viernes, 23 de abril de 2021

3er ENCUENTRO. Contando cuentos

 Miér 14 Abril 2021

    Gerardo y Jorge traen cuentos de su propia cosecha y entramos en la previa con una reflexión crítica de G. sobre su experiencia con un jurado de un concurso literario en el que participó en una oportunidad. El conflicto, según su relato, surgió de una observación que le hizo el jurado sobre el uso adecuado o no de la expresión "a los trompicones" en lugar de "tambaleante". A lo que él retruca con que en un cuento, el jurado había empleado 89 veces la palabra "que".

    La anécdota me parece rica a la hora de extraer conclusiones, salteando el obstáculo que significa el respeto por la sensibilidad del otro, saliendo del involucramiento personal. Me viene a la mente mi propia  experiencia, como estudiante y  como docente, en las comisiones evaluadoras. Y acuden a mi memoria la relación dinámica, de ida y vuelta, entre lo general y lo particular, y la actitud propia de los escritores de literatura fantástica y de vanguardia, de tomar distancia de lo que narran, tomando los hechos como extraños, viéndolos desde afuera, no desde la subjetividad. Siempre pensé que puede venir bien como actitud ante los problemas de la vida.

     En general, y más acá de los cuentos de referencia, que no conocemos, podemos tener en cuenta que en literatura no toda repetición es incorrecta, puede funcionar como un recurso expresivo válido. (Paula la memoriosa, recuerda su nombre: anáfora).  No sabemos si esa observación se cumple en el caso particular del cuento objetado por Gerardo.

    Tampoco estamos en condiciones de evaluar, ni nos interesa entre nosotros, que no estamos cumpliendo el poco grato rol de evaluadores, si resultaba válido el empleo de los trompicones con los que tropezamos, y que a mí también me hacen tambalear en la vereda de mis conocimientos, pues si bien me parece haberme encontrado alguna lejana vez con esa palabra, la falta de uso por mi parte me hace dudar. Me hace acordar a una expresión incorrecta, "trompezón", más conocida por todos nosotros, que quizás derive de un matrimonio ilegal entre tropezar y trompicar.   

   Pero en cuanto a la validez o no de que un autor utilice un término y no otro, ya no depende de las prescripciones de la gramática o de la academia de letras, sino de la decisión de quien escribe. La teoría literaria puede servir al lector y al escritor aficionado, pero su cumplimiento o no, y su transgresión, son decisiones libres del autor. No deben frenar la capacidad y necesidad de expresarse libremente.

    Obviamente, lo más difícil para todos los seres humanos, tanto evaluados como evaluadores, es lograr escuchar las observaciones  de otros, a los que se acepta su existencia cumpliendo su rol al participar de esa situación. Si esta conducta no se respeta, surgen conflictos. Pero no nos engañemos: los seres humanos no aceptamos fácilmente normas ni recomendaciones externas, y necesitamos aprender de nuestra propia experiencia.

   La otra cuestión es si es válido corregir una producción literaria, o artística en general, o si hacerlo es traicionar los que se sintió al crearlo. No hay demasiado acuerdo, y quizás más que razones valederas haya subjetividades distintas. Me viene a la memoria Astor Piazzolla, que cada vez que interpretó sus obras lo hizo de un modo distinto, cambiando inclusive los arreglos. No creo que el sentimiento que les dio origen haya sido lo que cambió, sino los modos de expresarlo. Pero esto no es tan común en la literatura, donde suele haber, en algunos contados, algunas (sutiles) diferencias de una edición a otra, corregida; lo más frecuente parece ser que el escritor quite lo que parece estar de más, cambie alguna palabra por otra de mejor poder expresivo, y vaya puliendo su obra, hasta lograr, como los pintores, el resultado definitivo.

    Esperamos que Gerardo nos envíe sus cuentos, así los publicamos y comentamos en el blog.

    Jorge nos lee su cuento, “La batalla”, que reproducimos en la siguiente entrada.

     


    

   

 

1 comentario:

  1. Hola a todas/os. Tal como citó Luis en la reunión de la semana pasada se leyeron los cuentos y se trataron distintos temas. Muy bueno el taller, demasiado bueno, sobre todo al ver otras cosas bastante mediocres que se ven y se escuchan en otros ámbitos.
    No soy un "escritor", podría categorizarme como un "cuentista". Un contador de situaciones vividas o de ficción, escritas al "modo mío". Digo esto por que créo que hasta los grandes escritores tienen su forma de escribir, usar un vocabulario al máximo rico y estamos los otros muchos, que escribimos con otro recurso verbal.
    También créo que nadie puede "juzgar" el uso de tal o cual palabra por parte de quién escribe, si la palabra está bien escrita es suficiente. Ninguno tampoco podemos juzgar el uso de tal o cual palabra de un libro, así lo escribió su autor y es la opción válida, no que sea la única opción valida, eso no. Seguramente una palabra puede tener múltiples sinónimos, pero el que lo escribió puso la palabra que el quiso.
    Mi palabra dentro de un cuento fué "Trompicones" y según el diccionario de la RAE esta es su definición:

    Trompicón
    (nombre masculino)

    Golpe involuntario dado con el pie contra un obstáculo o contra el suelo al ir andando o corriendo y que provoca una pérdida del equilibrio.

    "cuando se quita las gafas va dando trompicones"

    Bueno aquí está bién clarito... El protagonista del cuento tenía las Uñas Encarnadas de ambos dedos gordos de los pies, por eso al caminar iba a los Trompicones...

    Nadie nunca jamás puede cambiar una palabra de un texto, cuento, escrito, etc, etc, el autor es el único que puede hacerlo si quiere. Pero en mi caso, como lo escribo lo dejo... Y así será siempre. No soy mas que nadie, pero tampoco soy menos que nadie.
    El cuento que citamos durante esa clase ya lo llevaré para leerlo y compartirlo con los integrantes del taller.
    Muchas gracias. Y muchas gracias el poder integrar el grupo del taller de literatura con Luis, una especie de enciclopedia viviente, tanto por su formación, como por su forma de ser.

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