MANZI AMPLIADO Y EXPLICADO
“Un pedazo de barrio
/ allá en Pompeya / durmiéndose al costado / del terraplén. / Un farol
balanceado en la barrera / y el misterio de adiós que siembra el tren.// Un
ladrido de perros a la luna / el amor escondido en un portón, / los sapos
redoblando en la laguna / y a lo lejos la voz del bandoneón.// Un coro de
silbidos allá en la esquina./ El codillo llenando el almacén…(…)Barrio de
tango, luna y misterio / calles lejanas, ¿cómo estarán? (...)Desde el recuerdo
te vuelvo a ver…!”
(Homero Manzi, Barrio de tango)
“Nostalgia de los
años que han pasado…/ arena que la vida se llevó! / Pesadumbre del barrio que
ha cambiado / y amargura de un sueño que murió…”
(Homero Manzi, “Sur”)
La
escena evocada tiene lugar en un espacio
urbano, o más concretamente suburbano; son imágenes del barrio de Pompeya, pero que pueden verse o
recordarse en tantos otros, en pueblos
del interior inclusive son reconocibles, como es el caso de mi pueblo, ubicado
a 500km de la Capital, Buenos Aires. Ese espacio que vuelve recreado en la
memoria, no es todo el barrio, sino una parte de él, la zona cercana a la
estación del ferrocarril, en el horario nocturno, cuando parece que todo el
barrio duerme, pero sería más exacto decir que casi todo, o casi todos, la
mayoría de los vecinos: laburantes, trabajadores y comerciantes, amas de casa,
escolares, costureras, para quienes el
descanso nocturno es necesario para empezar a cumplir con sus responsabilidades
de la mañana siguiente, bien temprano.
En
la barrera que controla el tránsito de vehículos deteniéndolo cuando pasa el
tren, sólo el movimiento regular del balanceo pendular de un farol. No hay
automóviles ni carros que circulen por el lugar desierto en ese momento.
El
solitario tren nocturno se aleja, cruzando la oscura noche, recordando
sugestivamente un enigmático misterio como un adiós, que como toda despedida
genera inquietudes espirituales en
nuestra alma, en nuestra psiquis más profunda: quizás podamos sentir que
ese tren misterioso, con su color oscuro que se sumerge en la noche profunda, se va yendo como el tiempo, que es como la vida que pasa, con sus
momentos vividos que se alejan quedáqndose, adónde irá, cuando vuelva quizás no sea el mismo,
ni baje la misma gente, qué será de ella mientras observan las casas que parecen correr en dirección opuesta mientras los pasajeros están quietos, haciendo un
viaje que recuerda una cuenta regresiva, y qué sentirán cuando bajen del tren,
qué será de sus vidas, porque ese tren
es a la vez rutinario y único, irrepetible. Misterio insondable, que alejándose
penetra muy profundamente en nuestro espíritu, poblándolo en silencio de emociones, sentimientos,
inquietudes, incertezas, de un modo
insondable e inexorable, porque jamás las expresamos, aun cuando intentemos interpretarlo, darle una explicación a ese
misterio. Porque la verdad queda adentro muy profundo, como el agua de la
laguna, que lentamente se mueve en la superficie, que es lo único que vemos…
Y
un poco más allá, en la esquina del almacén, los insomnes desvelados que
transitan su insomnio y sus desvelos, sus soledades e inquietudes, con hábitos
gregarios, juntándose con otros como ellos con la excusa del codillo, sin el
que no pueden irse a dormir. Ganar o perder no importa tanto como pasar el
tiempo, y seguir formando parte, como siempre, de un espacio y un grupo, de un
grupo en ese espacio…
Otros,
una barrita de amigos, haciéndose presentes, y haciéndose sentir presentes,
silbando en la noche, como diciendo aquí estamos, pero ocultando en el grupo su
sensación de soledad, su disimulado hartazgo, sus deserciones e incertidumbres.
Mientras
los sapos buscan también encontrarse croando como un redoblante desde la
laguna, que quizás para nosotros sea nada más que un pequeño charquito, y los
perros, también de un modo incomprensible y misterioso, parecen enloquecer
ladrándole a la luna, tan grande y solitaria, cumpliendo con su rutinario
reinado nocturno hasta que el sol traiga nuevamente la expansión de la luz y la
claridad.
Y
una pareja aprovecha la oscuridad de la noche para amarse a escondidas contra
un solitario portón, que no los delatará manchándoles la ropa como los rojizos
ladrillos del corralón.
Esta
escena evocada se repite noche a noche, y queda eternizada, grabada y recreada,
guardada para siempre en la memoria, en sus remembranzas nostálgicas del barrio,
para que sigan existiendo en lo más profundo de nuestros sentimientos. Porque
quizás, después de todo, tenemos necesidad de que algo no cambie, que
permanezca siempre igual, sirviéndonos de refugio ante un mundo cambiante,
inseguro, que destruye nuestras certezas del pasado, del que no nos queda nada,
salvo el recuerdo, como espíritus de fantasmas queridos que noche a noche
pueblan nuestros sentimientos noctámbulos, para compensar, balanceando, un
presente en el que nos cuesta establecer vínculos, porque no nos sentimos parte
ni nos integramos.
* * *
GÉNESIS
La creación
1 En el principio creó
Dios los cielos y la tierra.
2 Y la tierra estaba
desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el
Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
3 Y dijo Dios: Sea la luz;
y fue la luz.
4 Y vio Dios que la luz
era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.
5 Y llamó Dios a la luz
Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día. 6 Luego
dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las
aguas. 7 E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la
expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.
8 Y llamó Dios a la
expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo
DIGRESIONES SOBRE EL GÉNESIS:
“NO ACLARE QUE OSCURECE”
(Tributo a césaR brutO).
Lo que voy a contar sucedió al principio, es decir, en el comienzo de todo lo que
existe, de todas las cosas del mundo en el que vivimos, menos lo que ha sido
creado por el hombre, o sea, cuando el universo, la naturaleza, las piedras y
las montañas, los mares, lagos y lagunas, ríos y arroyos, las plantas, los
animales, los hombres, y hasta las moscas y los mosquitos, y los bichitos más
pequeños e invisibles, nada de eso existía. Ni el viento ni la lluvia, nada,
pero nada, nada de eso había.
Y
entonces hubo un momento en el que hubo una gran transformación, un cambio
trascendente, impresionante, definitivo. Una revolución extraordinaria que
cambió todo para siempre.
Sucedió
que Dios, es decir, el Gran Espíritu Superior, que se lo llama Dios, pero eso
por costumbre de llamarlo así, como se dice en nuestro idioma, en la lengua que
hablamos nosotros, que es el español o castellano como también se lo llama,
porque en italiano es Dío, en francés es Dieu, en portugués es Deus, pero que
viene de Zeus, como llamaban los griegos a su dios supremo, o Teo, que quiere
decir lo mismo pero derivado del latín, que era el idioma que se hablaba en el
Imperio Romano; por eso también se lo llama El, pero no porque se refieran a
él, que en plural se dice ellos, porque resulta que El era el nombre que le
daban al dios benefactor en la Mesopotamia, la Mesopotamia de Asia, entre los
dos ríos que son el Éufrates y el Tigris, no la Mesopotamia de acá, que también como está entre dos ríos que son el río Uruguay y el río Paraná se la denomina así; no tiene que ver con la provincia de Entre Ríos ni
con Santa Fe, que aunque parezca que tiene que ver con la Biblia no es ni
siquiera una provincia donde sean todos muy cristianos; y lo llamaron El con
esa palabra que ya era conocida por los que no entendían el griego ni el
latín, que eran muchos, porque esos
idiomas no los hablaba todo el mundo, sino los funcionarios del gobierno y la
gente muy culta, porque era como el guaraní en Paraguay, por poner una comparación,
o como el quechua en Bolivia. O sea que parece ser que el verdadero nombre era
Yavé, sería posiblemente porque él al instante, porque para él no existe el
tiempo porque es eterno, lo vé todo, hasta los pensamientos de la gente, no
vayan a creer que es usted el que ya vé a Dios, porque no es muy seguro, más
bien rarísimo, que alguien lo vea o lo haya visto, o lo pueda llegar a ver, y
cuando alguno dice que lo ha visto hasta la misma Iglesia lo duda, y eso no
quiere decir que no exista, porque al fin de cuentas, los rayos infrarrojos
tampoco los vemos, y sin embargo existen, créase o no. Debe ser por eso, para
que no haya tanta confusión, que crea tantas dudas e incertidumbres, también se
lo llama Jehová. Pero si bien esto parece complicado, no es tan difícil de
entender, porque al fin de cuentas yo tengo una amiga que se llama María, y
unos le dicen Mary, otros Mery, el vasco de al lado le dice Marichu, y la
gringa de enfrente le dice Marieta, en la familia le dicen Marita, y la llame
como la llame cada uno, siempre es la misma persona, y así son las cosas y
nadie se confunde ni se equivoca.
Bueno, el
tema es que el Gran Espíritu, llámenlo como quieran, según sus creencias, su
religión, o su culto, o su filosofía, en un momento que fue el instante
primero, dijo con su Verbo, que tampoco podemos decir en qué idioma lo dijo,
porque los idiomas son inventos de los seres humanos para poder comunicarse entre
ellos y hasta para rezar y orar, pronunció la frase que dio comienzo a todo,
pero después que había creado el cielo y la tierra, cuando digo la tierra
quiero decir el Planeta, con el agua también. Y para mí que el idioma del verbo
no se sabrá nunca porque lo pensó y lo hizo realidad, que para eso es dios, y
al fin de cuentas las mamás se comunican así con sus bebés y saben qué les
pasa, o sea que tan imposible no debe ser. Pero se dio cuenta de que la Tierra
estaba completamente desordenada, pero sobre todo vacía, y como además estaba
totalmente oscura, en tinieblas, que lo cubrían todo, hasta los abismos, aunque
eso todavía no era mayormente problema porque no había nadie que se pudiera
caer en ningún precipicio ni pozo profundo, ni tampoco andar chocando con
otros, y el espíritu, el alma de Dios aleteaba sobrevolando sobre las aguas de
los mares. Pero no veía nada demasiado lindo que ver, no se veía nada, y
tampoco había cosas que ver y observar contemplándolas con gusto. Así que otra
vez hizo uso de su Verbo y dijo: Hágase la luz, y entonces fue cuando apareció
el sol, aparecieron las estrellas nocturnas acompañando a la luna cada noche,
que dicen que son soles, pero no se puede creer que haya tantos soles y tan
chiquitos, y que brillen tanto como brillan, y otros me dicen que la
explicación es ésta, que lo que pasa es que están tan pero tan lejos que se ven
como si fueran pequeños, y si es así, menos mal, porque si estuvieran cerca ya
estaríamos sin vida, de tanto calor que haría, y el calentamiento global del
planeta en la Tierra sería una pavada. Y para mayor ordenamiento, organizó las
cosas de tal manera que el cielo quedó separado de la tierra.
El asunto
es que con la luz que no brillaba todo el día, quedaron formados el día, la
tarde y la noche. Y por lo tanto, hubo en consecuencia días y noches separadas,
y por eso después el hombre pudo inventar los almanaques con sus 365 días, o
366 a veces cada cuatro años. Y ese fue el primer día que hubo, fue el comienzo
del principio del tiempo. Y del espacio también, con sus extensiones y sus
distancias, entre otras tantas cosas.
Y todo
eso es lo que pasó el primer día del tiempo, y después Dios siguió con los días
siguientes que continuó creando cosas hasta llegar al hombre y la mujer, que en
ese momento se llamaron Adán y Eva, pero no tenían apellido porque total nadie
los iba a confundir con otra persona que se llamara igual.
Pero lo
que es, yo pienso que haya sido como haya sido, se trate del mismo espíritu con
distinto nombre, o se trate de distintos dioses, si uno se detiene a observar
el mundo, es una verdadera maravilla auténtica, que nos deja asombrados y
sorprendidos, extasiados.
Y más
vale que nos pongamos de acuerdo en eso y dejemos de destruirlo, estropearlo,
contaminarlo con el mayor desorden, para poder seguir disfrutando de la vida,
ese lugar, ese espacio, el tiempo que vivimos, vamos a gozarlo mucho más si lo
cuidamos, lo protegemos, y no lo dañamos. Y ya que estamos con la Biblia, que a
cada rato hay que decir amén, que también digamos con más frecuencia amén,
amen. Porque si no amamos la vida, llegará un momento en que en vez del
principio tendremos que explicar el final, y decirle amén a muchas cosas. Y eso
que Dios o como lo llamen no lo permita, pero tampoco nosotros.
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