Dialogando con César Fernández Moreno, Miguel Cantilo, León Felipe, Blas de Otero y Luis Alberto Spinetta
Nos
quedamos sin nada.
Sin
ninguno de esos sueños, ilusiones, atajos y disfraces
que
ocultan y reprimen
deseos
insatisfechos, rabias y rechazos
como
púas y tormentas, y sólo las espinas del rosal,
con
algo de Sísifo y Tío Tom,
siempre
la otra mejilla, y después el cuerpo entero,
ninguneados, y arrastrando tristeza por el mundo,
solitarios
confesos y confusos,
obligados
a mirar la vida
como
los peces de colores dentro de la pecera.
Hemos
quedado
desnudos
frente a un espejo invisible
sin
poder engañarnos que estamos más jóvenes, atractivos, vitales.
Nada
ni nadie que nos diga cómo presentarnos en el escenario.
Ni
analistas ni el libro de los sueños, ni proverbios bíblicos ni aforismos.
Pero
así como estamos,
despojados
de insomnios y disfraces,
libres de los mandatos,
abriéndonos camino
como a machetazos en medio de la selva
entre angustias, tristezas, muerte y desmoronamiento,
nos quedan
regándonos como a una planta que resiste a la sequía,
la vieja música que aún nos emociona,
que nos resuenan y circulan por dentro:
amigos,
compañeros,
amor,
te
amo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario