MI PRODUCCIÓN LITERARIA
REUNIÓN DE PROMOCIÓN (LOS ARQUEÓLOGOS)
Por Luis
A Jean-Paul Sartre, por lo de "El Ser y la Nada"
A poco de encontrarnos, la auténtica
alegría por algo que compartimos
y en cierto modo continúa uniéndonos
de un modo subrepticio pero tácito,
y de alguna manera comprobando que aún
estamos vivos,
invaden la mesa las momias de recuerdos
ajados
y anécdotas cuya veracidad incomprobable,
todos consideramos secretamente
sospechosa,
a la que cada uno le agrega un nuevo
detalle
rápidamente aceptado por la carcajada
general.
No nos ha reunido, sin embargo,
la necesidad de compartir vivencias
que ya quedaron definitivamente
inalterables
en los callejones de la memoria
haciéndonos revivir las hojas
del árbol del recuerdo.
Ninguno saca a luz lo que verdaderamente
le remueven esos tiempos
dorados y burbujeantes como el contenido
de las copas,
sus verdades más íntimas, sus callados
rencores,
silenciosas angustias, pozos de soledad
y amores que no fueron.
Algunas ráfagas de sinceridad brutal,
con cierto tono de desprecio,
balances negativos de experiencias
pasadas y posibles,
son tan fantasmagóricas, desprovistas de
vivencias de carne y sueños,
descarnadas de sí mismas, ahuecadas de
vidas y sentires,
fingiendo candidez y mentes claras
sembrando frases hechas y lugares
comunes
entre burlas y elogios que suenan a
ironías
aceptadas por la buena convivencia.
No son los mismos de antes, tampoco los
de ahora,
y menos aún los que fueron creciendo.
son máscaras vacías simulando alegría,
sabiduría que les habría dado la
experiencia,
y un presente decoroso e incierto,
con referencias vagas e imprecisas,
contradictorias.
Comen sin digerir y apuran tragos para
frenar sus lenguas.
Nos vamos convirtiendo en arqueólogos en
las cavernas del pasado
recogiendo fragmentos de recuerdos
fosilizados,
intentando recomponerlos en equipo
con frialdad distante y objetiva de
científicos
analizando vidas muertas,
ajenas,
como si nunca hubiéramos formado parte
de ellas.
Se introduce un hueco de silencio entre
las carcajadas
cuando irrumpe la helada presencia de
los que ya no están.
El tono se torna grave, pero hay que
buscar atajos
con la frialdad de un certificado de
defunción
para suavizar la angustia que produce el
boquete:
Que
fue por culpa suya, que de alguna manera
se la buscó, estaba cantado, pobre,
Que
alguna fatalidad, es el destino, qué se le va´cer
Era
un buen tipo, y lo entierran
nuevamente en ese lugar del que no debió salir,
y un brindis a su memoria intenta resolver cómo seguir,
y esquivar la sensación de que un vacío oscuro ha irrumpido en la
mesa
Ahora que las máscaras han caído y hay
que colocárselas de nuevo
con inocultable incomodidad,
sin darse cuenta de que la nada
ha estado presente desde que comenzó la
fiesta
que en realidad es el festejo de que
nosotros todavía estamos de este lado,
hablando de la ausencia de otros,
Ya poco queda para continuar,
y las botellas de alegría artificial ya
están semivacías y perdieron su magia.
Menos mal que las redes ya están llenas
de fotos instantáneas
y no nos pesa tanto la foto del grupo
antes de irnos
Qué
bueno habernos encontrado, tendríamos que reunirnos más seguido, un día de
estos te llamo,
y cada uno se introduce en el propio
vacío de su auto
o de un taxi anónimo que pasa, por
suerte,
a esa hora que siempre es peligrosa.
Cuando me voy respiro el aire puro de la
calle,
la
vida vuelve a mí, recupero mi piel,
pisoteo las máscaras de ocasión que han
caído en la vereda y el viento las arrastra.
Al entrar en mi casa, yo me estoy
esperando.
Beso a mis hijos que duermen
y ya abrazado a mi mujer siento
que la sangre palpita nuevamente en mis
venas.
--Cómo
te fue, qué tal estuvo todo, me pregunta.
--Bien, le contesto sonriendo.
--Cómo
estás?
--Cansado…Al
fin estoy de vuelta.
Y me hundo entre sus brazos.
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