EDUCACIÓN DE PRÍNCIPE
Los
cronopios no tienen casi nunca hijos, pero si los tienen pierden la cabeza y
ocurren cosas extraordinarias. Por ejemplo, un cronopio tiene un hijo, y en
seguida lo invade la maravilla y está seguro de que su hijo es el pararrayos de
la hermosura y que por su venas corre la química completa con aquí y allá islas
llenas de bellas artes y poesía y urbanismo. Entonces este cronopio no puede
ver a su hijo sin inclinarse profundamente ante él y decirle palabras de
respetuoso homenaje.
El hijo, como es natural, lo odia
minuciosamente. Cuando entra en la edad escolar, su padre lo inscribe en
primero inferior y el niño está contento entre otros pequeños cronopios, famas
y esperanzas. Pero se va desmejorando a medida que se acerca el mediodía,
porque sabe que a la salida lo estará esperando su padre, quien al verlo
levantará las manos y dirá diversas cosas, a saber:
—Buenas salenas cronopio cronopio, el más
bueno y más crecido y más arrebolado, el más prolijo y más respetuoso y más
aplicado de los hijos! Con lo cual los famas y las esperanzas júnior se
retuercen de risa en el cordón de la vereda, y el pequeño cronopio odia
empecinadamente a su padre y acabará siempre por hacerle una mala jugada entre
la primera comunión y el servicio militar.
Pero los cronopios no sufren demasiado con
eso, porque también ellos odiaban a sus padres, y hasta parecería que ese odio
es otro nombre de la libertad o del vasto mundo.
LO PARTICULAR Y LO UNIVERSAL
Un cronopio iba a lavarse los dientes
junto a su balcón, y poseído de una grandísima alegría al ver el sol de la
mañana y las hermosas nubes que corrían por el cielo, apretó enormemente el
tubo de pasta dentífrica y la pasta empezó a salir en una larga cinta rosa.
Después de cubrir su cepillo con una verdadera montaña de pasta, el cronopio se
encontró con que le sobraba todavía una cantidad, entonces empezó a sacudir el
tubo en la ventana y los pedazos de pasta rosa caían por el balcón a la calle
donde varios famas se habían reunido a comentar las novedades municipales. Los
pedazos de pasta rosa caían sobre los sombreros de los famas, mientras arriba
el cronopio cantaba y se frotaba los dientes lleno de contento. Los famas se
indignaron ante esta increíble inconsciencia del cronopio, y decidieron nombrar
una delegación para que lo imprecara inmediatamente, con lo cual la delegación
formada por tres famas subió a la casa del cronopio y lo increpó, diciéndole
así:
—Cronopio, has estropeado nuestros
sombreros, por lo cual tendrás que pagar.
Y después, con mucha más fuerza:
—¡Cronopio, no deberías derrochar así la
pasta dentífrica!
EL
CANTO DE LOS CRONOPIOS
Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.
Cuando un cronopio canta, las esperanzas y
los famas acuden a escucharlo aunque no comprenden mucho su arrebato y en
general se muestran algo escandalizados. En medio del corro el cronopio levanta
sus bracitos como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera una bandeja y el
sol la cabeza del Bautista, de modo que la canción del cronopio es Salomé
desnuda danzando para los famas y las esperanzas que están ahí boquiabiertos y
preguntándose si el señor cura, si las conveniencias. Pero como en el fondo son
buenos (los famas son buenos y las esperanzas bobas), acaban aplaudiendo al
cronopio, que se recobra sobresaltado, mira en torno y se pone también a
aplaudir, pobrecito.
HISTORIA
Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.
HAGA
COMO SI ESTUVIERA EN SU CASA
Una esperanza se hizo una casa y le puso una baldosa que decía: Bienvenidos los que llegan a este hogar. Un fama se hizo una casa y no le puso mayormente baldosas. Un cronopio se hizo una casa y siguiendo la costumbre puso en el porche diversas baldosas que compró o hizo fabricar. Las baldosas estaban colocadas de manera que se las pudiera leer en orden. La primera decía: Bienvenidos los que llegan a este hogar. La segunda decía: La casa es chica, pero el corazón es grande. La tercera decía: La presencia del huésped es suave como el césped. La cuarta decía: Somos pobres de verdad, pero no de voluntad. La quinta decía: Este cartel anula todos los anteriores. Rajá, perro.
LA CUCHARADA ESTRECHA
Un fama descubrió que la virtud era un
microbio redondo y lleno de patas. Instantáneamente dio a beber una gran
cucharada de virtud a su suegra. El resultado fue horrible: esta señora
renunció a sus comentarios mordaces, fundó un club para la protección de
alpinistas extraviados, y en menos de dos meses se condujo de manera tan ejemplar
que los defectos de su hija, hasta entonces inadvertidos, pasaron a primer
plano con gran sobresalto y estupefacción del fama. No le quedó más remedio que
dar una cucharada de virtud a su mujer, la cual lo abandonó esa misma noche por
encontrarlo grosero, insignificante, y en un todo diferente de los arquetipos
morales que flotaban rutilando ante sus ojos.
El fama lo pensó largamente, y al final se
tomó un frasco de virtud. Pero lo mismo sigue viviendo solo y triste. Cuando se
cruza en la calle con su suegra o su mujer, ambos se saludan respetuosamente y
desde lejos. No se atreven ni siquiera a hablarse, tanta es su respectiva
perfección y el miedo que tienen de contaminarse.
SU
FE EN LAS CIENCIAS
Una esperanza creía en los tipos fisonómicos, tales como los ñatos, los de cara de pescado, los de gran toma de aire, los cetrinos y los cejudos, los de cara intelectual, los de estilo peluquero, etc. Dispuesto a clasificar definitivamente estos grupos, empezó por hacer grandes listas de conocidos y los dividió en los grupos citados más arriba. Tomó entonces el primer grupo, formado por ocho ñatos, y vio con sorpresa que en realidad estos muchachos se subdividían en tres grupos, a saber: los ñatos bigotudos, los ñatos tipo boxeador y los ñatos estilo ordenanza de ministerio, compuestos respectivamente por 3, 3 y 2 ñatos. Apenas los separó en sus nuevos grupos (en el Paulista de San Martín, donde los había reunido con gran trabajo y no poco mazagrán bien frappé) se dio cuenta de que el primer subgrupo no era parejo, porque dos de los ñatos bigotudos pertenecían al tipo carpincho, mientras el restante era con toda seguridad un ñato de corte japonés. Haciéndolo a un lado con ayuda de un buen sandwich de anchoa y huevo duro, organizó el subgrupo de los dos carpinchos, y se disponía a inscribirlo en su libreta de trabajos científicos cuando uno de los carpinchos miró para un lado y el otro carpincho miró hacia el lado opuesto, a consecuencia de lo cual la esperanza y los demás concurrentes pudieron percatarse de que mientras el primero de los carpinchos era evidentemente un ñato braquicéfalo, el otro ñato producía un cráneo mucho más apropiado para colgar un sombrero que para encasquetárselo. Así fue como se le disolvió el subgrupo, y del resto no hablemos porque los demás sujetos habían pasado del mazagrán a la caña quemada, y en lo único que se parecían a esa altura de las cosas era en su firme voluntad de seguir bebiendo a expensas de la esperanza.
INCONVENIENTES EN LOS SERVICIOS PÚBLICOS
Vea lo que pasa cuando se confía en los
cronopios. Apenas lo habían nombrado Director General de Radiodifusión, este
cronopio llamó a unos traductores de la calle San Martín y les hizo traducir
todos los textos, avisos y canciones al rumano, lengua no muy popular en la Argentina.
A las ocho de la mañana los famas
empezaron a encender sus receptores, deseosos de escuchar los boletines así
como los anuncios del Geniol y del Aceite Cocinero que es de todos el primero.
Y los escucharon, pero en rumano, de modo
que solamente entendían la marca del producto. Profundamente asombrados, los
famas sacudían los receptores pero todo seguía en rumano, hasta el tango Esta noche me emborracho, y el teléfono
de la Dirección General de Radiodifusión estaba atendido por una señorita que
contestaba en rumano a las clamorosas reclamaciones, con lo cual se fomentaba
una confusión padre.
Enterado de esto el Superior Gobierno
mandó fusilar al cronopio que así mancillaba las tradiciones de la patria. Por
desgracia el pelotón estaba formado por cronopios conscriptos, que en vez de
tirar sobre el ex Director General lo hicieron sobre la muchedumbre congregada
en la plaza de Mayo, con tan buena puntería que bajaron a seis oficiales de
marina y a un farmacéutico. Acudió un pelotón de famas, el cronopio fue
debidamente fusilado, y en su reemplazo se designó a un distinguido autor de
canciones folklóricas y de un ensayo sobre la materia gris. Este fama
restableció el idioma nacional en la radiotelefonía, pero pasó que los famas
habían perdido la confianza y casi no encendían los receptores. Muchos famas,
pesimistas por naturaleza, habían comprado diccionarios y manuales de rumano,
así como vidas del rey Carol y de la señora Lupescu. El rumano se puso de moda
a pesar de la cólera del Superior Gobierno, y a la tumba del cronopio iban
furtivamente delegaciones que dejaban caer sus lágrimas y sus tarjetas donde
proliferaban nombres conocidos en Bucarest, ciudad de filatelistas y atentados.
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