viernes, 27 de junio de 2025

RECETAS PARA PREPARAR UNA NOSTALGIA

 

La nostalgia, un plato clásico de los argentinos, cada vez más extendido. Ya no se trata de una preferencia de consumidores de edad adulta, sino también entre los jóvenes debido a la rapidez con que se suceden los cambios en los tiempos modernos.

Ofrecemos dos recetas para prepararla de distintas formas.

NOSTALGIA SIMPLE COMO PLATO CRUDO

Esta forma de preparación en frío, como picada, es la preferida por los grupos de amigos que se reúnen para conversar pasando un rato y divertirse como motivación principal. No exige mayores cuidados en su elaboración, pues el clima del encuentro es principalmente festivo, y más importante que el recuerdo en sí es regar las intervenciones jocosas, de una alegría superficial, con abundante cerveza, y una buena provisión de chismes de elaboración reciente si se desea destacarse como comensal digno de ser invitado.

Tómese algunos recuerdos de su juventud, agregándole una buena cantidad de elogios acerca de lo insuperables que eran las y los jóvenes de entonces, tratando de que el reconocimiento a los méritos de la juventud actual sean sólo una pizca. No dude en incorporar pares de opuestos, tales como sustanciosas rodajas de elogios de la rebeldía y las travesuras incomparables, con el pan de la falta de límites de los jóvenes de hoy.

Para facilitar la digestión, tómese también como aderezo la evocación de la exacta descripción del edificio de la escuela a la que concurrían los comensales. Obviamente, con la pimienta de las discusiones al respecto.

Agregar los nombres de las compañeras y compañeros de esa época, y del plantel de docentes, preceptoras y de la dirección, muy útiles para suavizar los ánimos, si se han incorporado a la elaboración en demasía.

El tono del encuentro y el respectivo sabor de esta preparación es predominantemente exultante. Cuando llega a su fin, cada uno experimentará, ya en soledad, otros sabores más profundos y sutiles, que pueden llegar a provocar algún lagrimón. Pero no se preocupe, no es una enfermedad. Ahora sí, puede usted saborear la nostalgia propiamente dicha.

 

NOSTALGIA EN PREPARACIÓN ESPECIAL PARA SABOREAR

Esta receta, como hemos dicho, como toda preparación especial, exige del cocinero y del comensal ciertas condiciones particulares que sólo se logran en soledad, en un ambiente propicio, libre de ruidos bulliciosos, algarabías y etcéteras. Preparar una nostalgia de calidad no es cosa de todos los días, y no todos comprenden el estado de ánimo necesario, por lo cual si hay gente alrededor que no lo comparte, seguramente se preocupará por usted y su salud.

Tanto el tiempo de cocción, como los ingredientes a utilizar, deben ser de buena calidad. Estos no deben tener sabores desagradables, ni excesivamente intensos, pues la nostalgia penetra profundamente en nuestro paladar y en nuestro sistema digestivo por medio de la refinada sutileza tanto en el proceso de elaboración como del disfrute en su ingesta.

 La mejor elección surge espontáneamente, con recuerdos significativos que nos invaden, por lo que no hay una receta sino distintas, según las experiencias vitales de cada uno. Puede ser algo que le haga evocar vívidamente su infancia, su adolescencia, o su juventud.

No debe confundirse la nostalgia con la añoranza o la depresión. Estas últimas refieren a la pérdida irrecuperable del pasado que ya no existe. La nostalgia recupera lo que el tiempo no ha podido quitarnos: la emoción placentera asociada a las ganas de vivir.

Una vez encontrado el recuerdo, mézclese con otros ingredientes que van surgiendo a medida que concentra su memoria en ellos. De este modo, la evocación será más completa. Cada objeto, cada vivienda, cada espacio público, está asociado a seres queridos, experiencias, sueños y esperanzas, objetivos que valen la pena. Si le cuesta, releea las evocaciones de infancia de nuestra amiga Rosita, cuya sensibilidad despertará en usted esa capacidad aletargada.

El tiempo de amasado no debe ser excesivo ni superficial. El amasado de una buena preparación es necesariamente un acto de amor.

 

                        Mi madre, que era muy criolla, / Le echaba amor a la olla

                                        Armando Tejada Gómez

Si lo desea, puede agregarle otros ingredientes que estaban ausentes en el original, pero presentes como deseo. Puede ser válido, si le gusta.

Pero el tiempo de cocción no debe ser excesivo, pues el secreto del éxito de toda preparación sutil de una emoción es el punto justo, que motive el deseo de volver a vivenciar lo evocado. Lo demasiado, está de más. 


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