Tenía los años de mi juventud. El horizonte me parecía lejano, pero no tanto. Al menos, posible.
Es decir, el
horizonte posible buscado. Por supuesto, una vez que llegara a ese punto
visible sólo por sus cambios en cada momento y algún punto de referencia (un
cerro, algún árbol, alguna torre, o un edificio muy alto), sabía que no era el
final, sino un nuevo principio, y quizás, de algo no demasiado nuevo, en un
espacio distinto, en otro tiempo, al que también pudiéramos incorporarle (en
plural) las propias ansias que traíamos de nuestra época. O, con más seguridad,
otros que las retomaran y reformularan.
Pero el
horizonte posible, por definición, era el que veíamos. Siempre en construcción, con un objetivo,
una esperanza, un compromiso, un sentido. ¡Allá vamos!
Después, no
lo vi más. Fue como si todo se nos viniera encima, ocultándolo: tormentas, cerros,
edificios, catástrofes, lodo, ciénagas, derrumbes.
Los años me
hicieron ver que no llegamos siquiera a ese horizonte posible, o que nos
encontramos con otro que no estaba en nuestros deseos. De las tinieblas
terroríficas a la oscura mediocridad del vacío, mal ocultado por palabras que
suenan como pescaditos de colores o tormentas de utilería. Y sobrevivimos con
más decisión que esperanza, con más tristeza
que compromiso, con voluntad de ciego ante un camino incierto… Pero viendo el
horizonte en la imaginación, como uniendo el pasado con el futuro en el
presente.
Hoy, después
de tantas travesías, sigo contemplando la belleza de ese horizonte lejano, y me
enciende mi horizonte interior, para seguir andando.
Pero no me
importa ya que sea inalcanzable, y si el mío es posible o no. Porque lo
importante, es seguir marchando... Entregando lo que tengo, lo que pervive en mí
pese a todo. Lo que soy y voy siendo, sintiéndome vivo. Con una vida que tiene
algo de futuro, algo de pasados (*), aquí y ahora.
Y ahora los
dejo, ya he hablado demasiado. Debo seguir marchando. Porque la vida es andar(**)
(*) Sí, en
plural. ¿Quién tiene un solo pasado?
(**)Y, sí. Sin punto final
P.S.: Les
recomiendo escuchar su canción preferida para acompañar esta lectura , si
desean que su sentido sea completo, al llegarles a lo más profundo de su
corazón y sus sueños. ¿Cuál es la mía? No les puedo decir...Tampoco lo hagan
ustedes. La magia es silenciosa.