jueves, 28 de noviembre de 2024

III. VARIACIONES SOBRE SÍSIFO

      Los dioses castigaron la rebelión de Sísifo condenándolo con cadena perpetua al trabajo forzado de transportar sobre sus hombros una enorme roca hasta la cima de una montaña. Al llegar a su objetivo, la roca caía y Sísifo debía recomenzar su tarea.

      Al enterarse, el periodismo acudió a informar sobre el caso, y Sísifo y su roca se convirtió en una noticia difundida por los medios de todo el mundo. Aparecieron entonces otras voces interesadas por la suerte del esforzado transportista. Los primeros, en orden cronológico, fueron religiosos de todos los credos. Pese a su origen griego, no pudo contar con la presencia de ninguna pitonisa de Atenas y del resto de la península helénica, pues ellas sólo reciben consultas de creyentes que se acercan al templo, y Sísifo no tenía licencia ni por razones religiosas, cuando los dioses ya habían dado su última palabra. Además, las pitonisas estaban muy ocupadas en atender consultas acerca de qué números saldrían en las loterías de Atenas y Corinto.

      Los profetas y rabinos de Israel se acercaron a consolarlo con salmos y ejemplos como el de Job y sus sufrimientos, ya que el Mesías que lo liberaría de su esclavitud aún no había noticia alguna de que hubiera llegado. Y no dejaban de recomendarle que se lavase las manos después de haber tocado esa roca impura. 

      Los cristianos se reunían al pie de la montaña para rezar por el alma pagana de Sísifo y pidiéndole a Dios Padre Hijo y Espíritu Santo para que lo libere de semejante castigo impiadoso, pues si el pobre forzudo había cometido algún pecado, lo debía pagar el día del Juicio Final, y mientras tanto en el mismo pecado estaba la pena. Se esforzaban también en tratar de convertirlo a la verdadera religión, ya que los dioses no existen. No vengan a decírmelo a mí, contestaba Sísifo indignado, si esos dioses que según ustedes no existen, a mí me condenaron a este castigo.

     Los budistas, entre mudra va y mantra viene, ohm ohm ohm, buscaban ponerse en sintonía con la vibración del Universo para liberar al roquero de su castigo. Meditaban todo el tiempo, y con él no entablaban mayor comunicación. No se conmovían demasiado por su suerte, ya que consideraban que en esta vida debía hacer el aprendizaje correspondiente, como consecuencia de errores cometidos en su anterior reencarnación.  Así es la vida.

     Durante la Edad Media, tan alejada del paganismo helénico tanto en su versión judeo-cristiana como musulmana, se olvidaron bastante de su existencia y lo dejaron un poco más tranquilo. Pero a partir del Renacimiento comenzó a ser representado por muchos artistas de los movimientos subsiguientes, incluso surrealistas. Muchos se dirigieron a la montaña para tomarlo como modelo en vivo. Lo que lo ofuscaba no era que los artistas hicieran su trabajo; lo que él no podía entender para qué necesitaban verlo si después lo pintaban ni lejanamente parecido.

     Se comenzaba a transitar tiempos tecnológicos, más dominados por la física que por la religión y el arte, y hubo gente que le acercó una carretilla con la ingenua esperanza de que pudiera hacer el acarreo más fácil. No faltó el ingeniero que le organizara un sistema de poleas para transportar la roca, pero siempre la única fuente de energía para trasladarla era la mítica fuerza del héroe.

     Racionalistas, masones y ateos, iban con sus altavoces a exponer su credo, afirmando a grito pelado que esta situación de atropello contra la dignidad humana era producto de la ignorancia y el oscurantismo.

     De más está decir que la situación de nuestro pobre héroe no cambió demasiado, y nadie lo ayudó a aliviar su carga para realizarla con varios trabajadores por turnos o suplencias, para que Sísifo descansara o al menos, tuviera tiempo para ir al baño.

     Un día memorable, más harto de toda esta gente que de su castigo mismo, Sísifo no dejó caer la roca al llegar a la cima. La arrojó con toda su fuerza, y vio cómo al caer se destrozaba  en cientos de pedazos. Algunos afirman que son los que se venden en los negocios de recuerdos de la montaña de Sísifo. Otros, en cambio, sostienen que fueron usadas por los niños para jugar a la payana, a la rayuela y como proyectiles para sus gomeras.

     Lo que sí se sabe, es que ese día Sísifo no le dio mayor importancia al destino de la roca ni a su historia con ella. Erguido sobre su estatura completa, recuperado a sí mismo, se quedó contemplando maravillado el mundo desde lo alto. Una inmensa sensación de felicidad le inundó su cuerpo. Sintió como que estaba volando. Oyó una suave voz en su interior que le decía:

     –Lo lograste… Al fin te diste cuenta.

     Pero nadie puede afirmar con certeza de quién era esa voz. 

MI PRODUCCIÓN LITERARIA (LFG)

 ÍNDICE

YO Y MI OTRO YO

 I

DE VUELTA

 

     Al llegar a mi casa, y precisamente en el momento de abrir la puerta,  me vi salir. Intrigado, decidí seguirme.

     Él-yo continuó sin mirarme ni dirigirme la palabra. Yo, en cambio, lo seguí con atención. Pasamos por el centro de la ciudad, con los kioskos exhibiendo los diarios con sus titulares, las casas de cambio con sus cotizaciones, gente repartiendo volantes,  altavoces de distintas organizaciones políticas, religiosas, y publicidad comercial. En las vidrieras de las casas de electrodomésticos, las pantallas de los televisores prendidos en TN, C5N, Crónica y CNN. Como siempre, las tribus de intelectuales con su aspecto característico de extraños en un mundo al que no pertenecen, cercanos a las librerías que muestran libros de  filosofía, política, psicología, arte y cine.

     “Él” atravesaba esa jungla de imágenes preestablecidas como si no existieran, y continuaba su camino. Con indiferencia, pero sin gestos de desdén.

     Un poster me llamó la atención de un modo muy intenso; sentí que quería comunicarse conmigo, con la gente. Era ese retrato de John Lennon, su cara mirándonos a través de sus anteojos, y la frase famosa: “La vida es lo que sucede mientras estamos muy ocupados en otras cosas”. Me quedó grabada, como si por primera vez la hubiera empezado a entender, recorriendo los rincones de mi mente.

     De una casa de música, a contramano de los géneros moda, sonaban las viejas versiones de Moris cantando “De nada sirve / escaparse de uno mismo…” y “las máquinas fabrican frases para vivir / que todos repetimos sin nunca descubrir /…Cuando mueres un instante / porque estás con ella al fin / cuando abrazas a un amigo / están ciegos, son idiotas… o qué es lo que pasa aquí?!”

     De repente, advertí que “Él” ya no estaba a mi lado, y no volví a encontrarlo. Pero en lugar de extrañarlo, me sentí más yo mismo, despojado de todo lo que ahora veía como una realidad muy ajena a mí. El bombardeo continuaba, pero no significaba nada para mí.. Sentí que había recuperado mi identidad.

     Con paso sereno y seguro, volví a mi casa.

     Abrí la puerta y entré. Sentí que nada de lo que había en ella me resultaba ajeno, que ahí estaba mi yo en mi espacio cargado de nuestra energía interior. El trabajo y las noticias, el collage de imágenes habían quedado afuera.  

     Me acerqué a mi mujer, y la saludé con un abrazo y un beso que recibió como el mejor regalo.

     –Hola, mi amor…! Volviste…

    Y en ese momento empezó para mí el nuevo día.   


MI PRODUCCIÓN LITERARIA (LFG)

 ÍNDICE

II. NADA ES NADA

Dialogando con César Fernández Moreno, Miguel Cantilo, León Felipe, Blas de Otero y Luis Alberto Spinetta


Nos quedamos sin nada.

Sin ninguno de esos sueños, ilusiones, atajos y disfraces

que ocultan y reprimen

deseos insatisfechos, rabias y rechazos

como púas y tormentas, y sólo las espinas del rosal,

con algo de Sísifo y Tío Tom,

siempre la otra mejilla, y después el cuerpo entero,

ninguneados,  y arrastrando tristeza por el mundo,

solitarios confesos y confusos,

obligados a mirar la vida

como los peces de colores dentro de la pecera.

Hemos quedado

desnudos frente a un espejo invisible

sin poder engañarnos que estamos más jóvenes, atractivos, vitales.

Nada ni nadie que nos diga cómo presentarnos en el escenario.

Ni analistas ni el libro de los sueños, ni proverbios bíblicos ni aforismos.

 

Pero así como estamos,

despojados de insomnios y disfraces,

libres de los mandatos,

abriéndonos camino

como a machetazos en medio de la selva

entre angustias, tristezas, muerte y desmoronamiento,

nos quedan

regándonos como a una planta que resiste a  la sequía,

la vieja música que aún nos emociona,


la vida y las palabras,

que nos resuenan y circulan por dentro:

amigos,

compañeros,

amor,

te amo.

MI PRODUCCIÓN LITERARIA (LFG)

 ÍNDICE

miércoles, 27 de noviembre de 2024

EN EL PRINCIPIO, de Blas de Otero


Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.


LEÓN FELIPE

UN SIGNO... ¡QUIERO UN SIGNO! (Fragmento)

I

NO ME CONTÉIS MÁS CUENTOS

Ya se han contado todos.

Todos se han dicho y se han escrito.

Y todos se han ovillado y archivado.


Los ha contado el viejo patriarca,

los han cantado el coro y la nodriza,

los ha dicho un idiota, lleno de estrépito y de furia,

se han grabado en la ventana y en la rueda

y se han guardado en cajas fuertes las matrices.


Hay réplicas exactas de todas las tragedias,

discos fonográficos de todas las salmodias,

y placas fotográficas de todos los naufragios.

Ningún cuento se ha perdido. Estad tranquilos.

Se sabe que el poema es una crónica,

que la crónica es un mito,

la Historia una serpiente que se muerde la fábula

y el poeta doméstico el cronista del Rey y el Arzobispo:

el narrador de cuentos.


Todos se han registrado.

Y todos están vivos todavía. Ahí pasa el pregonero:

«¡Cuentos!... ¡Cuentos!... ¡Cuentos!...»

Es aquel viejo narrador de sombras y de risas

que ahora pregona cuentos.

Pero yo no quiero cuentos...

No me contéis más cuentos.


II

SÉ TODOS LOS CUENTOS

Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan sólo lo que he visto.


Y he visto:

que la cuna del hombre la mecen con cuentos...

Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos...

Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos...

Que los huesos del hombre los entierran con cuentos...

Y que el miedo del hombre...

ha inventado todos los cuentos.

Yo sé muy pocas cosas, es verdad.

Pero me han dormido con todos los cuentos...

Y sé todos los cuentos.


VI

OÍD

Soñé... ¡Sueño!

No soy un cuento

Vengo de más lejos...

¡Soy y vengo del sueño!

Y digo que soñar es querer, querer, querer, querer, querer...

querer escaparse del espejo,

querer desenredarse del ovillo,

querer descoyuntarse de la dulce rosquilla de los cuentos,

querer desenvolverse... prolongarse...

soñar es decir 4 veces,

44 veces

4.444 veces, por ejemplo:

Yo no quiero,

yo no quiero,

yo no quiero,

yo no quiero,

verme en el tiempo

ni en la tierra

ni en el agua sujeto;

quiero verme en el viento,

quiero verme en el viento,

quiero verme en el viento,

quiero verme en el viento.


«Quiere el hilo,

sueña el hilo

en la espadera,

sueña el hilo

que saldrá,

algún día...

¡un buen día!

hecho manto

de telar»

Lo que pasó bajo la curva de los cielos

se prolonga bajo los huesos de mi cráneo.

(¡Hay algo nuevo bajo el sol!)

Lo que soñé en la tierra y en el vientre fecundado de mi madre

lo sigo aquí ahora sobre la piedra oscura de mi almohada.

¡Fue mi semilla que quiso ser espiga

y soy espiga que sueña en ser pan ázimo!


VII

EL GUSANO

Soy gusano que sueña... ¡que quiere!

—Contaré el sueño del gusano.

Narradores de cuentos, el gusano

no se chupa el caramelo de la cola. No es un cuento.

Es un sueño que camina.

Repta.

Y deja sobre la hierba oscura

una secreción viscosa... y fosforescente;

un hilo glutinoso... y lumínico

¡lumínico! La baba es una estela. Anotad esto bien.

Cavad aquí para marcar una señal,

clavad aquí una estaca, aquí, aquí;

que aquí sobre esta tierra... sobre la Tierra,

sobre este gran ovillo devanado con baba,

sobre la estela verde que segregó el gusano,

sobre el sudor oscuro que vertieron sus glándulas,

sobre su llanto ciego de semilla y de feto,

sobre los restos de su capullo y su sarcófago,

sobre la ganga adámica de su morada mística,

sobre el cascarón roto de su bóveda abierta

y sobre los escombros de su Iglesia podrida

levantaremos un día nuestra casa,

nuestra ciudad y nuestro vuelo.


                                         ¡Dios nos guía!


Porque el gusano no es cuento, narradores de cuentos,

es un signo... un sueño...

un sueño alegre que empezamos a descifrar.


VIII

QUIERO... SUEÑO

No me contéis más cuentos,

que vengo de muy lejos

y sé todos los cuentos.

Contad y recontadme este sueño.

Romped,

rompedme los espejos,

deshacedme los estanques,

los lazos,

los anillos,

los cercos,

las redes,

las trampas

y todos los caminos paralelos.

Que no quiero,

que no quiero,

que no quiero que me arrullen con cuentos;

que no quiero,

que no quiero,

que no quiero,

que no quiero que me sellen la boca y los ojos con cuentos;

que no quiero,

que no quiero,

que no quiero,

que no quiero que me entierren con cuentos;

que no quiero,

que no quiero,

que no quiero,

que no quiero verme elevado en el tiempo,

que no quiero verme en el agua,

que no quiero verme en la tierra tampoco,

que no quiero verme a su ovillo como un hilo de baba sujeto...

Quiero verme en el viento,

quiero verme en el viento,

quiero verme en el viento,

quiero verme en el viento.

Quiero, ¡quiero!... sueño... ¡sueño!...

Soy gusano que sueña... y ¡sueño!...

¡verme un día volando en el viento!


MI PRODUCCIÓN LITERARIA (LFG)

 ÍNDICE

jueves, 14 de noviembre de 2024

SOBRE LA CUESTIÓN DE LA ESENCIA DE LAS COSAS, LOS CAMBIOS Y PERMANENCIAS

 por Luis F. Gobea


"Todo es tanto su ser que ya es otra cosa"

OCTAVIO PAZ

Esta es mi frustrada producción sobre la frase de Octavio Paz. Antes que nada, debo reconocer y anticipar que no sólo está bastante lejos de ser una producción mínimamente literaria, por cuestiones de estilo, y mucho menos de ser de lectura fácil e interesante. Está mal escrita y es aburrida.

La causa que dio origen a este trabajo fue mi absoluta falta de inspiración para escribir un relato o algunos versos relacionados con una reflexión asociada tanto a la literatura como al sentido común. Lo único que se me ocurría eran reflexiones, más o menos coherentes con un texto argumentativo, basándome en mis conocimientos literarios, históricos y políticos surgidos durante mi experiencia estudiantil, docente, social, conversaciones con vecinos y charlas de café. Y mi padre y mis tíos, por supuesto, que pertenezco a una generación  que acostumbraba a escuchar a los mayores, aunque en su momento no los entendiéramos demasiado.

Conciente de esa limitación rayana en la pedantería y la superficialidad (estoy convencido de que el conocimiento no reviste demasiada importancia si sólo repite ideas y no es capaz de generar nuevas inquietudes, preguntas o puntos de vista personales o producto de un intercambio), recordé, con algo de ironía, la capacidad de Borges para hacer de ese material simplemente erudito y carente de originalidad conceptual, una literatura de ficción admirable por su estilo,  con su fluido dominio de la gramática, la adjetivación y la ironía, e inventando supuestas fuentes eruditas y personajes de sospechosa existencia real. Como han señalado algunos críticos literarios, su contenido filosófico o ideológico no es más que "literatura". Y desde esa perspectiva, intenté parodiarlo.

A simple vista salta la comprobación de que tampoco lo logré, pese a algunos (pocos) intentos, sepultados por la maraña de argumentaciones que ni siquiera rozan lo humorístico. La seriedad suele ser enemiga de la creación literaria.

Como además de las limitaciones señaladas, el texto es relativamente largo (cuatro carillas), expongo a la buena voluntad de los lectores mediante el siguiente link que los dirigirá al PDF. Al fin de cuentas, como todo trabajo, producto de la transpiración de mis neuronas y mis dedos, merece por lo menos ser respetado. Como los hijos, uno los quiere aunque no sean geniales.

https://drive.google.com/file/d/1phZ5i9Kt6VYHCthWRd70ZifKDCASWJ3C/view?usp=sharing


MI PRODUCCIÓN LITERARIA (LFG)

 ÍNDICE


miércoles, 13 de noviembre de 2024

METAMORFOSIS

 

I

Todo empezó cuando harto de que los mosquitos no me dejaran tranquilo con sus picaduras y con su zumbido por las noches, y no había manera de eliminarlos o al menos ahuyentarlos, con aparatos eléctricos, con líquido o con pastillas, con espirales, y ni hablar de lo que aumentaron de precio los repelentes y los aerosoles. Un día, al ver venir a uno de ellos hacia mí, tomé el aerosol y lo descargué con furia contra él. Como el insecticida no era de los más eficaces, su efecto letal no fue inmediato.

El bichito, ya intoxicado, continuó  sobrevolando unos instantes a mi alrededor. Y ahí sucedió algo curioso. Me daba la impresión de ver su cara aumentar de tamaño ante mi percepción, o como si mi sentido de la visión hubiera multiplicado su sensibilidad. Algo similar debía de estar ocurriendo en mi cerebro, pues me parecía que el insecto se comunicaba conmigo sin palabras, como si me estuviera haciendo ver y sentir el crimen cometido.  Fueron pocos segundos, pero me pareció muchísimo tiempo. Cuando reaccioné, lo aplasté entre mis manos como si aplaudiera. Al fin de cuentas, era una guerra, y lo ayudé a que dejara de sufrir…   

 

II

Nunca me imaginé lo que sucedería después.

De a poco, empecé a percibir que todo lo que me rodea aumentaba su tamaño en forma gigantesca, pero solamente podía ver las cosas desde una perspectiva más bien alta. Fui a lavarme la cara al baño, y no veía mi imagen en el espejo… Veía… ¡a un mosquito! ¡Un mosquito que seguía mis movimientos! Y al acercarme, noté que ¡el mosquito tenía mi cara! ¡Al matarlo, yo me había convertido en mosquito!

 

Comenzó entonces mi  nueva vida. Bandadas donde no era bien recibido porque tenía cara humana, vivir volando a toda ala, evitando en lo posible los insecticidas domiciliarios y las fumigaciones, descansar poco. Nunca me había imaginado que en la corta vida de un insecto cada día podía ser tan agitado. Viví años en un solo día.  Pero con un agravante: conservaba de mi dimensión humana la conciencia angustiante de mi finitud. No veía el momento en que pudiera volver a mi estado humano natural. Pero por otra parte, había poco tiempo para pensarlo.

 

III

Por suerte, cuando creía que ya estaba perdido, al pasar el tiempo (muuucho tiempo en la vida de insecto) parece que se me empezó a ir el efecto de la sustancia que me había inoculado el mosquito que maté, y de a poco fui recuperando mi figura humana. Claro que como la transformación era gradual, todo el mundo se daba vuelta entre asombrado y espantado de ver un monstruo, y pronto comprendí que corría peligro de que me quisieran eliminar, y en el mejor de los casos, si la contrametamorfosis se terminaba de  producir en un calabozo o en un hospital, pronto tendría que soportar el castigo insufrible de la fama con sus partidarios y sus detractores, pero siempre con los periodistas volviéndome loco. ¡Ni pensar en la posibilidad de que mi hijo fuera conocido en toda la escuela como el hijo del mosquito! Así que ni bien pude me escondí en un edificio abandonado hasta que volví a sentir y ver mi cuerpo completo de homo sapiens.

 

IV
Cuando llegué a casa todavía no estaban mi mujer ni mis hijos. Después de mirarme en el espejo para recuperar la calma, me senté en el sillón a leer el diario del día recién comprado, más como pose habitual para recibirlos cuando llegaran. Pero también, para ubicarme en el tiempo (sólo habían pasado unas horas humanas) y sobre todo para tener algún tema de conversación normal, que no levantara la terrible sospecha de que me había vuelto loco.

Cuando llegó mi mujer, la saludé como siempre y le pregunté:

--¿Qué tal, mi amor, cómo te ha ido?

--De terror. Tuve que andar a la corridas porque el tiempo nunca alcanza para nada, y encima me llamaron de la escuela para quejarse porque el nene  se enojó y puteó a los compañeritos que le hacen bullying porque usa anteojos y es gordito, y aguantar la contaminación que produce el avión fumigador de mosquitos, y el otro mosquito que se usa para el glifosato en el campo, que lo están lavando acá nomás en el lavadero de la otra cuadra. No se puede respirar en este pueblo, no sé si te diste cuenta…

--Sí, como siempre, la ley no se cumple…

--¿Y vos? Contame, ¿a vos cómo te fue?

--Nada… Lo mismo de siempre…

Luis F. Gobea