viernes, 21 de octubre de 2022

ACERCA DEL TIEMPO, LA MEMORIA, LAS MÁSCARAS Y EL RENACER

MI PRODUCCIÓN 2022 


ACERCA DEL TIEMPO, LA MEMORIA, LAS MÁSCARAS Y EL RENACER

 

El tiempo pasa, es cierto,

pero no es lo que importa,

y te provoca asombro

como si no te dieras cuenta que existiera.

Porque en realidad no estás en esas fotos,

con sus modas y máscaras.

La memoria no es eso, no recuerda

con la exactitud de la mejor lente fotográfica

los rasgos de la cara, los detalles,

los pliegues de la ropa, las arrugas…

Sólo los ríos interiores que corrieron debajo de tu piel,

la emoción que perdura pese a los almanaques,

lo que nunca dijiste ni dirás ahora,

como la brisa que en ese momento te acarició,

o la sensación de la lluvia haciéndote renacer como a las plantas,

y ni siquiera son como una fotografía.

Está armada como un rompecabezas al que le faltan piezas,

como los fotogramas de un rollo de película

que ves como si fuera  uno solo.

El tiempo de la memoria es el que quedó dentro tuyo,

es un momento sin tiempo:

no están en los almanaques

ni tus noches de insomnio

ni la explosión de tu alegría

ni la conmoción de ver por primera vez

el mar y el cielo confundiéndose

mientras sientes el oleaje de tu mar interior,

ni tu soledad caminando por la calle cuando todos se han ido,

ni tu mirada de niño desolado

ni en el primer abrazo a la mujer que amas.

No renace tu cara mientras las evocas,

renacen los sucesivos recuerdos de un recuerdo

debajo de las cronologías y las máscaras,

en la sensación de recuperar lo perdido

y lo que siempre conservas,

el ayer y el hoy en un solo momento

que no puede registrar las melodías de la vida. 



miércoles, 12 de octubre de 2022

REUNIÓN DE PROMOCIÓN (LOS ARQUEÓLOGOS)

MI PRODUCCIÓN LITERARIA 

                   

REUNIÓN DE PROMOCIÓN (LOS ARQUEÓLOGOS)

Por Luis


A Jean-Paul Sartre, por lo de "El Ser y la Nada"                                        


A poco de encontrarnos, la auténtica alegría por algo que compartimos

y en cierto modo continúa uniéndonos

de un modo subrepticio pero tácito,

y de alguna manera comprobando que aún estamos vivos,

invaden la mesa las momias de recuerdos ajados

y anécdotas cuya veracidad incomprobable,

todos consideramos secretamente sospechosa,

a la que cada uno le agrega un nuevo detalle

rápidamente aceptado por la carcajada general.

 

No nos ha reunido, sin embargo,

la necesidad de compartir vivencias

que ya quedaron definitivamente inalterables

en los callejones de la memoria

haciéndonos revivir las hojas

del árbol del recuerdo.

 

Ninguno saca a luz lo que verdaderamente le remueven esos tiempos

dorados y burbujeantes como el contenido de las copas,

sus verdades más íntimas, sus callados rencores,

silenciosas angustias, pozos de soledad y amores que no fueron.

Algunas ráfagas de sinceridad brutal, con cierto tono de desprecio,

balances negativos de experiencias pasadas y posibles,

son tan fantasmagóricas, desprovistas de vivencias de carne y sueños,

descarnadas de sí mismas, ahuecadas de vidas y sentires,

fingiendo candidez y mentes claras

sembrando frases hechas y lugares comunes

entre burlas y elogios que suenan a ironías

aceptadas por la buena convivencia.

 

No son los mismos de antes, tampoco los de ahora,

y menos aún los que fueron creciendo.

son máscaras vacías simulando alegría,

sabiduría que les habría dado la experiencia,

y un presente decoroso e incierto,

con referencias vagas e imprecisas, contradictorias.

Comen sin digerir y apuran tragos para frenar sus lenguas.

 

Nos vamos convirtiendo en arqueólogos en las cavernas del pasado

recogiendo fragmentos de recuerdos fosilizados,

intentando recomponerlos en equipo

con frialdad distante y objetiva de científicos

analizando vidas muertas,

ajenas,

como si nunca hubiéramos formado parte de ellas.

 

Se introduce un hueco de silencio entre las carcajadas

cuando irrumpe la helada presencia de los que ya no están.

El tono se torna grave, pero hay que buscar atajos

con la frialdad de un certificado de defunción

para suavizar la angustia que produce el boquete:

Que fue por culpa suya,  que de alguna manera se la buscó, estaba cantado, pobre,

Que alguna fatalidad, es el destino, qué se le va´cer

Era un buen tipo, y lo entierran nuevamente en ese lugar del que no debió salir,

y un brindis a su  memoria intenta resolver cómo seguir,

y esquivar la sensación de que un vacío oscuro  ha irrumpido en la mesa

Ahora que las máscaras han caído y hay que colocárselas  de nuevo

con inocultable incomodidad,

sin darse cuenta de que la nada

ha estado presente desde que comenzó la fiesta

que en realidad es el festejo de que nosotros todavía estamos de este lado,

hablando de la ausencia de otros,

 Ypoco queda para continuar,

y las botellas de alegría artificial ya están semivacías y perdieron su magia.

Menos mal que las redes ya están llenas de fotos instantáneas

y no nos pesa tanto la foto del grupo antes de irnos

Qué bueno habernos encontrado, tendríamos que reunirnos más seguido, un día de estos te  llamo,  

y cada uno se introduce en el propio vacío de su auto

o de un taxi anónimo que pasa, por suerte,

a esa hora que siempre es peligrosa.

 

Cuando me voy respiro el aire puro de la calle,

la  vida vuelve a mí, recupero mi piel,

pisoteo las máscaras de ocasión que han caído en la vereda y el viento las arrastra.

 

Al entrar en mi casa, yo me estoy esperando.

Beso a mis hijos que duermen

y ya abrazado a mi mujer siento

que la sangre palpita nuevamente en mis venas.

 

--Cómo te fue, qué tal estuvo todo, me pregunta.

--Bien, le contesto sonriendo.

--Cómo estás?

--Cansado…Al fin estoy de vuelta.

Y me hundo entre sus brazos.


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HORIZONTES

  Tenía los años de mi juventud. El horizonte me parecía lejano, pero no tanto. Al menos, posible. Es decir, el horizonte posible buscado....