viernes, 30 de mayo de 2025

De "SOBRE LOS ANGELES" de RAFAEL ALBERTI en su etapa surrealista

 RAFAEL ALBERTI 

Los ángeles colegiales

“Ninguno comprendíamos el secreto nocturno de las pizarras 

ni por qué la esfera armilar se exaltaba tan solo cuando la mirábamos. 

Sólo sabíamos que una circunferencia puede no ser redonda 

y que un eclipse de luna equivoca a las flores 

y adelanta el reloj de los pájaros. 

Ninguno comprendíamos nada: 

ni por qué nuestros deseos eran de tinta china 

y la tarde cerraba compases para al alba abrir libros. 

Sólo sabíamos que una recta, si quiere, puede ser curva o quebrada 

y que las estrellas errantes son niños que ignoran la aritmética 

 

 

El ángel de arena    

Seriamente, en tus ojos era la mar dos niños que me espiaban,  

temerosos de lazos y palabras duras.  

Dos niños de la noche, terribles, expulsados del cielo,  

cuya infancia era un robo de barcos  

y un crimen de soles y de lunas.  

Duérmete.  Ciérralos.    

 

Vi que el mar verdadero era un muchacho que saltaba desnudo,  

invitándome a un plato de estrellas y a un reposo de algas.  

¡Sí, sí!  Ya mi vida iba a ser, ya lo era, litoral desprendido.  

Pero tú, despertando, me hundiste en tus ojos. 

 


Los ángeles muertos    

 

Buscad, buscadlos:  

en el insomnio de las cañerías olvidadas,  

en los cauces interrumpidos por el silencio de las basuras.  

No lejos de los charcos incapaces de guardar una nube,  

unos ojos perdidos, una sortija rota o una estrella pisoteada.    

Porque yo los he visto:  

en esos escombros momentáneos que aparecen en las neblinas.  

Porque yo los he tocado: en el destierro de un ladrillo difunto,  

venido a la nada desde una torre o un carro.  

Nunca más allá de las chimeneas que se derrumban  

ni de esas hojas tenaces que se estampan en los zapatos.  

 

En todo esto.  

Mas en esas astillas vagabundas  

que se consumen sin fuego,  

en esas ausencias hundidas  

que sufren los muebles desvencijados,  

no a mucha distancia de los nombres y signos  

que se enfrían en las paredes.  

Buscad, buscadlos:  

debajo de la gota de cera  

que sepulta la palabra de un libro  

o la firma de uno de esos rincones de cartas  

que trae rodando el polvo.   

Cerca del casco perdido de una botella,  

de una suela extraviada en la nieve,  

de una navaja de afeitar abandonada al borde de un precipicio. 

 

martes, 20 de mayo de 2025

EL FLACO LUIS Y EL DE HOY por Luis F. Gobea

Dicen que viajando se fortalece el corazón... (Litto Nebbia)

Sentir / que veinte años no es nada.. (Alfredo Lepera)

Primero hay que saber sufrir /después amar /, después partir / 

y al fin andar / sin pensamientos.. . (Homero Expósito)


En el diario “La Voz del Pueblo” de Tres Arroyos, publicaron una nota sobre el último viaje del tren de pasajeros, al ser privatizado el servicio. La gráfica exhumaba una foto de archivo en el que aparezco a mis veinte años y pico, recién llegado de la Capital, caminando por el andén, con bastantes kilos menos, unos cuantos pelos más, la expresión corporal altiva, la mirada lejos, y las angustias al alcance de la mano.


Cuánta firmeza en mis convicciones, qué libertad interior, y qué seguridad en el paso. Y la certeza amarga de ser conciente de lo que se avecinaba.

El viaje era, a la vez, un viaje interior. Desde mi presente en la facultad, a Tres Arroyos, la ciudad inolvidable donde pasé mi adolescencia en el Colegio Nacional, con recuerdos tan vívidos…Alegres y tristes, fueron momentos definitivos que están siempre presentes en mí. De allí a mi pueblo, las raíces, mis padres, mis amigos de la infancia, la bohemia impensada en un pueblo de chacareros, escuchando tangos, rock y jazz en la confitería cerrada hasta las 6 de la mañana, nuestras confesiones de sueños y fracasos…, y los comienzos de la larga enfermedad de mi viejo, siempre tan aferrado a la vida pese a todo, y la declinación de mi madre a partir de ese momento…

 Volver a la capital era volver, como digo, a mi presente, con la nostalgia y la preocupación por debajo… Las transiciones de una etapa a otra suelen ser inolvidables, pero también dramáticas…

No le reprocho nada al que fui cuando joven. Elegí el camino que me llevó hasta lo que soy, no me arrepiento de nada, pero no puedo decir, como la canción de Edith Piaff, que no me importa el pasado. Es fácil ver las equivocaciones varias décadas después, aunque no lo es tanto elegir las alternativas que en el momento no se ven por ningún lado. Se sale del laberinto siguiendo el camino recto, pero no es tan simple derribar las paredes paso a paso para construir ese camino. O peor: abrirse camino en la selva a machetazo limpio, como si no hubiera peligros que enfrentar… Los caminos de la vida se transitan sin drones ni GPS.

 Hoy, por supuesto, no estoy conforme con la situación actual, pero sí con mi vida, pese a los errores que, al fin de cuentas, también los disfruté. No hubiera construido nada de mi presente sin mis decisiones del pasado.

Le agradezco a aquel Luis su valentía a la hora de tomar decisiones, las experiencias que se animó a pasar, y haber sabido, a los 20, sintetizar pasión con análisis sereno, conciente, algo cercano a la prudencia. Aunque no siempre me entendieran…Haber conservado esa actitud durante el resto de mi vida me ayudó siempre a transitar los cambios de la suerte y de la historia, sin autoengaños ni ilusiones. Y al de hoy, haber sido fiel a esa síntesis de sensibilidad, creatividad e imaginación, con análisis científico de las cosas, la filosofía y la vivencia. El gusto por la música marcándome el camino: la sensualidad para vivir la vida del jazz, el coraje del tango para bancarse los malos  momentos con un ritmo para salir a bailar, y la flor de la poesía y el amor en las zambas y en las canciones melódicas que festejan  el amor y la vida.  

Un amor y una vida que me llegó como lo deseé en mis 20 años, con mi mujer soñada, los hijos que han tomado sus decisiones con libertad responsable, y una vida que todavía tiene cuerda, con mi mente siempre abierta a los cambios que puedan venir. Hay mucho por soñar, por construir, por ver, por encontrar, por disfrutar. Al fin de cuentas, con unos cuantos pelos menos y unos kilos más, y las necesarias cicatrices, la actitud sigue siendo la misma, Flaco. Porque el tren no corre más, pero la vida se sigue transitando. Y hay bastante por andar…

¿Y sabés una cosa? Cada vez que tomo un cafecito caliente en pleno invierno, saboreo un vino tinto mientras hago una parrillada, o tomo un mate al levantarme, mientras practico esa versión  pampeana de la meditación, siento que vivir también es un compromiso con tus ganas veinteañeras, tus sueños y sufrimientos... y  de los que me siguen acompañando en la memoria. ¡Brindo por vos, Flaco! Y por todos ellos... Cincuenta años después, yo tampoco me rindo...




ÍNDICE

MI PRODUCCIÓN LITERARIA (LFG)


HORIZONTES

  Tenía los años de mi juventud. El horizonte me parecía lejano, pero no tanto. Al menos, posible. Es decir, el horizonte posible buscado....