Una mujer espera al borde de la noche y el silencio,
sin importarle dónde está,
sin insignias
ni su horóscopo.
Sola y con ella misma,
sola y –literalmente– su alma.
No pasan por su mente pensamientos,
proyectos soñados ni ansiedades.
No escucha las voces a su alrededor.
No necesita nada,
nadie sabe qué espera,
quizás
tampoco ella lo sabe,
pero siempre espera
entre flores y cactus,
entre plazas y pasillos del subte y sus vagones,
entre pasos sin rastros y caras como vacías,
entre gritos y abismos desolados,
ni cercana ni ausente
ella espera.
Quizás espera el alba
pero cuando amanezca
continuará la espera.
Subirá a un tren
y su viaje
también será una espera,
pues su espera es un viaje.
Su espera nos convoca
contra viento y mareas
a recuperar nuestra mirada esencial,
a orientar nuestros pasos
a un camino invisible, inexistente,
oculto bajo las malezas y el cemento,
inundaciones y barrancos.
Esa mujer abandonará este mundo
y su espera continuará en nosotros.
Su espera persistente, inexpresable,
sostiene al universo.
LA ESPERA (SÍNTESIS)
Una mujer espera al borde de la noche y el silencio,
sin importarle dónde está,
sin insignias
ni su horóscopo.
Sola y con ella misma,
sola y –literalmente– su alma.
Su espera persistente, inexpresable,
sostiene al universo.
LA ESPERA (SOBRESÍNTESIS)
Una mujer espera
al borde de la noche y el silencio.
Su espera persistente, inexpresable,
sostiene al universo.