El cuento tiene una estructura tradicional, como todos los cuentos del autor. Comienza con una descripción de los personajes en su entorno espacio-temporal. Luego va desarrollando el conflicto entre ellos, y se resuelve en el final. Inicio, medio y fin siguiendo la línea de tiempo. Nada de empezar por el final, ni de ir y venir en el tiempo. La acción transcurre siempre en el mismo lugar.
El narrador, en primera persona, es “Borges”. Lo escribo entrecomillado, pues
tratándose de un relato, todos, incluso el narrador, forman parte de una ficción. No es muy
probable que el verdadero Borges haya andado por Turdera. A no engañarse: como nos recordó Gerardo, la narración no
cuenta la verdad, sino que la literatura hace creíble la narración.
Jorge da un ejemplo admirable: la obra de
Juan Rulfo (yo supongo que está pensando en “Pedro Páramo”), cómo logra ese
efecto en obras de realismo mágico.
Estas
observaciones permiten dar otra vuelta de tuerca sobre el tema: el de Borges es
un cuento realista, reproduce la realidad sin dar lugar a elementos fantásticos; lo contrario sucede en la obra de Rulfo,
donde lo fantástico y la realidad se confunden en un territorio común,
impreciso. Pero ambos participan de la misma característica esencial: son
narraciones, verosímiles.
Y para hacernos creíble la narración, el
lenguaje utilizado no solo es el coloquial, propio de la conversación,
alejado del lenguaje erudito y formal. Las referencias sobre los personajes (a
los que él sólo conoce por referencias) son aportadas por otras personas (que
sólo aparecen nombradas, sin tener entidad de personajes secundarios), recurso
habitual en las narraciones surgidas en el contexto de la conversación,
tendiente a reforzar la credibilidad.
También en ese sentido nos llamaron la
atención
-La imprecisión en lo que hace al apellido
y el origen de los personajes, que han perdido todo contacto con sus raíces
europeas, ya totalmente olvidadas, desconocidas hasta por ellos mismos, completamente
acriollados culturalmente. Obviamente, un narrador creíble no puede tener ese
conocimiento, que sólo puede haber sido registrado fehacientemente en el
Registro Civil, que para esa fecha aún no había sido creado. Esa ambigüedad
suele existir en los narradores orales informales, “de café”, es propia de
esas situaciones comunicativas reales.
-La descripción del ambiente en el que
viven es un fiel retrato de la realidad, o parece serlo. Algunos detalles, como
la presencia de una Biblia, el relator la introduce como una referencia que le
proporcionó el cura del lugar, quien habría ido al lugar en una oportunidad.
Esto ayuda a la verosimilitud del relato, pues Borges obviamente no conoció a
los hermanos ni el rancho. Él conoce la historia indirectamente, pues le ha
sido contada por otros en distintas oportunidades. (Sutilmente, como al pasar,
Borges aprovecha para introducir algunas “píldoras” sobre grandes temas
filosóficos, como el de la dificultad para conocer la verdad, a la que
conocemos por distintas versiones, y nos limitamos a elaborar una
interpretación coherente, y por lo tanto creíble, a la que le agregamos
algunos ingredientes personales).
-El recurso expresivo, muy fuerte, de no hablar de la muerte llamándola por su nombre, sino por medio de una referencia indirecta, que formaba parte de la formalidad socialmente aceptada, cuando dice que en un duelo criollo (Nilsen) no se llevó la peor parte. La muerte aparece nombrada explícitamente por uno de estos personajes, de un modo brutal, propio de ellos, en la reproducción de una frase expresada en forma directa:
“– (…)Hoy la maté.(…)”.
-La existencia real de Santiago Dabove,
una de las fuentes que le hizo conocer a Borges esta historia, le aporta más
credibilidad al relato. Patricio aporta conocimientos sobre la vida de Dabove,
de quien ha buscado datos en la red.
Sobre todo esto, hilvanando este relato,
resaltó el admirable dominio del lenguaje expresivo con una notable economía
de palabras. Pocas que dicen mucho.
El cuento dispara comentarios de los
participantes sobre las costumbres y modos de comunicación social que pudimos
conocer entre la “gente de antes”, hace décadas atrás, y que ya no se conocen.
Decía Borges que entre las astucias que le había enseñado el tiempo estaban la de intercalar en un relato rasgos circunstanciales...simular pequeñas incertidumbres, ya que si la realidad es precisa la memoria no lo es... narrar los hechos como si no los entendiera del todo...
ResponderEliminarEn este cuento esa "astucia" es evidente.