ALEJANDRO DOLINA.
Como en una charla (magistral) de café, con una mezcla de erudición borgiana, humor sutil y reflexiones filosóficas, mediante un estilo literario fluido que navega a dos aguas entre lo académico y lo informal, este último frecuentemente irónico, entre la mitología griega y las referencias bíblicas y sus cuestiones teologales, y por otro lado las actitudes típicas de personajes reconocibles en el barrio y la filosofía de café tanguera, Alejandro Dolina construye sus relatos sobre la vida cotidiana y sus conflictos, desencuentros, sueños eternos. triunfos efímeros y derrotas absolutas, en la búsqueda del sentido de la vida trascendente o aferrados a una estabilidad cercada con los alambres de púas de las certezas inmodificables. Y la vida sigue, en un carrousel eterno por los recuerdos que suscita y por las cuestiones esenciales de los seres humanos, que pueden volver a repetirse siempre, como en aquellos tiempos evocados en las Crónicas.
De un modo que recuerda al Adán Buenos Ayres de Leopoldo Marechal, al que el autor admira sin caer en la imitación, sus crónicas de hechos sucedidos en el barrio de Flores que salen de lo normal esperable, crean una nueva mitología popular para explicarlos, pero de la que se desprende una reflexión filosófica original alejada del dogmatismo y de todo lo que tenga que ver con el pensamiento rígido y estéril, como todo lo que se impone sin pensamiento crítico. Reflexiones que conducen siempre a un profundo sentimiento humano y humanista, solidario y liberador. En una realidad social sólo modificada por el paso del tiempo, los ángeles no logran grandes resultados visibles, aunque quizás, su triunfo es otro: no el milagro esperado de crear mágicamente un mundo mejor, en el que se satisfagan los deseos individuales y los sueños grandes por lo ambiciosos y pequeños por esa misma razón. Quizás, el milagro que logran (si de verdad creemos que es su milagro, y no el de las personas) es seguir viviendo conservando lo esencial que nos hace queribles, con nuestras pequeñas virtudes cotidianas y nuestros defectos, que nos hace queribles pese a todo, y gracias a todo, entre los que no nos tomamos demasiado en serio la necesidad más inalcanzable: la perfección, lo correcto , lo que se debe ser y hacer según las normas sociales impuestas. Libres, creativos, vitales, sensibles.
Algunas crónicas del barrio de Flores leídos por locutores
y reflexiones en la voz de Alejandro Dolina, difundidas en su programa radial
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