martes, 12 de octubre de 2021

SOBRE "LA ISLA DESIERTA", de ARLT

 1. LA BURLERÍA COMO GÉNERO LITERARIO

Arlt llama a su obra "burlería". El significado del término es bastante claro: toda burla es un engaño que se hace a otro(s) que se convierten en víctimas. Quizás, hoy nos resulta una palabra extraña, menos familiar que el anglicismo adoptado "bullying". Según el diccionario, se refiere a engañar, carencia de veracidad en lo que se piensa, manifiesta o hace. Narración de manera fabulosa, engaño de viejas. Representación que no es real provocada y ocasionada mediante engaño.

 Para Arlt no es un mero sinónimo de "farsa", sino que, por el contrario, hace referencia a que la trama de estas piezas avanzan a partir de relatos fantasiosos, elaborados burlonamente a modo de broma, que algunos personajes construyen para ser oídos por el resto. Todo se suscita a partir de un relato exageradamente fantástico, y transcurrirá en el plano onírico,  pero que no conduce a los personajes a la liberación soñada,  sino a la derrota, temida durante el momento inicial previo a las fantasías de un mundo feliz. Por esa razón, Arlt también llamó a su obra "farsa dramática", o, con más precisión, "farsa trágica", pues si bien el final no conduce a la muerte, sí a la catástrofe para los personajes. 

2. "LA ISLA DESIERTA" COMO OBRA DEL TEATRO DE VANGUARDIA.

    La trama de esta burlería nos recuerda en parte a la saga del Padre Ubú, de Jarry, por sus desbordes alejados de la realidad, pero que terminan mal, pero sin demasiada confianza en que mejorarán de verdad. Es que como escritor de vanguardia, Arlt le plantea cuestiones al público. Cuestiones que le hagan ver, desde otro enfoque distinto al acostumbrado, que la realidad aceptada como buena, o por lo menos, normal o necesaria, por la educación familiar, escolar, religiosa, la organización legal, y el mundo del trabajo, no es tan buena sino que es mejorable; y que la fantasía, el simple voluntarismo, el pensamiento mágico, no resuelven el problema, como tampoco los líderes "iluminados" que supuestamente conduzcan a las masas encandiladas por la fantasía, sin un trabajo de reflexión, debate, organización y propuestas surgidas de la experiencia misma de quienes se decidan a transitar el camino autónomo, personal y colectivo, de su transformación de sujetos a protagonistas activos, que transformen también su realidad. Si la obra tuviera el final feliz que el público está deseando, el engaño continuaría, en cualquiera de sus finales felices posibles. La catástrofe   final conduce a la reflexión, deja un sabor amargo que nos induce a pensar la realidad que vivimos, la necesidad de replantearnos muchas cosas. Porque los sueños, los deseos de libertad, son más fuertes cuando mayor es la opresión. 

3. ASPECTOS VANGUARDISTAS DESDE LO ESTÉTICO 

Si bien la obra transcurre en un lugar real, con personajes reales, en una oficina real, la estética expresionista campea en ella, tanto en el lenguaje descriptivo (no hablado) como en las acciones.

El expresionismo no busca reproducir fotográficamente la realidad, sino mostrando la relación entre las cosas de la realidad y el hombre.Esta representación de la realidad, como si tuviera algo de viviente que puede establecer vínculo de enemistad, de acoso, de malignidad, como si expresara los términos en que se relaciona con los seres humanos, es propia del expresionismo.

En "La isla desierta", la oficina es blanquísima, el cielo que desde allí se ve es infinito y azul; los empleados, encorvados y recortados en el espacio, trabajan en escritorios dispuestos en hilera, como reclutas; el espacio es de una desolada simetría. El jefe está emboscado tras unas gafas negras (lo cual no sólo es amenazante sino que es alguien que se niega a ver la luz y a enfrentar la mirada del otro). Su corte de pelo es como la pelambre de un cepillo. La luz de las dos de la tarde es extrema y pesa sobre los oficinistas. Trasladado esto a la escena teatral, las imágenes deben transmitirlo al espectador, para que éste sienta la realidad que viven estos personajes reales, antes que la realidad objetiva de la oficina desde un punto de vista puramente físico, material, no-subjetivo. El efecto dramático se convierte en efecto político, social, al cuestionar la significación de las condiciones de trabajo alienantes en la vida de las personas "comunes" dentro de la sociedad en que viven. Es decir, con su propia vida. A nivel simbólico, esos empleados se convierten en todos los empleados del mundo que trabajan en una relación de dependencia y en tareas rutinarias. 

 Los roles que desempeñan cada uno de los personajes, con sus respectivas actitudes, pueden ser reconocibles en la realidad, y son parte de la estructura dramática, y permiten, unidos a la técnica expresionista, que el público vea la realidad representada como muy cercana a su propia vida. O al menos, no tan "teatral", sino muy real. "La realidad y la irrealidad se fusionan, y el escenario pasa a ser el reflejo de los modos de sentir de los espectadores, quienes, al verse representados, experimentan una suerte de liberación de fuerzas subyacentes, o dan forma a maneras de pensar que permanecían indiferenciadas entre el potencial de oscuros pensamientos no llegados al nivel de la comunicación verbal." (Mirta Arlt)


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