cortázar, Carlos Warnes, que escribía con el seudónimo de César Bruto (mítico libretista de los célebres monólogos de Tato Bores), artículos sobre la realidad social y política argentina posterior a 1955, escritos por un personaje casi analfabeto educado por la calle, su familia de barrio y barro, padre haragán y amigo del vino, tío anarquista violento de biblioteca, y un primo delincuente habitué de la comisaría y de la cárcel. Pero que ni bien empieza a soñar con lo que le gustaría ser, al explicar por qué, delirando de un tema de la realidad a otro en una digresión tan continua como hilarante, dejando ver el abismo entre la dirigencia política y los sectores populares, o entre la imagen oficial del país y la vida de la gente del barrio. Y es que para Cortázar, lo absurdo y lo incoherente, que sólo tienen relación mediante la muy libre asociación de ideas inconexas, son la verdadera red inconsciente que da unidad al mundo y de un modo secreto y asombroso le da sentido.
Esos dos fragmentos citados reemplazan lo que en Rayuela está ausente: la Introducción, Prefacio o Palabras preliminares. Y no son casuales. Leer Rayuela como la simple anécdota o biografía de un personaje, y la posibilidad de hacerlo según distinto orden de los capítulos como si se tratara nada más que de una novedad estructural, ha llevado a no entender el significado político, transgresor de lo establecido, de esta revolución formal, y al sentido alegórico (¡no hay pero ciego que el que no quiere ver!) de la trama. Cuando Horacio Oliveira, mantenido por el dinero que le envía su hermano desde la estancia, se establece en París, llevando una absurda vida de exiliado voluntario bohemio, para buscar el sentido profundo y auténtico de su vida por medio de interminables y estériles reflexiones y discusiones intelectuales, sin valorar afectivamente a la mujer que lo ama, de la que se aleja cuando más lo necesita, nos está refiriendo a los argentinos, nuestra búsqueda de soluciones que no pasan por la valoración de nuestra realidad, y, sin un objetivo o proyecto coherente, rechazándola para buscar soluciones en el centro del mundo cultural, como si se tratara de encontrar una teoría surgida de otra experiencia distinta a la nuestra, para hacerla encajar en la realidad argentina, siempre desvalorizada como fuente de conocimiento y de afecto. Al caer finalmente en un abismo cada vez más absurdo y autodestructivo, debe volver al país, y allí se encuentra, en una sociedad inestable, a veces identificada con un circo, otras con un manicomio ante la presión de los gobiernos militares que se proponen reorganizarla. Pero también encuentra la verdad en su amigo, una especie de doble pero opuesto complementario, y su pareja, y logra ver en su actitud y en sus vínculos lo que tanto buscaba. (Años después, en otro texto muy distinto, Cortázar va a hacer referencia al cuento El acercamiento a Almotásim de Borges, cuyo contenido es similar).
Una sutileza más de la novela (anti novela, diría el autor) es la sugerencia que propone aparentemente al comienzo de la obra, cuando explica que sus capítulos, puede leerse en distinto orden: consta de dos partes, la primera ambientada en París, la segunda en Buenos Aires, que finaliza con la palara FIN, con un final abierto, en el que el personaje está dudando de suicidarse o no arrojándose al vacío desde la ventana del manicomio tras encontrarse con la verdad de su absurdo. Pero continúa una larga serie de "Capítulos prescindibles" , verdadero desafío/trampa para lectores argentinos: no los leo porque no son necesarios, y lo termino como quiero. Los analisitas de la obra coinciden en que Horacio Oliveira se suicida. Pero los capítulos supuestamente prescindibles nos informan que continúa con vida, contenido por sus amigos y su antiguo amor porteño, una peluquera de barrio. Sin dejar de ser el mismo, sin rendirse a los convencionalismo sociales, pero reconociendo su identidad profunda.
En su segunda novela, el país aparece representado por la alegoría de un barco en el que viajan personas muy dispares que han ganado el premio de viajar al exterior. Viven de un modo asambleístico la experiencia de que el barco ha perdido su rumbo, no hay una información oficial de lo que está pasando, sólo circulan rumores y suposiciones. Finalmente se hacen cargo de la conducción del barco, que finalmente llega a destino, donde los protagonistas se separan. Han vivido una experiencia grupal trascendente, pero continúan con sus caminos individuales.
SÁBATO: "SOBRE HÉROES Y TUMBAS"
Intercalando narraciones realistas con otras definidamente surrealistas, ambientadas en las postrimerías del segundo gobierno de Perón (quemas y saqueos de iglesias, bombardeo a la Plaza de Mayo, el fútbol en el bar del barrio y las conversaciones de intelectuales en los cafés del centro, y los primeros momentos de la nueva dictadura "Libertadora", Martín, un joven de origen obrero, mantiene una difícil relación amorosa con Alejandra, quien sufre interiormente su relación posiblemente incestuosa con su padre, perteneciente a una familia oligárquica en decadencia, descendientes de guerreros unitarios, que en un altillo de la mansión ocultan a un antepasado demente que evoca su epopeya como soldado de Lavalle en su derrotero final, recreado bajo la forma poética, en un collage témporo-espacial. El padre de Alejandra, antes de suicidarse, escribe un informe en el que expresa su interpretación paranoica de la historia: los ciegos forman una sociedad secreta que se infiltra en la sociedad para tomar el poder sin que nadie lo advierta. Representan, en su delirio, el mal, la ambición, la destrucción del mundo como lo conocemos. La relación de la pareja no tiene futuro, Alejandra se suicida inmolándose, y Martín emprende un viaje al sur con un camionero del barrio.
EL TANGO "EN LA MADRUGADA", de Federico Silva.
https://letysent.blogspot.com/2022/01/en-la-madrugada.html
Pinta tu aldea y pintarás el mundo...Este tango, muy poco difundido, expresa la crisis de la sociedad argentina en esa época, mediante la descripción del ambiente de un bar cercano al puerto, con personas que han pasado la noche sin que suceda nada importante en sus vidas: "una mina vulgar y un bacán que la afila", un bohemio aislado en un rincón que escribe letras, con el dedo un "gran señor" manda una vuelta, un galán bien vestido que se arrima a una puerta ¡a esa hora en que la calle despierta! ¿Cuando el marido salió al trabajo?). "Pibas ojerosas aburridas de esperar", "arrabaleros cafetines donde empañan sus abriles las muchachas de percal" (¿qué esperan que pase en sus vidas? ¿no estarán en el lugar equivocado?), "copas sin historia", y las historias son "copas que derrama la ciudad", existen, pero fuera de los planes...Entre tantas no historias, frustrantes, inauténticas, la estridente música de jazz de los discos tapa la angustia, y la pequeña alegría viene de afuera : el silbato alegrón de un vapor al llegar... Y por supuesto, algún varón de otra época que añora el pasado... Tampoco cierra una interpretación ingenua, puramente literal, sin intuir al menos un significado alegórico (¿la ciudad, o al menos, la ciudad portuaria, como símbolo del país en el que hacemos todo lo posible para que "no pase nada", y buscamos pequeñas alegrías pasajeras que provienen de afuera? Si se me permite irme un poco por las ramas, al fin de cuentas, los fuertes vientos de cambio en los 60 no provinieron de Buenos Aires, sino de Córdoba, Mendoza, Rosario, Cipoletti, General Roca...y en la cultura, no existiría el rock nacional sin los músicos rosarinos, la nueva historieta sin el rosarino Fontanarrosa y el mendocino Quino, y Piazzolla, como Cortázar, Borges, César Fernández Moreno, re-crearon las influencias europeas con un tono, una vitalidad existencial esencialmente argentina.)
CÉSAR FERNÁNDEZ MORENO (1919-1985)
La prolífica obra de CFM siempre tuvo su sello personal dentro de las características comunes de los poetas de los 60 (Juan Gelman, Francisco Urondo, Eduardo Romano, Mario Trejo, entre otros), con una creatividad y unas formas poéticas que lo alejan de la sombra de su padre Baldomero, aunque sin renunciar a la poetización y profundización de lo cotidiano. Pero donde adopta un burlón y desenfadado estilo coloquial es la saga de "Argentino hasta la muerte" (escrito en 1954, pero editado en 1963, y recitado por el autor en la grabación discográfica de l967), "Un argentino en Europa / Primer viaje"(1955) , "Segundo viaje" (1959-60), (también editados en los 60), "Buenos Aires me vas a matar"(1965) y "Un argentino de vuelta" (1966). En ellos describe, integrando lo personal a lo social (un autoanálisis que constituiría un verdadero festín para los psicólogos sociales), nuestras características como pueblo, con sus luces y sombras: nuestros orígenes inmigrantes, expulsados de Europa por distintos motivos a lo largo de las épocas, integrando ancestros (apellidos) italianos, españoles, judíos en una cultura común, con más valoración de la calle y café que por la educación formal, más bohemia que organización y disciplina, que resuelve las cosas con improvisaciones de último momento, en un país (soñado por Sarmiento, diríamos nosotros: proyecto de civilización europea que reemplace el atraso herencia de España, los indígenas americanos, los gauchos y afroamericanos) que deja mostrar la hilacha de lo que realmente somos, organizado por abogados que "muevan los papeles", donde "ir a los papeles" significa ir a la realidad, una realidad de papeles que se imponen; una burocracia de oficinas y funcionarios que difícilmente estén para resolver cuestiones... Y un imaginario que se siente parte de Europa, pero que en los hechos, somos y nos sentimos extraños en el Viejo Continente. Las experiencias de él como argentino en Europa, en esa especie de poesía sociológica, lo reconocen en un tono irónico y burlón, que quizás tuvo su precursor en el Oliverio Girondo irreverente de los años 20. El final de "Argentino hasta la muerte" merece ser reproducido:
...en cuanto a vos patria
sí patria a vos te estoy hablando
a vos ésa que estás detrás de la palabra
vos che cielo favorito de los cúmulos cielo alambrado por el arco iris
cielo que día a día me revive con su añagaza de luz
cielo que tarde a tarde me asesta su beso plano
cielo que noche a noche me emborracha
vos che tierra que por ahora te dejás estar abajo mío
tierra de las ciudades afrentada de cloacas embozada de asfalto
tierra de los ejidos turbia de cascotitos y fósforos usados y los restos de un sapo
tierra del campo tierra terráquea mejilla del planeta
che patria que volás entre cielo y tierra como pájaro entre sus dos alas
yo te voy a decir lo que necesitás
necesitás muchos hijos insolentes calaveras
generaciones de hijos desalmados
que te quieran que te odien furiosamente
que te tomen como una curva cerradísima
que te tomen como una copa de cicuta
que te tomen la mano la cintura
yo pongo sobre vos y nada más que sobre vos todo mi cuerpo
a esta luz me dieron a esta luz me doy
y bueno soy argentino
ALBERTO COUSTÉ (1940-2010)
También Alberto Cousté, como CFM, explora sus vivencias existenciales, pero más subjetivamente. Mientras Fernández Moreno privilegia las imágenes exteriores, los hechos, los cuerpos (lo material), Cousté en cambio se refiere a la realidad exterior (amatoria, geográfica, social, política) desde una visión más "sentimental", emotiva, profundamente personal del surrealismo y del invencionismo que ambos reconocen explícitamente al referirse a sus obras.
En su libro más difundido, "Los buscadores de oro", una recopilación de 1968 de poemas escritos entre 1961 y 1963, despliega su percepción de la realidad con un fuerte sentido crítico, sin lugar para el humor. Lo político suele aparecer como una referencia importante dentro de su vida afectiva, sus paseos por Buenos Aires desde su yo interior. Cousté compartió con los otros poetas de su generación (Gelman. Urondo, Fernández Moreno, Martín Micharvegas, Mario Trejo, Eduardo Romano) esa misma visión desencantada de la realidad, acompañada por una frustrada necesidad de un cambio profundo, aunque alejándose (como CFM) de la violencia política. Pero si para otros poetas militantes la Revolución es una causa, para Cousté la vive en minúscula. No es una idea, una abstracción, un objetivo: es una vivencia cotidiana, está en la vida misma, en los cuerpos, y en todo caso, no sólo en los sueños que la alimentan, sino también, y muy fundamentalmente, en el deseo. (Observemos este pequeño detalle: es diez años más joven. Escribe estos versos entre los 21 y los 23 años, cuando Gelman y Urondo ya andaban por los primeros 30... Fernández Moreno era de 1919. Quizás éste rechazó la violencia debido a la prudencia que le daban los años. Y Cousté, por su joven amor por la vida.)
En "Café Los Estudiantes" dice:
Esta estación no acabará inútilmente // A veces la cabeza me revienta de versos / Palabras que fueron para vos para mí / Moscas de oro por el aire limpio // Amigos / necesito los nombres / el peso de tanto corazón junto al mío // En esta tierra rabiosa / humillada por los siglos / la soledad / muestra la cara // El sol la luna el mundo / La carambola imposible / no se hace // Sé lo de ahora / viejos / La loca soledad que tira y guiña / Las mujeres / besadas palmo a palmo / veloces entrando a la indiferencia el olvido / Los rostros graves / fabricando futuro para salir de pobres // No sé qué pasará mañana // Cuando envueltos en los aires de otras estaciones / callejeando ciudades / usadas las palabras que dijimos / grande y vacía la ventana del cielo / enamorados enamorados de las mismas mujeres / de otras que nos entreguen sus gestos sus manías / cuando envueltos en los aires de otra estación / vivamos / estos severos años / ¿quién logrará romperlos? // No acabará inútilmente la estación / Las palaras que perseguimos y encontramos / para vos para mí para la amarga tierra / los nombres del amor / la soledad los rostros las mujeres
El poema que le da título a la recopilación va precedido de una dedicatoria muy explícita: "A mí mismo. A los que conmigo vivieron la confusión de la adolescencia en este país avergonzado".
....
El verano viene a esta parte de la ciudad / en un mes frío / en un desolado mes de lluvias . Los fantasmas / los queridos muertos que trotaron alegres / despreocupados / seguros de su arrrolladora belleza / de su insolencia / dispuestos al sacrificio para cambiar la vida / las malas costumbres de este lugar del mundo / los muertos entusiastas / mi gente / mi adolescencia me visita con los cambios del tiempo.
Quisiera insistir. Decir que sí / que sí a los años disparados a las grandes historias / a las manos tendidas sobre un puente de hierro oxidado orinado por el aire y la lluvia / donde un chico se agita / solo y empecinado contra un cielo inclemente / Quisiera / decir a todos hasta luego o alguna frase tierna / alguna palabra empapada de amor algo recuperable / quisiera saber que algo no arrasará el olvido
Tengo los nombres de ustedes en mi corazón Yo era / un chiquilín flaco y severo Tuve razón Tenía / las mejores intenciones la pasión el pulso / firme como un ballestero Todos / éramos grandes cazadores / Hemos sido estafados Pero en algún lugar /en algún sitio quedó ese amor perdido arrojado / a manos llenas por unos chicos formidables En algún lado / en algún lugar queda el amor no hay sitio / que deje el amor vacío para siempre / En esta pieza / en este lugar sin sombra de grandes árboles donde pienso en ustedes / hace rato estuve besando a mi mujer Ella duerme / se deja mirar está desnuda / cubierta tan solo por su inocencia Mi mano / recorre su piel dormida su cuerpo que conozco
Pronto vendrá la lluvia / nos arrinconará del todo se llevará este trozo de verano / vendrá la lluvia y olvidaremos a los muertos
Digo a los que vendrán / Recuérdense de nosotros que acá en los sótanos del mundo / hemos amado y hemos insistido contra toda esperanza
En "El pasajero del hotel", un largo poema autorreferencial (como toda la obra), retoma y desarrolla ampliamente esta idea para dejarla como su legado, su testamento político. No a la posteridad como poeta, sino a sus amigos, a sus compañeros de ruta, con los que alimentó sus sueños, en un país donde la muerte violenta, aun en plena juventud, era una posibilidad a la vuelta de cada esquina. Pero a ellos sí les deja el sentido profundo de su vida: la vida (el amor) y la poesía unidas de un modo inseparable, como único sentido valedero, "como si sirviera para algo", sirva o no sirva realmente.
Yo / sin ir más lejos / he visto a los barcos de los míos hacer agua al pie de la ciudad // Antes del desembarco heridos de repente por el miedo a la soledad los días iguales que dieron vueltas en redondo / y se ahogaron como un barrio donde los animales muertos flotan a la deriva / deshechos entre cajas vacías botellas mierda del mundo volcada en los desagües
...
He presenciado en cambio el miedo de los que quedaban / el ruido y el furor del universo / cayendo por una canaleta de chapa en un galpón abandonado en una noche tremenda / He crujido por mí y por los que amaba / asesinado por la complacencia las horas libres la facilidad entrando a saco en cada momento de la vida
...
He sido atado a mis palabras pero no erróneamente / no por un ciego destino o una equivocación imperdonable / no por los que sufrieron y agotaron sus chances y me dieron sin suponerlo la sangre de sus cuerpos / no por los que ascendieron como una piedra y se rompieron la cabeza en una estrella / o más idiotamente contra un muro o en la vereda de su casa
...
Pero no pido perdón por mis errores / No quiero para mí la honestidad los días admirables la satisfacción con uno mismo / No espero nada de los otros como no sea sus costumbres / sus trampas los temblores con los que cambia la estación //
De esos arcos anclados ahora me llega una certeza / un viejo olor un ruido que el agua no confunde / un tufo agrio y profundo un desarreglo que nunca tuve y se resiste a ser nombrado / que anda solo y es libre y es imposible describir //
Hagan como si yo no estuviera / Hagan también como si yo estuviera cuando no esté entre el ruido y los olores / Arranquen las palabras que conmueven el mundo / cámbienlas de maceta / guarden sólo las pálidas señales la cara del ahorcado el resplandor de las hogueras / los fuegos que amenazan la paz tullida y tuerta de esta pobre ciudad //
Yo sé que estoy entre los que amo agujereado por una tormenta / Éste es el tiempo que espero éstas son mis palabras / ésta es la inútil conquista el pelo lacio las caras que conozco / ésta es mi multitud me habita y me corrompe / no hacemos sino ejercicios de mala voluntad //
Si la muerte desciende / si vorazmente decreta el viaje a pique de los barcos / si entra a saco como el viento del este y barre con los gestos / si decide inundar esta quietud conmover las costumbres / hagan como si yo no estuviera / hagan también como si yo estuviera cuando no esté entre el ruido y los olores, / cuando no queden más que las señales la cara del ahorcado / hagan como si yo estuviera cuando estimulen las hogueras / y entiendan una palabra que quise decirles desesperadamente / una palabra inútil para decirles / cuando el desorden esté y los queme y no hagan falta las palabras / hagan como si yo estuviera / Hagan como si todo esto hubiera servido para algo
Resulta significativo que esa postura humana, poética, vivencial, expresa su disidencia con la rigidez, el dogmatismo autoritario, de las organizaciones políticas revolucionarias de la época, adelantando un desenlace que Cousté ya veía venir antes del estallido posterior, a partir de 1968. Posiblemente esa disidencia interna contribuyó al escaso reconocimiento de Cousté en su momento y posteriormente con el retorno de la democracia hasta nuestros días. Cousté, ya en 1969, se radicó en España, donde fundamentalmente se dedicó al ensayo sobre autores como Neruda y Cortázar, y un insólito libro sobre los símbolos del Tarot, que ése sí se vio en todos los escaparates de las librerías en su edición española. También su producción narrativa ha sido premiada ("El príncipe desvelado", de 1990, sobre la vida de Segismondo Malatesta, personaje también recreado por Arturo Pérez Reverte como el enemigo del capitán Alatriste).
EDUARDO ROMANO (1938): "GENERACIÓN"
Otro compañero de ruta literaria e ideológica de los poetas de esa época es Eduardo Romano, cuya obra lamentablemente es inhallable en las librerías y en las redes, donde se puede encontrar algunos poemas sueltos. "Entrada Prohibida", publicado en 1963, es una muestra contundente del estilo fuerte y a la vez sentimental, de una generación que, con la autoestima alta pero no desprovista de sentido autocrítico, sintió la necesidad de vivir intensamente y pisar fuerte sobre las tormentosas aguas de su época, concientes de que su experiencia vital y su poesía dejarían su huella profunda en el tiempo. "Generación" es un fiel auto retrato de ese grupo:
GENERACIÓN
Dirán
que teníamos el vino violento
y
por las tardes, asomados al Río tullido de la Plata,
recitábamos
poemas insalubres.
Que
éramos unos pobres muchachos sin partido,
militantes
violentos de la nada
que
rompieron su amor con tanta furia.
Que
vivíamos mujeriegos, desbocados
y
a veces los domingos
tomábamos
el sol entre las gentes pasajeras.
Dirán
que siempre hablando de la Revolución
mientras
tirábamos al blanco en las kermeses.
Que
no teníamos raíces definidas
ni
boleto ida y vuelta ni sentimientos a la moda,
ni
un pedazo de mar o de tierra reservados.
Dirán
por qué los dejaron entrar así, despiertos,
arrancando
sonrisas, llorando a carcajadas,
inmensamente
tristes, solitarios.
Dirán,
podrán decir
los
argumentos que sepan o les manden.
Pero
nadie se atreverá a negar
la
explosión y el silencio
que
habíamos puesto en los poemas,
los
días que nos quedamos solos
de
odio y de alegría,
las
noches que gastamos generosos
hasta
llegar frente a la última puerta,
cansados
de llamar echando humo,
vociferantes
también y mal queridos.
Audio de "Generación" leído por Tito Herrera
Selección de poemas de Eduardo Romano
MORIS: "EL OSO", "AYER NOMÁS" Y "DE NADA SIRVE"
Uno de los más profundos letristas (y por qué no, poeta, pese a su no pretensión de serlo) del rock nacional, expone mediante la fábula el problema de la libertad como actitud vital, opuesta a la aceptación conformista mediante las cadenas económicas, aun mínimas, y el acostumbramiento.
"El oso", según su autor, surgió con la intención de componer una canción infantil... y resultó una canción que lo hizo llorar cuando la cantó, y llegó muy profundo al público que la hizo famosísima aunque pocos supieran que existía Moris.
La fábula explora la cuestión de la libertad sin simplificaciones esquemáticas romanticonas. El oso es apresado y obligado a trabajar en un circo haciendo las piruetas impuestas y divertir al público y a los niños. Pasa el tiempo cumpliendo con su tarea, mientras un tigre viejo le aconseja que se conforme, pues "nunca el techo y la comida han de faltar". Pero él nunca pudo olvidar su bosque, hasta que finalmente aprovecha una oportunidad para escaparse y volver al bosque en libertad, feliz aunque esté viejo...
Es inevitable recordar la posición filosófica de Jean-Paul Sartre, de que siempre somos libres, incluso cuando aceptamos la esclavitud, rechazando otras opciones.
https://letysent.blogspot.com/2022/01/el-oso-moris.html
En "Ayer nomás", describe la decepción del joven que crece en medio de la frustración colectiva de una sociedad que "vive sin creer", desengañado de los mitos sobre "el mejor país del mundo", pero sin sueños que la movilicen por cambiar la historia. Salí a la calle, vi la gente, vi a todos gris y sin sentido, la gente vive sin creer...
El discurso de "De nada sirve", llega de un modo directo y sin anestesia hasta el hueso. De nada sirve el escapismo, escaparse de uno mismo, ocultando la angustia existencial mediante el entretenimiento superficial. En realidad, cualquier cosa a la que nos dediquemos (trabajo, música, sexo, drogas y alcohol, salidas al cine, pueden ser distintas formas de evitar ese encuentro con nosotros mismos. Hay que arriesgarse (tenés que vivir, tenés que sufrir, tenés que sentir, no podés tener ninguna propiedad, tenés que jugarte, tenés que amar a cualquiera, tenés que odiar a cualquiera).
La crítica a la máscara hipócrita de los seudohippies del Di Tella es implacable:
20 AÑOS DESPUÉS: LITTO NEBBIA Y MIGUEL CANTILO
A poco andar, todo terminó trágicamente para el país y la cultura. A tal punto que Cortázar, desde París, escribió un artículo en el que sostenía que la dictadura del "Proceso" había perpetrado también un genocidio cultural.
Pero por supuesto, la cultura pudo reaccionar creativamente ante la tragedia, y no sólo para simbolizar el duelo por lo perdido. Sin duda fueron importantes las radiografías de la realidad fragmentada, las novelas de rebeldes perdedores de Osvaldo Soriano (en las que los vencidos y los vencedores pueden ser lo mismo, como señalaban Los Redonditos de Ricota), las Crónicas del Ángel Gris en la mítica evocación del barrio de Flores, de Alejandro Dolina, y su dardos irónicos contra las revistas de circulación masiva con sus consejos "para vivir mejor" en su programa radial y sus comentarios profundos sobre héroes mitológicos y lejanos personajes históricos.
Pero del rock surgieron, una vez más, dos letras importantísimas para acompañar el contacto con la nueva realidad:
"La gente del futuro" de Miguel Cantilo, es un análisis crítico de la realidad que recuerda las letras discepoleanas, pero con una diferencia: rechaza la actitud de quedarse en la queja, para revalorizar la época, que de la juventud que crezca en este contexto tan duro, surgirá también la esperanza para construir lo nuevo, una vez que ya todos los "formadores" de opinión y de conciencia social han demostrado impúdicamente su verdadero rostro.
En sintonía con esto, aunque de un modo no tan ácido, Litto Nebbia vuelve al ruedo con "Sólo se trata de vivir", compuesta en el exilio y a ampliamente difundida en Argentina. Si bien se inspira en su experiencia personal, deja una observación que llegó muy profundamente a quienes la escucharon:
Creo que nadie puede dar una respuesta / ni decir qué puerta hay que tocar. / Pienso que a pesar de tanta melancolía, / tanta pena y tanta herida / sólo se trata de vivir...
Y además de vivir, agrego, volver a leer y escuchar las voces de escritores como éstos, que recuperando la tradición argentina desde Sarmiento y José Hernández, Arlt y Marechal, Martínez Estrada y Jauretche, de llegar hasta lo más profundo de lo verdadero , ayudándonos a pensar nuestra realidad desde su compromiso con la verdad y con la vida aunque duela y no nos sirva para cosechar amigos ni dinero. Tarea imprescindible si queremos aportar lo nuestro para superar los vaivenes pendulares de un país que gira sobre sí mismo como las calesitas, sin ir finalmente a ningún lado.
Luis F. Gobea
Otra selección de textos de poetas de los 60, relacionados especialmente con el tema de la revolución, y claramente rupturistas en el lenguaje y las formas poéticas, en Antología poesía de los sesenta – archivos de la revista el interpretador
No hay comentarios:
Publicar un comentario