Sintetizando las características generales del realismo, del realismo mágico y lo real maravilloso,
-el realismo pretende describir la realidad social y política con objetividad aparente, como si se limitara a registrarla sin que intervenga explícitamente la subjetividad del autor. De todos modos, ésta suele hacerlo mediante la presentación de las situaciones y de los personajes, el uso de algunos adjetivos que influencian la interpretación por parte del lector de un modo en particular. (En literatura, ninguna palabra es puesta al azar, de un modo no intencional). Y también, por el recorte que hace de la realidad para quitarle el velo que la encubre o disimula. Pues se muestra objetivamente la realidad que se quiere mostrar al desnudo, desde una intención crítica;
-el realismo mágico introduce en la descripción realista elementos del mundo de la fantasía, ya sean éstas provenientes de "otra realidad", como en el caso de las apariciones fantasmagóricas, o del inconciente, de lo onírico (es decir, proveniente de los sueños), propios del arte y la literatura surrealistas;
-lo real maravilloso describe una realidad objetiva, propia de la sociedad y la cultura latinoamericanas, en la que lo maravilloso, extraño para la visión europea de la realidad, está presente en la realidad misma, no es externa a ella, sino que forma parte de la misma realidad. Maravilloso, extraordinario, raro, para el observador externo a esa realidad. Pero no para los que pertenecen a esa realidad.
La literatura fantástica, introduce elementos inexplicables, fantásticos, propios de un campo no conocido y hasta rechazado por la ciencia ( o al menos, por la ciencia tradicional. En estas últimas décadas la ciencia está comenzando a avanzar sobre ese territorio desconocido, que ya la física cuántica adelantó sin lograr desplazar a la física tradicional). Pero no lo hace de un modo tajante, sino que los presenta desde un modo que nos hace dudar, sin entender claramente lo que pasó, y dejando abierta la posibilidad de que la realidad no sea de sea interpretable desde un solo punto de vista. Todo puede ser... Quizás lo extraordinario, lo inexplicable, la realidad paralela, no sea un producto de la imaginación, sino que la imaginación es una forma de acceder a esa realidad que verdaderamente exista. Algo que quizás ya estaba previsto de algún modo por la corriente anterior al realismo, el romanticismo, al introducirla en la vida misma. Edgar Allan Poe con sus Narraciones extraordinarias, y en las Leyendas y algunos poemas de Gustavo Adolfo Bécquer (Rima III y Rima V) que contienen mucho más que metáforas e imágenes poéticas provenientes del mundo cotidiano y terrenal.
Ricardo Piglia considera que Borges fue el creador de este género. Otros van un poco más lejos, buscando antecedentes como Poe. Y que a partir de él, se empezó a escribir este tipo de literatura no sólo en América, sino también en Europa. Y podríamos suponer que Borges se remontaría a la mitología nórdica y a la literatura oriental clásica, en las que se inspiró para escribir muchos de sus cuentos.
Para no caer en otro mito como el del supuesto origen argentino del dulce de leche por la negra de la estancia de Rosas, creo que también en este caso debemos entender que si bien ya existía, Borges le dio un toque muy especial, por su forma literaria y por su contenido universal, que los hizo famosos entre los escritores de "todo el mundo" a Borges y su literatura. Lo que reúne características propias del talento creativo es reconocido como "origen". Pues, salvo la creación divina del mundo, nada surge de la nada, nada ni nadie surge de la nada, sino de una transformación personal de lo que ya existía más otros elementos más actuales. Y al fin de cuentas, así como no sería sólo ironía decir que si Dios creó todo lo que antes no existía, Darwin creó el origen y la evolución de las especies y del hombre. Antes del Génesis bíblico y de Darwin, nada de eso existía...Las cosas son, pero decimos que existen cuando tomamos conocimiento de ellas.
Sea como sea, vamos a iniciar el itinerario de lecturas fantásticas con Borges.
Para empezar, vamos al encuentro de "El encuentro".
Es un cuento breve y sustancioso, concentrado, en el que, como es habitual en Borges (y en toda la buena literatura, pero en él de un modo muy notable), ninguna palabra está de más, ninguna es casual.
El recurso de adelantarnos desde el comienzo mismo el origen del relato, y el contexto en el que sucedieron los hechos, nos llevan a un momento de su infancia, en una quinta donde se han reunido familiares y amigos, a los que se refiere por sus apellidos y nombres reales. El niño Borges es el único que advierte algo raro desde el comienzo, aunque no entiende por qué (sólo lo entenderá años más tarde, ya adulto, cuando logra atar los cabos sueltos que están ahora en el relato, y darle forma literaria. Pues es el adulto Borges el narrador. No recurre a la ficción del relato en tercera persona sobre lo que vivió aquel niño, ni la otra, la de crear un relato en el que el mismo relata los hechos y su interpretación como niño. Lo hace desde otra óptica alejada de su niñez, de 1910 y de muchas otras cosas que le dieron vida al tiempo (hacia 1910, el año del cometa y del Centenario, y son tantas las cosas que desde entonces hemos poseído y perdido). Recordemos que cuando pasó el cometa Halley en ese año, el realismo mágico o lo real maravilloso tuvieron una dimensión real, cuando movidos por las tradicionales creencias sobre la influencia nefasta de esos acontecimientos naturales extraordinarios, el terror y el desconcierto ante esta supuesta señal de una temida catástrofe, mucha gente se suicidó ante la inminencia vivida en sus psiquis alteradas de que sobrevendría el fin del mundo.
Jorgito, el Borges niño, advierte los detalles significativos que pasaron inadvertidos a los demás, como su presencia misma para estos jóvenes cuya edad no pasaba de los 30 años. Detalles que se convertirán en las pistas del relato, que nos sugieren por adelantado qué hechos sucederán:
"mi primo, creo recordar, entonó La tapera y El gaucho de Elías Regules y unas décimas en lunfardo, en el menesteroso lunfardo de aquellos años, sobre un duelo a cuchillo en una casa de la calle Junín."
"Yo sentía (la frase es de Lugones) el miedo de lo demasiado tarde. No quise mirar el reloj."
"Uriarte propuso a gritos a Duncan un póker mano a mano. Alguien objetó que esa manera de jugar solía ser muy pobre y sugirió una mesa de cuatro. Duncan lo apoyó, pero Uriarte, con una obstinación que no entendí, ni traté de entender, insistió en lo primero."
"Un caserón desconocido y oscuro (sólo en el comedor había luz) significa más para un niño que un país ignorado para un viajero."
"el dueño de casa (...) me llevó a una vitrina. Cuando prendió la lámpara, vi que contenía armas blancas.(...) Le pregunté si entre las armas no figuraba la daga de Moreira, en aquel tiempo el arquetipo del gaucho..."
"No sé quién abrió la vitrina. Maneco Uriarte buscó el arma más vistosa y más larga, la del gavilán en forma de U; Duncan, casi al desgaire, un cuchillo de cabo de madera, con la figura de un arbolito en la hoja. Otro dijo que era muy de Maneco elegir una espada. A nadie le asombró que le temblara en aquel momento la mano; a todos, que a Duncan le pasara lo mismo."
El relato del duelo desparejo es objetivo y transmite el dramatismo del momento en sus pequeños detalles significativos, sobriamente, sin descripciones recargadas.
Luego de estos detalles significativos, años después, como en un cuento policial, el comisario Olave le llama la atención sobre ellos. Dos armas como esas habían pertenecido a dos cuchilleros muertos que se odiaron toda su vida y murieron sin haberse encontrado... Y allí Borges encuentra la explicación fantástica hecha realidad para entender lo sucedido:
"Nueve o diez hombres, que ya han muerto, vieron lo que vieron mis ojos — la larga estocada en el cuerpo y el cuerpo bajo el cielo — pero el fin de otra historia más antigua fue lo que vieron. Maneco Uriarte no mató a Duncan; las armas, no los hombres, pelearon. Habían dormido, lado a lado, en una vitrina, hasta que las manos las despertaron. Acaso se agitaron al despertar; por eso tembló el puño de Uriarte, por eso tembló el puño de Duncan. Las dos sabían pelear — no sus instrumentos, los hombres — y pelearon bien esa noche. Se habían buscado largamente, por los largos caminos de la provincia, y por fin se encontraron, cuando sus gauchos ya eran polvo. En su hierro dormía y acechaba un rencor humano."
La conclusión de Borges es inquietante, pues no vuelve a la interpretación racional sino que da por válida la explicación fantástica. (Ya lo ha hecho indirectamente, al reproducir el comentario de Olave, según la causa de los duelos criollos estaría en la difusión popular, circo de Podestá mediante, del relato de Juan Moreira.)
"Las cosas duran más que la gente. Quién sabe si la historia concluye aquí, quién sabe si no volverán a encontrarse."
"La tradición exige que los hombres en trance de pelear no ofendan la casa en que están y salgan afuera. Medio en jarana, medio en serio, salimos a la humeda noche. Yo no estaba ebrio de vino, pero sí de aventura; yo anhelaba que alguien matara, para poder contarlo después y para recordarlo.
Quizá en aquel momento los otros no eran más adultos que yo. También sentí que un remolino, que nadie era capaz de sujetar, nos arrastraba y nos perdía. No se prestaba mayor fe a la acusación de Maneco; todos la interpretaban como fruto de una vieja rivalidad, exacerbada por el vino."


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