1er. intento naif, algo así como impresionista
ONÍRICA
Evoco
sueños
mientras
se esfuma el tiempo.
Cae
la tarde.
Barriletes
resisten en lo alto.
El
trino de los pájaros
colorea
el silencio
dibujando
una armonía que despierta
corazones dormidos.
Al amanecer la claridad despunta
sobre la sombra de los árboles, los patios y los techos.
VIVA ZAPATA
Está partiendo al frente el tren cargado
de carabinas, hombres y recuerdos.
Yo he quedado aquí en la retaguardia resistiendo,
clavado a la tierra bajo el sol y mi sombrero.
Me aferro al 3030 y mis escasos cartuchos
y acaricio el caño de mi ametrallador.
El convoy se aleja y los federales se aproximan.
Mi Adelita ya ha subido al tren
que la conduce a la vida y al pasado.
Hago tronar la última metralla
apuntando sin odio a la muerte y al olvido.
Siento un impacto y una mancha en el pecho,
mi visión se nubla y percibo como en sueños
jinetes al galope disparando sus pistolas,
la imagen de ella que agita su pañuelo
y la voz sin rostro de un médico que dice
“Se fue sin sufrimiento…”
Autocomentario:
Si
bien es un lugar común entre artistas y escritores que las obras no deben ser
explicadas por sus autores, pues ni la creación ni la interpretación se pueden
“enseñar” como si fuera un idioma desconocido, como yo no voy a autoadjudicarme el título de poeta que no me
corresponde, sí siento la necesidad de explicar algo.
El primer intento comenzó como una simple ejercitación con algunos ejemplos propios, sin que se me ocurriera ninguno tan bien logrado como los de los poetas que tanto admiro (algunos, anónimos). Pero por otra parte, mi motivación más profunda era escribir algo con un poco más de libertad creativa. Y cuando parecía que ya no se me ocurrían más cosas, me di cuenta, releyendo el primer intento, de que la idea del espejo como oposición, como conflicto, me había atrapado. Inconcientemente, me resisitía a escribir sólo un ejercicio exploratorio. Por más ingenuo que pareciera, la oscuridad, el barrilete que resiste, y finalmente, la luz que va ganado terreno. Como el último párrafo quedaba algo abrupto, sin transición, primero pensé que debía transgredir la norma de las tres estrofas, y agregarle una más para resolverlo. Pero (dale con el espejo) comprendí que ese límite podía resolverlo como si se tratara de un sueño, sin modificar el texto: simplemente, mediante un título que fuera lo más aclaratorio posible.
Una
vez instalada en mí la idea del espejo como tema, desprendiéndola de la
necesidad de expresarla en versos pareados, me decidí a soltarme un poco más, y busqué la oposición
en una situación vital. Como el primer ejemplo que me vino a la memoria y se me
instaló profundamente fue el del gaucho que se despide de los suyos para ir a
la guerra (batalla del pozo de Vargas, federales que siguen a Felipe Varela
contra las tropas del gobierno de Mitre), quise trabajar algo sobre una
situación como esa, y recordé situaciones que sinteticé en una sola: la letra
de Adelita (que va en un solo sentido, siempre él siguiéndola), con
el final de “Por quién doblan las campanas”, en el que el protagonista se queda
solo cubriendo la retirada de sus compañeros (entre ellos, su amada) ante la
persecución de los enemigos. Y por qué no, el final de Casablanca, cuando
Humphrey Bogart acepta que su gran amor se vaya de su vida con otro hombre,
para continuar la lucha en otro lugar…
Me
detengo un poco a analizar el final, al que quise darle tanto impacto como al
balazo mortal: el espejo mezcla el pasado reciente (ella se ha ido) con el
presente de él resistiendo, pero ya sin odio, cumple con su responsabilidad
pero interiormente vencido, lucha aceptando su muerte, y se adelanta en el
tiempo a la opinión externa del médico, una figura impersonal, diagnosticando
que su muerte habría sido sin dolor…
No
sé si me salió bien el espejo desde la cuestión gramatical, como en “la
despedida es corta, la ausencia es larga”, pero estoy conforme con la historia
que conté, y la forma que resultó.
Quise
hacerlo de una forma vanguardista, sin rima, ritmo interno ni estrofas
estructuradas, pero al releerlo me dio la impresión de que se me había “colado”
cierto aire de corrido mejicano, y hasta con algunas rimas asonantes. Pero lo dejé, aunque quizás quede algo
discordante con otras partes que expresan un poco más la intención
original.
En
síntesis, todo el proceso de composición fue un espejo tras otro.
Y creo que con la interpretación, también. Si se quiere ver el contenido ideológico, socio-político, se puede Y si se quiere ver nada más que lo que cuenta, de un modo naif o como una cuestión psicológica individual “humana”, sin nada que ver con ningún otro tema “externo”, solamente “romántico”, también. Y el que quiera ver las dos cosas, puede ser. Porque como dice el viejo tango, “toda carta tiene contra y toda contra se da”.
Y
hasta se daría un “superespejo”: el que más ingenuo parece, es el más político,
tanto en lo metafórico como en lo real, si admitimos la teoría de que lo
politico pasa por el cuerpo y la historia por la vida cotidiana de la gente, y
viceversa, el más político expresa una vivencia individual, psicológica, que lo
político suele dejar de lado, como la mayoría de las interpretaciones de los
historiadores.
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