miércoles, 6 de octubre de 2021

Chaves escribe 2021. LA LUZ MALA Por Calandria

        Ocurrió en "La Sortija". Como es de suponer, por el nombre, plantada en medio del campo.

     La luna tenía espacio de sobra para alumbrar. Además de pocas casas, había escuela, destacamento policial, teléfono, y un almacén de ramos generales. En ese lugar al caer la tarde, se reunían los lugareños y campesinos. Allí, hacían sus compras y esperaban, jugando a las cartas, la llegada del tren, que traía la galleta fresca de Juan Eulogio Barra y luego seguía para otro pueblo, Coronel Dorrego.

     Una noche, en el almacén de ramos generales, dos amigos, aficionados a la aventura, pararon la oreja, cuando oyeron el comentario que hacían los presentes.

     Según afirmaban, los viernes por la noche, aparecía la "luz mala" en una vieja tapera cercana.

     En un divertido truco, sobre la mesa sobada, entre el humo denso del cigarrillo, caras cambiantes de asombro, risas y un naipe de por medio, surge el entendimiento de los dos amigos, al cruce de una mirada.

     Gringo y Cabeza, que así se apodaban los muchachos, lo planearon todo. Convinieron en que se atarían; de modo que si uno se asustaba, el otro no tenía más remedio que seguirlo.

Irían por la vía hasta el camino que la cruza. De allí quedaba cerca la tranquera, y aproximadamente a mil metros, la tapera.

     Cuando llegó el día fijado, armados con sendos cuchillos y linternas, los amigos atados, salieron de la pequeña estación "La Sortija".

     No calzaron botas, pues eran más livianas las alpargatas.

     El camino se les hizo corto gastando bromas. Demás está decir, que después de cada suposición, daban rienda suelta a las carcajadas. Se reían, sí, pero lo único que conseguían era asustarse, en forma anticipada. Si en ese momento, un zorro hubiese salido entre las pajas, y pegado un grito, les hubiera hecho  perder la gorra.

    Al pasar la loma, apareció la tapera, que parecía una sombra chinesca, proyectada por el resplandor del anochecer. Cinco altos eucaliptus la escoltaban como soldados de guardia. Avanzaban despacito; se acercaban con suavidad, pues el menor ruido que provocaban, era motivo de sobresalto.

    Anochecía cuando se encontraron frente a la tapera.

    Una puerta de madera desvencijada, crujió al impulso de un pie de los jóvenes. Las luces de dos linternas, iluminaron y recorrieron el mísero interior.

    Un gato negro, flaco, que parecía más un montón de huesos con un cuero encima, se levantó entre las cenizas. Un ¡miau! lastimero, lanzó el pobre animalito. Al ver el gato, no pudieron contener la expresión: -¡La miércoles! ¡Vos sí que estas flaco hermano!

    Como un eco de ultratumba se oyó una respuesta que provenía del fondo, detrás de un tabique. Uno de ellos, que se creía el más corajudo, pegó un salto hacia atrás, y como un resorte arrastró a su amigo en la disparada. A los saltos, entre los cardales, corrieron a campo traviesa, sin mirar hacia atrás.

    Al cruzar las parcelas, dejaban, como las ovejas, muestra de los enganches en los alambrados. Al llegar a la calle, recuperaron el aliento y desataron las cuerdas.

     Durante el trayecto de regreso, se preguntaban si aquella voz rea humana o producto de la imaginación.

    El almacén aún estaba abierto. Las luces, los caballos y los coches así lo indicaban.

   Al aparecer los jóvenes en la puerta, se callaron las voces del interior; a lo que siguió un bombardeo de preguntas.

   Cosa rara para los muchachos fue no encontrar al viejo nutriero, infaltable en las truqueadas. Preguntaron. ¡Hace días que no viene por acá! fue la respuesta.

   Fue suficiente. Otra vez el entendimiento de los amigos, al cruce de una mirada.

   Esta vez, no los movió la aventura, sino una acción solidaria que pudieron concretar con alegría en el alma, pues brindaron al nutriero la asistencia necesaria.

MI OPINIÓN SOBRE EL CUENTO

Parece una narración oral, en el sentido de que en lugar de crear climas se recurre a palabras que significan desde lo denotativo lo que se quiere decir, pero no desde lo expresivo, ni siquiera descriptivo (asustados,) y a expresiones que no son propias en la creación literaria, sino de algunas argumentaciones, sobre todo en el plano oral, tales como “De más está decir”, “Como es de suponer”, que denotan la presencia del escritor más que del narrador.  

Las palabras, en la narración oral, van acompañadas de inflexiones en la voz que destacan expresivamente lo que se quiere decir. Pero son insuficientes en la literatura. Sobre todo cuando el lenguaje neutro no logra impactar en la emoción del lector.

Contiene frecuentes aclaraciones para el lector que no conoce el ámbito rural del distrito: “la pequeña estación de La Sortija”, antes “plantada en medio del campo”, y otras del tipo ”Gringo y Cabeza” (quitarle el artículo “el” a los apodos denota una postura como de “extraña” al medio, pues sólo en la cultura escolarizada o de clase media se considera inadecuadas las formas “el Gringo”, “el Cabeza”).

El estilo pasa a ser más expresivo al entrar en la tapera, etc.

Pero una vez que salen de ella, vuelve el tono inexpresivo, sin crear clima de alivio ni de sorpresa, ni de descubrimiento de la verdad y su consecuente compromiso ético, que se resuelve con una frase moralizante.

Un aspecto  para nada insignificante: la 3ra persona externa a los hechos, y el tono moralizante del final, en palabras del mismo narrador, frustran el impacto expresivo del relato, en una resolución demasiado rápida.

Una vez más, el límite no más de 2 hojas ha sido posiblemente un obstáculo difícil de resolver. Un “detallle” a tener en cuenta por los participantes desde el primer momento que planifiquen su relato.

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