No
sé quién sos, le dije un día a mi sombra,
de
tan distinta que te suelo ver.
En
la penumbra sos un monstruo que me asombra,
invisible
con el sol cayendo a plomo
y a veces, alargándote, te alejás de mis pies.
Ya
no sé si me seguís o te persigo,
otras
veces te tengo a mi costado.
Si
sos mi compañera o mi tristeza,
mi
prolongación o a mi vida te has sumado.
De
pronto la pude oir en el silencio
hablándole a mi mente con su voz descarnada:
No
soy otro, soy parte de vos mismo.
Sin
tu humanidad, no soy nadie ni nada.
Soy
la luz que te alumbra y sin embargo
tu
cuerpo se interpone y pasar no deja.
Soy
hermana de la sombra que habita
en
tu interior, tu lado oscuro es ella.
Esa
que se expresa en tu mirada
aunque
tus ojos nunca puedan verla,
y aunque sientas que te invade y te domina
se esfuma iluminada con tu mirada interna.
Parezco
diferente por la luz que te alumbra
desde el ángulo desde el que se proyecta.
Si me ves monstruosa o que me alejo
tu
otra sombra es la que se expresa.
Pero
recuerda: cuando estás con alguien,
por nosotras… ¡nadie se interesa!
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