En su sociedad con su gran amigo Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges dejó algunas verdaderas joyitas en las que ambos desplegaron lo mejor de sus clásicas ironías sutiles con el seudónimo de H. (de Honorio) Bustos Domecq. Lo más conocido de este dúo (convertido ya en un personaje de su propia narrativa, no sólo una firma de los relatos) son los cuentos policiales de "Seis problemas para don Isidro Parodi".
Pero en la década del 60 (la de las nuevas corrientes artísticas del Instituto Di Tella), publicaron las "Crónicas de Bustos Domecq", en la que descargaron su sátira hacia las pretendidamente creativas expresiones cuestionadoras de todo lo que se había hecho antes en la historia del arte, pero más cerca de lo absurdo, el sinsentido o la farsa, la estafa moral, lo inauténtico, una absoluta falta de creatividad. Provocaba admiraciòn lo que resultaba incomprensible, como las 32 latas de sopa Campbell de Andy Warholl, y ecos de la vanguardia de los años 10 al 20, la del mingitorio, el portabotellas y la rueda de bicicleta de Marcel Duchamp.
Recordemos que en el Di Tella, si bien se difundió la obra de Pérez Celis, Julio Le Parc, Gyula Kosice, y otros, hubo personajes entrañablemente desconcertantes como Federico Manuel Peralta Ramos, que expuso una vaca de carne y hueso como metáfora de la Argentinidad al palo de esa época, y recitaba sus poesías totalmente apartadas de las formas a la que el público estaba acostumbrado, como "A mí me gusta acá", o "Soy un pedazo de atmósfera". También esculpió un huevo gigantesco que no entraba por las puertas del edificio. (Ver wikipedia y museo moderno).
En el ámbito internacional, comenzaba a asomar la nariz el hiperrealismo, reproduciendo con la mayor fidelidad y detalle que la mejor fotografía publicitaria.
H. Bustos Domecq hace una burla muy sutil, basada en el lenguaje irónico, fingiendo admirar obras disparatadas, y dirigiendo sus dardos hacia la costumbre de tener un prologuista amigo que le dé crédito a la obra, inventan también el personaje de un "crítico literario" con más apariencias pedantes que conocimientos, y que "elogia" como un opositor al autor, que no oculta en sus llamadas sus diferencias con (contra) él.
El ambiente del Instituto fue criticado desde la izquierda por el snobismo y la frivolidad, en un país atravesado por grandes conflictos sociales y políticos. Raúl González Tuñon, en publicaciones periodísticas y exposiciones, fue el vocero de estas críticas desde el punto de vista de la necesidad de un arte y una literatura comprometidos con las causas y luchas sociales. (1)
Quizás, se reproducía el ambiente cultural de los años 20, con el enfrentamiento entre los escritores de Florida y los de Boedo. El mismo González Tuñón se reunía con poetas de ambos grupos, y de ahí su originalidad, mediante la síntesis de vanguardismo y compromiso social, en poemas novedosos para la época y aún para nuestros días.
Desde una vereda opuesta, Borges y Bioy Casares, hijos de las clases tradicionales, muy alejados de las ideas de izquierda (su punto máximo posiblemente haya sido su apoyo a la República Española contra el franquismo, y contra el nazismo), sostienen y practican esa síntesis entre la crítica a lo inauténtico desde la defensa de lo esencial de la cultura, sin romper con ella. Más sutil, sin duda, que las transgresiones del primer Oliverio Girondo, y al de "Persuasión de los días", de 1942.
Las "Crónicas..." provocaron asombro en los editores, sorprendidos de que Borges estuviera en contra de las vanguardias. Quizás, ese temor contra el establishment del negocio de las galerías de arte (y también, aunque no lo hayan tenido en cuenta, de los medios de comunicación masiva, que difundían este nuevo show de lo novedoso). Quizás, eso explique que aún hoy sea una obra tan poco conocida.
(1) González Tuñón, fiel a su línea ideológica, criticó públicamente al Instituto Di Tella por su enfoque económico y su supuesta desvinculación de las luchas sociales y populares. Esta postura se alineaba con su defensa de una cultura comprometida con las clases populares y en contra de lo que consideraba elitista o ajeno a las realidades nacionales. Su crítica se manifestó en artículos periodísticos, conferencias y debates culturales, donde destacó la necesidad de una literatura y una política cultural que reflejara los intereses del pueblo argentino.(IA)
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