martes, 27 de abril de 2021

EL PALO DERECHO por Gerardo Rodríguez

 EL PALO DERECHO

Cuento de Gerardo G. Rodríguez,  presentado en fase Distrital de los Juegos Bonaerenses año 2016.

    Soy  El Palo Derecho, sí, el derecho. El de este lado de la cancha, el del arco que da a la calle Camarones, el de las definiciones importantes.

    Yo que sé de tiempos malos, buenos y de los más raros, los muy buenos.

    Tengo dos edades, 58 años y 36 años.

    Sí que sé también, de lluvias, granizos, soles extenuantes, golpes y hasta de malas pinturas, que con tal de parecer nuevo me pintaron con cada cosa…

    Algunos se preocuparon por mí, digo esto porque al palo izquierdo y al travesaño los tuvieron que cambiar, como yo estaba sano me dejaron, el tiempo y los golpes pudieron más con ellos, no llegaron a mis 58 años, mi primera edad.

    Todo comenzó en un campito allá por 1911, donde un grupo de apasionados del fútbol crearon mi club “El Banderín”, sí, así se llamó y se llama en reconocimiento al barcito de la esquina de Magariños, Cervantes y Bahía Blanca donde se reunían y que así se llamaba. Ahí se creó y fundó el Club Atlético Social y Cultural El Banderín.

    De un día para otro me fueron a elegir a la carpintería del barrio, yo, el palo derecho,  terminé siendo de urunday, madera dura, que no se dobla, que no se quiebra y que no se rompe y que los bichos no me atacan  (a los insectos me refiero).

    Duré muchos directivos, jugadores, cancheros, directores técnicos y hasta hinchas, claro, son muchos años.

    Y entre esos años he vivido tantas cosas… Por ejemplo, me compartieron muy buenos arqueros, cada uno con su estilo. El Loco Oliviero, que caminaba la línea de cal entre los dos palos tres veces antes de cada partido, Bartolo Floresta, que atajaba con pantalones largos y tenía sobre ellos puestas las rodilleras, El Chino Joménez, que cada vez que le hacían un gol me pateaba a ras del suelo, y entre muchos otros El Loco Delallama, el más raro de todos, ya que cuando le pateaban un penal, siempre siempre se paraba junto a mí a la espera que se lo patearan desconcertando al jugador contrario, así y todo atajó unos cuantos, nunca supe si yo le daba el valor en ese momento crucial.

     Después, cómo no recordar a las duplas de defensores, entre muchas, al Gordo Calderón y al Negro Borda, que disfrutaban del juego y encima tenían tiempo de salir jugando entre risas. Al Colorado Cedro y Adolfo Lunas, dos señores del área chica y grande. A los dos negros, al Negro Tibero y al Negro Blancos, dupla de defensa impasable, de pierna fuerte pero leales. El gringo Tanil, que acomodaba a los jugadores en la cancha, así el equipo siempre debía moverse al ritmo de él.

    También me tocó sufrir a varios delanteros de los buenos, como Tito Aloniso, que acariciaba la pelota de tal forma que siempre terminaba en gol. Al Liebre Burgos, que siempre se la “tiraban larga” y llegaba al arco para convertir. Demás esta destacar a Fito Colivinorelli, al Cabezón Varelar y al Gallego Pallacio, todos excelsos jugadores dentro del área. Pero los más recordados eran los malos, maletas que se les dice, como Enrique “Croto” Doren, errador de goles como pocos, Cucusa Lacanat que de petiso siempre se quedaba corto y en toda su carrera hizo 20 goles nomás, y el peor de todos, el Negro Chiribín, que parecía tener comprados los palos, siempre les pegaba con la pelota y pateaba fuertísimo que estremecía los palos, más el izquierdo y el travesaño, por eso fueron los más sufridos y tuvieron que cambiarlos.

    Así pasó el tiempo, llegó el cambio “generacional” de hace 36 años y de los palos pasamos a los caños, el derecho, el izquierdo y el travesaño. Pero a pesar de que todo se desarrollaba normalmente, a mí no pudieron sacarme. Tan arraigado estaba en el basamento que me dejaron, entonces quedé adentro del caño derecho, quedé como único sobreviviente de aquel día de 1911 en que me trajeron de la carpintería del barrio, me colocaron y todo comenzó.

    Ya las cosas no son como antes, yo ahora soy el espíritu del palo derecho, pero igual veo lo que pasa a mi alrededor y ya nada es como antes. Antes los jugadores estaban una vida en el club y jugaban por amor a la camiseta,  ahora solo duran seis meses y cada vez quieren cobrar más por ponerse la camiseta.

    De las tribunas me han tirado de todo, algunas no me molestaron, otras dejaron su marca en el caño, como la baldosa que arrojaron aquel día del descenso a la C.

    Ya nada es como antes, en fin, mi vida sigue adelante, añorando lo pasado, como cuando festejaron sobre el arco aquel ascenso a la A aquel año 1967.

    Las cosas no fueron bien en años siguientes, bajamos a la C y después de muchos años pudimos subir a la B, donde creo que nos quedaremos.

    El interés por parte de la dirigencia es otro. Ya no está la misma pasión por el club y por el buen fútbol, hoy es otra cosa, así lo escucho decir a los socios del club de hace 70 años. Hasta los socios son distintos, hoy se les llama “triunfalistas” y yo me pregunto: “Si yo aguanté 94 años, buenas, malas y las más raras, las muy buenas, y mi espíritu sigue VIVO, porque los que vienen a la cancha no hacen como yo aunque este adentro de un caño”…

VIVA MI ESPÍRITU, VIVA EL BANDERÍN POR SIEMPRE…


viernes, 23 de abril de 2021

3er ENCUENTRO. Contando cuentos

 Miér 14 Abril 2021

    Gerardo y Jorge traen cuentos de su propia cosecha y entramos en la previa con una reflexión crítica de G. sobre su experiencia con un jurado de un concurso literario en el que participó en una oportunidad. El conflicto, según su relato, surgió de una observación que le hizo el jurado sobre el uso adecuado o no de la expresión "a los trompicones" en lugar de "tambaleante". A lo que él retruca con que en un cuento, el jurado había empleado 89 veces la palabra "que".

    La anécdota me parece rica a la hora de extraer conclusiones, salteando el obstáculo que significa el respeto por la sensibilidad del otro, saliendo del involucramiento personal. Me viene a la mente mi propia  experiencia, como estudiante y  como docente, en las comisiones evaluadoras. Y acuden a mi memoria la relación dinámica, de ida y vuelta, entre lo general y lo particular, y la actitud propia de los escritores de literatura fantástica y de vanguardia, de tomar distancia de lo que narran, tomando los hechos como extraños, viéndolos desde afuera, no desde la subjetividad. Siempre pensé que puede venir bien como actitud ante los problemas de la vida.

     En general, y más acá de los cuentos de referencia, que no conocemos, podemos tener en cuenta que en literatura no toda repetición es incorrecta, puede funcionar como un recurso expresivo válido. (Paula la memoriosa, recuerda su nombre: anáfora).  No sabemos si esa observación se cumple en el caso particular del cuento objetado por Gerardo.

    Tampoco estamos en condiciones de evaluar, ni nos interesa entre nosotros, que no estamos cumpliendo el poco grato rol de evaluadores, si resultaba válido el empleo de los trompicones con los que tropezamos, y que a mí también me hacen tambalear en la vereda de mis conocimientos, pues si bien me parece haberme encontrado alguna lejana vez con esa palabra, la falta de uso por mi parte me hace dudar. Me hace acordar a una expresión incorrecta, "trompezón", más conocida por todos nosotros, que quizás derive de un matrimonio ilegal entre tropezar y trompicar.   

   Pero en cuanto a la validez o no de que un autor utilice un término y no otro, ya no depende de las prescripciones de la gramática o de la academia de letras, sino de la decisión de quien escribe. La teoría literaria puede servir al lector y al escritor aficionado, pero su cumplimiento o no, y su transgresión, son decisiones libres del autor. No deben frenar la capacidad y necesidad de expresarse libremente.

    Obviamente, lo más difícil para todos los seres humanos, tanto evaluados como evaluadores, es lograr escuchar las observaciones  de otros, a los que se acepta su existencia cumpliendo su rol al participar de esa situación. Si esta conducta no se respeta, surgen conflictos. Pero no nos engañemos: los seres humanos no aceptamos fácilmente normas ni recomendaciones externas, y necesitamos aprender de nuestra propia experiencia.

   La otra cuestión es si es válido corregir una producción literaria, o artística en general, o si hacerlo es traicionar los que se sintió al crearlo. No hay demasiado acuerdo, y quizás más que razones valederas haya subjetividades distintas. Me viene a la memoria Astor Piazzolla, que cada vez que interpretó sus obras lo hizo de un modo distinto, cambiando inclusive los arreglos. No creo que el sentimiento que les dio origen haya sido lo que cambió, sino los modos de expresarlo. Pero esto no es tan común en la literatura, donde suele haber, en algunos contados, algunas (sutiles) diferencias de una edición a otra, corregida; lo más frecuente parece ser que el escritor quite lo que parece estar de más, cambie alguna palabra por otra de mejor poder expresivo, y vaya puliendo su obra, hasta lograr, como los pintores, el resultado definitivo.

    Esperamos que Gerardo nos envíe sus cuentos, así los publicamos y comentamos en el blog.

    Jorge nos lee su cuento, “La batalla”, que reproducimos en la siguiente entrada.

     


    

   

 

"LA BATALLA" por Jorge Uriza

 

LA BATALLA

 

    Esto sucedió en mayo del año 2021, aseguran.

    No se hace referencia al lugar, aunque dan por hecho que el poblado está ubicado entre otras dos pequeñas localidades, Chaves y Barra, en Argentina.

   Vicente Salvador se levantaba de madrugada; por su profesión, panadero, era de los primeros en comenzar su jornada de trabajo en el pueblo. Recién empezaba a ordenar las bandejas que utilizaría cuando creyó escuchar una especie de zumbido; cada vez se hacía más fuerte y se parecía más a un rugido. Pensó que algo estarían haciendo en la estación de servicio de enfrente, pero como sabía que faltaban tres horas para que abrieran al público decidió salir a la vereda a constatar. En la esquina ya estaban tratando de averiguar lo mismo que él sus dos colegas: José Víctor y Francisco Agustín, sendos propietarios de las otras dos panaderías existentes en el pueblo.

    –El ruido parece venir de abajo- dijo uno de ellos–. De abajo de la tierra.

    –¿Y sienten el olor? –Un hedor nauseabundo había comenzado a inundar el aire.

   De pronto, un crujido seco y ensordecedor los dejó sin habla, más al ver qué lo había provocado: el pavimento de la avenida principal dejaba ver una grieta que al principio fue angosta, pero que en segundos se convirtió en una canaleta descomunal, no sólo por su ancho, sino también por su extensión, ya que hacia un lado había cortado en dos a la antigua estación del ferrocarril, y hacia el otro, hasta donde les daba la vista, seguía la raja en forma zigzagueante. Por ella comenzó a filtrarse una mortecina luz rojiza y un vapor de un olor indescriptible.

    No se habían dado cuenta, pero al menos otras cien personas habían llegado y estaban presenciando aquel extraño fenómeno; y aunque el sentido común aconsejaba una huida estrepitosa, nadie se movía del lugar. Todos tenían la mirada clavada en la grieta. Sabían que algo más estaba a punto de suceder; y no se vieron defraudados. El primer ser que apareció a través de la bruma provocó un gesto unánime en la multitud: los ojos desorbitados y la mandíbula inferior abandonada a su suerte.

    El visitante no parecía ver a nadie. Sólo olfateaba el aire. Sus ojos eran negros por completo, como si fueran sólo pupilas. De orejas puntiagudas y rostro felino; su cuerpo alto y musculoso, sin vestigios de pelambre, ostentaba un color cobre opaco. Tanto sus pies como sus manos enormes eran garras de pesadilla. Los espectadores apenas respiraban ante semejante visión. E inmediatamente comenzaron a aparecer más de esos engendros; todos exactamente iguales, con absoluto sigilo se iban ubicando al borde de ese abismo infernal, como si hicieran guardia. Eran cientos; o miles, porque nadie sabía hasta donde se extendía la fisura.

    Durante una hora todo fue silencio; nadie hablaba; nadie se movía. Para ese entonces, hombres, mujeres, niños, ancianos, sanos y enfermos, creyentes y ateos, todo el pueblo estaba ahí, siendo testigos de este hecho extraordinario y misterioso.

    Primero fue un leve rumor; después el ruido se fue acrecentando hasta convertirse en algo insoportable; parecía una avalancha; o una estampida de animales salvajes. Cuando el suelo comenzó a temblar violentamente y algunos hasta pensaron en correr, de pronto, súbitamente como había comenzado, el ruido cesó. Los guardias de la grieta se postraron en un gesto de sumisión.

 

    Entonces hizo su aparición un ente inimaginable. De aspecto similar a los demás, pero de un tamaño colosal; lucía dos protuberancias en su cabeza, como cuernos, además de una cola que se movía nerviosamente. En su mano derecha sostenía una espada fabulosa que, claramente, se encontraba al rojo vivo.

    Él sí pareció notar la presencia de la gente. Les ofrendó una lánguida mirada de sus ojos de fuego y una especie de sonrisa maliciosa dejó ver sus afilados dientes de marfil. Todos estaban paralizados por el miedo.

    –Es Lucifer, el primer ángel caído –dijo Mercedes, experta en asuntos de fe y que, a pesar de sus temores, se encontraba en la primera fila de curiosos.

    Inmediatamente decenas, centenares, miles de seguidores de ese líder comenzaron a emerger de la “grieta del infierno”, como ya le llamaba la gente. De aspecto similar al de Lucifer, pero la mitad de su tamaño, iban armados con hachas de piedra y puñales de huesos.

    El ángel caído giró para enfrentar a sus huestes. Les habló en un idioma ininteligible. Cuando levantó su espada dando por terminada la arenga,  miles y miles de hachas y puñales se alzaron acompañados de gritos escalofriantes. Después, simplemente echaron a correr; y a escalar, como si acometieran la ladera de una montaña, invisible para los mortales; al cabo de unos minutos de continuo ascenso, el último integrante de ese ejército dantesco desaparecía tras las nubes negras que, sin que nadie se diera cuenta, se habían instalado sobre la aldea.

    Todos parecían incapaces de emitir una palabra; el silencio lastimaba los oídos; y tan absortos estaban mirando al cielo que no supieron cuándo la grieta volvió a cerrarse, como si nunca hubiese existido.

    –Ahora entiendo. Es hoy. Es la batalla final entre el bien y el mal. El cielo y el averno. Nuestras almas están en juego –dijo de pronto en un grito Patricia Alicia Leticia, otra militante en cuestiones de espiritualidad. Fue suficiente para que todos recuperaran el habla; algunos organizaban cadenas de oración; otros se tomaban de las manos; los de más allá lloraban sin consuelo; confiaban en generar fuerzas positivas con sus rezos; algunos, los menos, le deseaban suerte a Lucifer, aunque en secreto, porque parece que estaba mal visto.

    Los parches de miles de tambores y la estridencia de trompetas potentísimas que parecían llegar del infinito marcaron el comienzo de tres días y tres noches de gritos que venían del cielo, ruidos metálicos, choques de espadas, carruajes y cuerpos; los alaridos erizaban los cabellos.

    Al amanecer del cuarto día, a través de las nubes oscuras que se encontraban tan bajas que casi tocaban los techos, comenzaron a caer los cuerpos. La gente tuvo que buscar refugio; caían uno tras otro, cuerpos sin vida del ejército de Lucifer, pero también seres de una blancura infinita y bellísimas alas. Cientos, miles, de ambos bandos.

    Un cuerpo enorme cayó sobre un Nissan bordó que estaba estacionado, como era habitual, frente a la agencia de lotería. La cabeza se encontraba en una posición imposible, lo cual indicaba que estaba sin vida. Al darse cuenta que se trataba de Lucifer, la gente comenzó a dar gritos de júbilo. ¡El Padre Celestial ha triunfado!, ¡El bien se impuso sobre el mal!, ¡Aleluya, aleluya!, ¡Estamos salvados!, y otras cosas por el estilo, aunque algunos sospechan que tales expresiones de loca alegría solo obedecían a la vieja costumbre de subirse al carro del vencedor.

    Unos metros más allá, sobre la esquina del banco local, las nubes se apartaron para dar paso a un cuerpo que caía despaciosamente, como flotando, hasta posarse delicadamente, de espaldas, sobre el pavimento. Era un anciano de larguísimos cabellos blancos y barba del mismo color; irradiaba un aura de luz, la cual, lentamente, se fue apagando hasta desaparecer. Era ÉL. Y estaba muerto. La gente comenzó a caer de rodillas y a llorar en silencio. Otros, disimuladamente, esbozaban pérfidas sonrisas.

    El Padre Antonio, que había llegado al pueblo a dar una misa, estaba desolado, cuando vio que uno de los seres alados que yacía en el piso aún se movía y le hacía señas con su mano para que se acercara. Y así lo hizo. Se agachó para poder escuchar lo que aquel luchador malherido quería expresarle.

    –Padre, debe decirle a la gente…- susurró el ángel.

   –¿Fue la batalla final entre Lucifer y Dios?- le preguntó el sacerdote.

    –Nada de eso, Padre. Lucifer subió al cielo para formar una alianza con Nuestro Señor.

    –¿Una Alianza? No entiendo –dijo extrañado el religioso.

    –Sí, Padre, una alianza para luchar contra algo tan terrible que no solo aterrorizaba al cielo, también hacía temblar al Infierno. Debíamos enfrentarlo juntos para intentar salvar al mundo y a la humanidad.

    –¿Y qué pasó? –preguntó el cura con voz temblorosa.

    –Lo siento, Padre. Hemos perdido.

 

FIN

 

NOTA: El argumento de este cuento es del escritor mexicano Jorge Machado. El desafío, como ya lo han hecho muchos escritores aficionados, es reescribirlo adaptándolo a su propia localidad, como para espantar las pesadillas que les produjeron. Hoy he hecho lo propio.


Comentarios

Jorge nos adelanta que en su relato es posible reconocer la influencia de Alejandro Dolina.

El antiguo tema de la lucha entre el bien y el mal, entre Dios y el Lucifer, trasladado a los tiempos que corren, en los que ambos parecen unirse, contra un enemigo común, conocido sólo por ellos, ya que en el cuento los habitantes del pueblo se quedan sin saber cuál es, pero sí que seguramente es terrible y (al menos en esta batalla) más poderoso que ambos. ¿O sucederá que triunfó aprovechando la debilidad de una unión imposible, al menos por el momento? (Digo esto recurriendo a mi experiencia en el laboratorio de la vieja botica de mi padre: el agua y el aceite no se unen…, pero el secreto para lograr la emulsión de óleo calcáreo echando en un recipiente aceite y agua de cal en proporciones iguales, consiste en agregarles unas gotitas de ácido oleico y se lo agite antes de usar. Cuando está en estado de reposo, se vuelven a separar.) Para los pobladores, que trabajamos todos los días “abajo”, nos queda observar los hechos (la grieta, la batalla entre ambos ejércitos) como un espectáculo que no terminamos de entender…salvo los resultados.

Esta grieta puede ser también una metáfora sobre el apocalipsis inesperado, imprevisto. Pero real. Imprevisto por nuestra ceguera para reconocer la realidad... 

miércoles, 14 de abril de 2021

1er y 2do. ENCUENTRO. ANÁLISIS DE "LA INTRUSA"

 El cuento tiene una estructura tradicional, como todos los cuentos del autor. Comienza con una descripción de los personajes en su entorno espacio-temporal. Luego va desarrollando el conflicto entre ellos, y se resuelve en el final. Inicio, medio y fin siguiendo la línea de tiempo. Nada de empezar por el final, ni de ir y venir en el tiempo. La acción transcurre siempre en el mismo lugar.

El narrador, en primera persona,  es “Borges”. Lo escribo entrecomillado, pues tratándose de un relato, todos, incluso el narrador,  forman parte de una ficción. No es muy probable que el verdadero Borges haya andado por Turdera.  A no engañarse:  como nos recordó Gerardo, la narración no cuenta la verdad, sino que la literatura hace creíble la narración.

Jorge da un ejemplo admirable: la obra de Juan Rulfo (yo supongo que está pensando en “Pedro Páramo”), cómo logra ese efecto en obras de realismo mágico.   

 Estas observaciones permiten dar otra vuelta de tuerca sobre el tema: el de Borges es un cuento realista, reproduce la realidad sin dar lugar a elementos fantásticos; lo contrario sucede en la obra de Rulfo, donde lo fantástico y la realidad se confunden en un territorio común, impreciso. Pero ambos participan de la misma característica esencial: son narraciones, verosímiles.   

Y para hacernos creíble la narración, el lenguaje utilizado no solo es el coloquial, propio de la conversación, alejado del lenguaje erudito y formal. Las referencias sobre los personajes (a los que él sólo conoce por referencias) son aportadas por otras personas (que sólo aparecen nombradas, sin tener entidad de personajes secundarios), recurso habitual en las narraciones surgidas en el contexto de la conversación, tendiente a reforzar la credibilidad.

También en ese sentido nos llamaron la atención

-La imprecisión en lo que hace al apellido y el origen de los personajes, que han perdido todo contacto con sus raíces europeas, ya totalmente olvidadas, desconocidas hasta por ellos mismos, completamente acriollados culturalmente. Obviamente, un narrador creíble no puede tener ese conocimiento, que sólo puede haber sido registrado fehacientemente en el Registro Civil, que para esa fecha aún no había sido creado. Esa ambigüedad suele existir en los narradores orales informales, “de café”, es propia de esas situaciones comunicativas reales.

-La descripción del ambiente en el que viven es un fiel retrato de la realidad, o parece serlo. Algunos detalles, como la presencia de una Biblia, el relator la introduce como una referencia que le proporcionó el cura del lugar, quien habría ido al lugar en una oportunidad. Esto ayuda a la verosimilitud del relato, pues Borges obviamente no conoció a los hermanos ni el rancho. Él conoce la historia indirectamente, pues le ha sido contada por otros en distintas oportunidades. (Sutilmente, como al pasar, Borges aprovecha para introducir algunas “píldoras” sobre grandes temas filosóficos, como el de la dificultad para conocer la verdad, a la que conocemos por distintas versiones, y nos limitamos a elaborar una interpretación coherente, y por lo tanto creíble, a la que le agregamos algunos ingredientes personales).

-El recurso expresivo, muy fuerte, de no hablar de la muerte llamándola por su nombre, sino por medio de una referencia indirecta, que formaba parte de la formalidad socialmente aceptada, cuando dice que en un duelo criollo (Nilsen) no se llevó la peor parte. La muerte aparece nombrada explícitamente por uno de estos personajes, de un modo brutal, propio de ellos, en la reproducción de una frase expresada en forma directa:

       (…)Hoy la maté.(…)”.

-La existencia real de Santiago Dabove, una de las fuentes que le hizo conocer a Borges esta historia, le aporta más credibilidad al relato. Patricio aporta conocimientos sobre la vida de Dabove, de quien ha buscado datos en la red.

Sobre todo esto, hilvanando este relato, resaltó el admirable dominio del lenguaje expresivo con una notable economía de palabras. Pocas que dicen mucho.

El cuento dispara comentarios de los participantes sobre las costumbres y modos de comunicación social que pudimos conocer entre la “gente de antes”, hace décadas atrás, y que ya no se conocen.


sábado, 10 de abril de 2021

1er Encuentro Miér 31 Mar 2021


Teniendo en cuenta que estamos en el mes de marzo, y éste es el mes en que se conmemoran tanto el día de los derechos de la mujer como el 45° aniversario de la última dictadura cívico-militar, me pareció pertinente traerles un cuento de Jorge Luis Borges, que se llama “La intrusa”, que proponemos  leer o escuchar dirigiéndose a los siguientes links:

https://www.ceferinoflorida.edu.ar/admin/upload/docs/La%20Intrusa.pdf

https://www.literatura.us/borges/laintrusa.html

La versión leída, aunque no demasiado bien, está en

https://soundcloud.com/user-617106803/la-intrusa-de-jorge-luis-borges

 

Resalta en el cuento la clave de la dominación machista sobre la mujer:

-Es considerada una cosa, o un animal, no una persona, y por lo tanto, una propiedad que se puede poseer y usar, o disputar. 

-La sumisión total de la mujer despojada de todo derecho, que acepta esa situación

Reflexionamos sobre la importancia  en nuestra educación sobre las acusaciones a las mujeres “malas”, tratadas como infieles, traidoras, perversas, etc., cuando no aceptan la obligación  de sentir y desear lo que el hombre decreta  que debe sentir.

Ese machismo estaba presente en la música popular y en el cine, muy populares hasta los años 60-70. Recordábamos un recitado gauchesco, “La Estancia del Mojón”´, el tango “Noche de Reyes”, entre otros, que justificaban plenamente el femicidio cometido por el hombre, que en lugar de ser considerado un asesino era tratado como un hombre bueno y honesto, que hizo lo que tenía que hacer, con una reacción vista como  justa y hasta necesaria ante semejante delito contra la honra, y el bolero “Propiedad privada”, por mencionar sólo tres canciones que dejaban totalmente afuera la opinión de las mujeres.  En las películas que trataban el tema, la mujer tenía casi siempre un final trágico, pues si no se suicidaba carcomida por la culpa, algún accidente lo concretaba. Otro final hubiera sido repudiado por escandaloso, y censurado por la autoridad encargada de proteger la moral del público al que se debía respetar. 

No fueron tan populares (¡y lo peor, a lo largo de las décadas!), otras canciones como “Paciencia” (“Paciencia, la vida es así, ninguno es culpable, si es que hay una culpa”)

https://www.todotango.com/musica/tema/125/Paciencia/https://www.todotango.com/musica/tema/125/Paciencia/

En la gran renovación cultural de los años 60 y 70, esas canciones horribles fueron olvidadas, los jóvenes de esa generación (no todos los jóvenes, obviamente) habían empezado a entender el tema con más sensibilidad humana.

Pero ya hace unos cuantos años, 15 o quizás más, ese tipo de letras han vuelto a ser populares entre jóvenes que desprecian el tango y el bolero por antiguos, pero vuelven a una mentalidad que parece retroceder en la época cultural.

 

En cuanto a su vínculo con la relación autoritarismo-democracia, el cuento fue publicado seis años antes de 1976, aunque recordemos que en esa época (1966 a 1973) estaba en el poder la autodenominada “Revolución Argentina”. Época muy politizada en la que Borges enfrenta la acusación de sus  críticos de refugiarse en la literatura fantástica para evadirse de la realidad.

Y sería coherente pensar el sentido de este cuento haciendo algo similar a lo que él hacía cuando tomaba un hecho sucedido siglos atrás, como perdido y rescatado en una selva de citas eruditas para resignificarlo y hacernos pensar en nuestro presente.  Sería ingenuo hacer lecturas simplistas de Borges, su narrativa siempre admite interpretaciones que van mas allá de lo que se vé a simple vista. Maestro de la ironía, demuestra a sus críticos que puede escribir cuentos realistas, ambientados en nuestra realidad, pero que establecen relaciones con nuestra realidad, no solo argentina, sino también universal. Al fin de cuentas, la mejor manera de estudiarnos a nosotros mismos, es estudiar objetivamente a otras culturas y especies. No se estudia la vida social de las hormigas y las aves para conocerlas, sino para reflexionar sobre nosotros.

Se me ocurre que la historia de los hermanos Nilsen y Juliana admite una reflexión basada en la relación entre los dirigentes políticos y la Patria, la democracia. Cuando ellos se disputan la propiedad del Estado y sus bienes, al pueblo le toca jugar el rol de Juliana, víctima pasiva de esa lucha entre opuestos que en realidad tienen la misma sangre. Pueden  disputársela, llegar a acuerdos para venderla o para matarla y hacerla desaparecer, uniéndose para que la rivalidad no termine con ellos, o con uno de ellos. Se necesitan para seguir siendo como son.

Quizás, estos dos orilleros de 1890, y esta Juliana (nombre vinculado con nuestra fecha patria) estén hablando de nosotros mismos. De una Juliana que .no es dueña de su propio destino, y hasta de su propia vida, aceptando paciente, padeciente, pasivamente,  su destino enajenado, sometido.

Tal vez la ironía que fue distintiva de Borges (cuando afirmaba que su literatura era sólo eso, literatura, nada más que un juego, un entretenimiento personal), haya sido, como toda ironía, una manera de evitar, más con sabiduría  que  con cobardía, la feroz oposición que suelen provocar las palabras portadoras de verdades profundas que no deseamos escuchar.

   

EL INFORME DE BRODIE  (Libro en el que figura “La intrusa”)

http://www.ignaciodarnaude.com/textos_diversos/Borges,El%20informe%20de%20Brodie.pdf


 OBRAS COMPLETAS

viernes, 9 de abril de 2021

PRESENTACIÓN

 OBJETIVOS, CARACTERÍSTICAS Y MODALIDAD

DEL TALLER

Nos proponemos desarrollar un espacio de intercambios entre los participantes y el docente sobre obras literarias de su interés personal, analizando sus valores estéticos y su contenido, como así también producciones de los mismos asistentes al taller. Rescatamos la literatura como una necesidad básica de expresión, búsqueda de nuestro yo profundo, necesidad del otro que nos re-conozca, como acto de liberación de nuestros sentimientos, inquietudes, deseos, y sensibilidad. Y también, como un enriquecimiento cultural, que nos permite valorar y experimentar, como lectores y como escritores, un mayor dominio de la palabra en lo que hace a sus posibles significados y a la potencialidad estética creativa de búsqueda de nuevas formas expresivas que nos ayuden a revalorizar y darle significado a las cosas, a la vida, a nosotros mismos. A reconocernos en otros personajes literarios y en otras personas con quienes compartimos el taller, y fuera de él, nuestra experiencia de vida.

Las obras seleccionadas, por lo tanto, serán aportadas tanto ´por quienes asisten al taller como por el docente a cargo. Este último orientará su elección según lo que considere importante hacer acercar los asistentes textos que permitan ampliar el universo estético y de significado a lo ya conocido.

No nos proponemos, sin embargo, ejercer ningún tipo de presión sobre los participantes a partir de juicios de valor sobre sus producciones, ya que fundamentalmente partimos de la necesidad humana de vincularnos con la literatura como medio de expresión.

Si bien el intercambio personal se desarrolla en forma presencial, habilitamos este blog para registrar una síntesis de lo tratado en cada encuentro, y, dentro de las limitaciones de nuestra memoria, los aportes de los asistentes. Quedando abierta la posibilidad de que quienes por distintas razones no hayan concurrido a los encuentros, puedan tener un seguimiento y ampliar lo conversado con sus comentarios. Así también, los que hayan concurrido podrán completar cada registro con sus aportes, ya fuera que se hayan volcado en el encuentro presencial, como nuevas apreciaciones, nuevas vueltas de tuerca que deseen aportar sobre el tema, mediante los comentarios en el blog.

Se recuerda a los que aún no hayan podido asistir a los encuentros, que el temario, los textos y las actividades están abiertos a las propuestas que traigan los participantes.