A diferencia de lo que sucede en la vieja Europa, donde las grandes revoluciones culturales asombran por sus transgresiones novedosas, destrozando en los conceptos teóricos y en la práctica artística y literaria el orden lógico de la realidad, donde "lo racional es real y lo real es racional", según lo veía el filósofo alemán Hegel (1770-1881), en nuestra realidad cotidiana la realidad es irracional, absurda, paradójica. Lo cual se nota principalmente lejos de las grandes ciudades, tan parecidas a las capitales europeas.
Aquí, la ruptura con lo racional y lógico es lo corriente. Así lo he observado en mi pueblo. Digo, no sé.
Los invito a leer esto y después me dicen. Puedo estar equivocado. Ya se sabe, demasiada literatura aleja a la mente de la percepción de lo real.
MI PUEBLO ES DADÁ Y
SURREALISTA, CREAMELÓ.
Las cloacas y el
turismo de aventura, un molino australiano, un árbol de navidad, el obelisco,
un avión Cessna, un avión a chorro, Maradona y el mural que representa al
pueblo, la confitería, la vieja barraca, la discoteque, la falsa diagonal, los
espectáculos en el andén, El lado oscuro de la luna, el Cuarteto Imperial, Los
Pericos, un cantor desafinado, Gardel y mis amigos, el panadero, periodista
digital y relator de fútbol.
Así como René Magritte escribió la
desconcertante frase “Ceci n’est pas une pipe”
(Esto no es una pipa) a una de sus
obras que representa precisamente la imagen de una pipa,
yo puedo decir, sin provocar asombro,
que mi texto no es literatura.
Es simplemente una reflexión
espontánea según fueron surgiendo las cosas
ante mis ojos y recuerdos e ideas
en mi cabeza, sin ninguna pretensión literaria. La
literatura es un trabajo
concienzudo que exige dedicación y capacidad autocrítica.
Por ahora, mi natural haraganería
me lleva a preferir el formato de una simple conversación. Porque, como
comprenderán, soy de un pueblo donde no son muy habituales esas virtudes de la
gente honesta y respetable, pero si de intelectualidad se trata,
hemos descubierto sin necesidad de
literaturas ni filosofías, muchas de las
características creadas por los
pensadores y escritores de vanguardia que todavía dan que hablar
entre los académicos de las grandes
ciudades.
Los dadaístas proponían mezclar sin ninguna coherencia
palabras e imágenes como una forma de rechazar lo establecido y de reinventar
el sentido como un niño que aprende a hablar con su lenguaje propio. Los
surrealistas cuestionaron al máximo el concepto de realidad en elarte como
representación del mundo objetivo, incorporando imágenes cuyo sentido proviene
de la semántica particular del inconciente del poeta. Resignifícalo tú mismo,
inconciente lector, libérate de la dominación cultural por los Grandes Próceres
de la Literatura.
Mientras camino rumbo a la panadería, voy relacionando a mi
pueblo con la acumulación de imágenes dispersas con las que Manzi evocó y pintó
con palabras el barrio de Pompeya. Buenos Aires es la coherencia de la
diversidad, difícil de entender a simple vista. El poeta le encuentra, por
medio de la visión emocionada, ese sentido unificador que quizás sus mismos
habitantes no pudieron percibir ni expresar, hasta que lo descubrieron en esos
tangos.
Con todo este bagaje en mi cabeza, voy observando el paisaje
de mi pueblo, tan trillado por su cotidianeidad, que vemos lo mismo de siempre,
sin que nos inspire ni una simple imagen poética. Lo hago sintiendo que estoy
haciendo turismo de aventuras, o imaginando que soy un cazador que avanza entre
la nieve y los peligros de las trampas colocadas. La obra de las cloacas, desde
hace medio siglo reclamadas, empezadas dos veces y dos veces sin terminar,
postergadas por la administración municipal siguiente por estar mal hechas, y ahora
que necesita urgente reconquistar votos perdidos en las paso, parece que se van
a terminar. Pero con una desprolijidad tan grande que no se puede caminar
seguro entre colchones y montañas de barro. Es muy fácil resbalar. Pero peor
puede ser pisar sobre la tierra sin afirmar con que la pala de la excavadora ha
tapado las zanjas. Una señora (joven, por suerte), al pasar muy confiada se
enterró hasta la cintura. Vinieron los obreros a afirmar la tierra, pero al día
siguiente su marido se enterró hasta las rodillas…
De pronto, descubro que somos un pueblo dadaísta y
surrealista a la vez. He visto desfilar figuras fantasmales e incoherentes,
desordenadas y en la frontera entre el recuerdo y la resignificación, entre el
atraso y la posmodernidad. La centenaria estación ferroviaria, que dio origen
al pueblo, en cuyo andén tuvieron lugar representaciones teatrales, y, en un
mismo día, un recital de una banda haciendo covers de El lado oscuro de la luna;
el Cuarteto Imperial; Los Pericos, y un
desafinado cantor local que arrasó con las simpatías del público. La torre de
señales aún conserva la posición horizontal de su advertencia de que está por
pasar un tren por la vía muerta. Junto a los galpones del ferrocarril, el
predio donde las carreras de caballos y las pruebas de destreza de jinetes convocan
multitudes criollas de la región, en un pueblo donde los pobladores sueñan con
llegar a ser una ciudad y todavía se dice “paisano” con desprecio. Un viejo
molino australiano que ha perdido sus aspas es algo así como nuestro obelisco. Adornado
para las fiestas desde hace tres años como un arbolito navideño desarmado
después de cada 6 de enero, este año continúa armado y tenemos Navidad durante
todo el año, pero sin lucecitas porque hubo un desperfecto que no se solucionó.
La esquina donde funcionaron las oficinas del empresario más poderoso del
pueblo, luego un boliche bailable, posteriormente un todo por 2 pesos, y
actualmente cerrado. Jóvenes con sus motos y gauchos a caballo suelen usar la
pista para caminar.
Desde la vereda, un grupo de niños cumplen emocionados con
el ritual tradicional de saludar al avión Cessna que sobrevuela bajo, contra
las reglas, como regalando el espectáculo a los vecinos que lo observan. Se
dirige a la última manzana del pueblo, donde está el campo de aterrizaje. Nadie
recuerda al reducido grupo ecologista que denunció el envenenamiento constante
que estamos sufriendo con el glifosato. Nadie tiene en cuenta a los perdedores.
Frente al ex terreno del ferrocarril, la sede del Club Atlético Agrario exhibe
dos murales de Maradona, recordando que
el Diez alguna lejana noche participó de
un partido amistoso cuando se inauguró la
iluminación nocturna en la canchita que fue bautizada con su nombre. El
mural fue hecho por un artista de La Plata, que además nos dejó otra obra como
homenaje al pueblo, representándonos con
las imágenes de una Rastrojero semioculta entre la selva, y un ciervo… Ante el silencioso desconcierto, aclaró que
eran símbolos de la defensa del ambiente y su fauna autóctona, y la Rastrojero,
la había incluido porque le había llamado la atención la gran cantidad de autos
antiguos que había en el pueblo, de industria nacional… Los autos no eran
reliquias de colección, sino Renault 12, Ford Falcon, F-100, de los peones de
campo que venían al pueblo. Esto despertó cierta indignación entre los
propietarios de las 4 x 4, que siendo también numerosos se sintieron
ofendidos como garmenses… Y no demasiado entusiasmo por
parte de los peones, a los que no les resultó gracioso que se los identificara
con esos autos, porque ellos también sueñan con andar en una de estas modernas
camionetas 4 x 4 nuevas… Porque en mi pueblo, que algunos locutores de FM
llaman ciudad, y nos molesta que se nos llame “localidad”, ya que “pueblo”
resulta directamente ofensivo, casi nadie se identifica con lo que es, sino
como lo que desea ser… o ser visto. Ser es ser percibido, decía un filósofo de
la Edad Media de cuyo nombre no quiero acordarme.
Por el cielo del pueblo pasa por la ruta aérea un avión a
retropropulsión, dejando su estela… Pasan los aviones a chorro, los chorros
viajan en avión…
Tomo por la diagonal, como llamamos a una calle que forma
parte de un damero perfecto, pues la verdadera diagonal es la avenida de
entrada y salida al pueblo, paralela a las vías, pero que en realidad no corta
a ninguna manzana en dos mitades triangulares. Lo que llamamos “la calle de
atrás”, “la calle de los camiones”, “donde está la balanza”, en los papeles,
sería la ruta que en La Plata figura como asfaltada, pero sigue siendo de
tierra, 40 años después de “hecha”.
Paso por la manzana de la “diagonal” donde el viejo edificio
de la primera barraca “no pudo ser” el edificio de un proyecto de museo
aplaudido por todos los funcionarios pero que se transformó en una ruinosa
“discoteca” habilitada contra todas las disposiciones y el sentido más elemental. Paso por la
“vereda”, que ya no es de tierra, pues sólo es pastizal alto y bosta de
caballos que suelen pastar allí. Ya estoy llegando a la panadería de mi amigo
Pepe, además, periodista digital, relator de fútbol, y memorioso del pasado del
pueblo. Algo más que el pan voy a buscar.
Porque los garmenses somos así, amigueros. Si uno de los
emblemas de Buenos Aires es Gardel vestido de gala y hasta con sombrero de copa
junto al obelisco, que a nosotros no nos representa para nada. El Gardel
nuestro es el amigo, (*) en noches de bohemia en los cafés, o yendo a cenar
juntos, sin tanta etiqueta, es Gardel y Razzano, Gardel y Le Pera, Gardel y sus
guitarristas… Porque la vida, para nosotros, no se puede transitar sin amigos…
Y nuestros amigos, ya se habrán dado cuenta, son tan diversos como el paisaje
del pueblo, pero misteriosamente, contra toda lógica, cierta magia nos une…y la
hace comprensible.
(*) Con mis amigos, jóvenes de los 70, escuchadores deleitados de Almendra, Los Beatles, Manal, Bob Dylan, Oscar Peterson, el Gato Barbieri, la bossa nova, Piazzolla, Salgán-De Lío, Troilo y el Trío Federico-Berlingieri-Cabarcos, lo sentíamos tan cercano a “nuestro” Gardel, que habíamos adoptado (no sé si era anónimo, yo creí que era creación de un amigo) una frase que aplicábamos como metáfora de un acercamiento frustrado, especialmente cuando intentábamos darle la mano a otra persona que nos dejaba con la mano tendida: “me dejó parado y sonriente con la mano extendida como Gardel en el bronce”… No era una falta de respeto, por supuesto.

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