VIAJES
Terminadas estas diligencias, los viajeros se reúnen en la plaza mayor de la ciudad, se comunican sus observaciones, y entran en el café a beber un aperitivo. Pero antes se toman de las manos y danzan en ronda. Esta danza recibe el nombre de «Alegría de los famas».
Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: «La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad.» Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.
Las esperanzas, sedentarias, se dejan viajar por las cosas y los hombres, y son como las estatuas que hay que ir a ver porque ellas no se molestan.
RELOJES
Un fama tenía un reloj de pared y todas
las semanas le daba cuerda CON GRAN CUIDADO. Pasó un cronopio y al verlo se
puso a reír, fue a su casa e inventó el reloj-alcachofa o alcaucil, que de una
y otra manera puede y debe decirse.
El reloj alcaucil de este cronopio es un
alcaucil de la gran especie, sujeto por el tallo a un agujero de la pared. Las
innumerables hojas del alcaucil marcan la hora presente y además todas las
horas, de modo que el cronopio no hace más que sacarle una hoja y ya sabe una
hora. Como las va sacando de izquierda a derecha, siempre la hoja da la hora
justa, y cada día el cronopio empieza a sacar una nueva vuelta de hojas. Al
llegar al corazón el tiempo no puede ya medirse, y en la infinita rosa violeta
del centro el cronopio encuentra un gran contento, entonces se la come con
aceite, vinagre y sal, y pone otro reloj en el agujero.
EL
ALMUERZO
No sin trabajo un cronopio llegó a
establecer un termómetro de vidas. Algo entre termómetro y topómetro, entre
fichero y curriculum vitae.
Por ejemplo, el cronopio en su casa
recibía a un fama, una esperanza y un profesor de lenguas. Aplicando sus
descubrimientos estableció que el fama era infra-vida, la esperanza para-vida,
y el profesor de lenguas intervida. En cuanto al cronopio mismo, se consideraba
ligeramente super-vida, pero más por poesía que por verdad.
A la hora del almuerzo este cronopio
gozaba en oír hablar a sus contertulios, porque todos creían estar refiriéndose
a las mismas cosas y no era así. La inter-vida manejaba abstracciones tales
como espíritu y conciencia, que la para-vida escuchaba como quien oye llover
—tarea delicada. Por supuesto, la infra-vida pedía a cada instante el queso
rallado, y la super-vida trinchaba el pollo en cuarenta y dos movimientos, método
Stanley Fitzsimmons. A los postres las vidas se saludaban y se iban a sus
ocupaciones, y en la mesa quedaban solamente pedacitos sueltos de la muerte.
PAÑUELOS
Un fama es muy rico y tiene sirvienta.
Este fama usa un pañuelo y lo tira al cesto de los papeles. Usa otro, y lo tira
al cesto. Va tirando al cesto todos los pañuelos usados. Cuando se le acaban,
compra otra caja.
La sirvienta recoge los pañuelos y los
guarda para ella. Como está muy sorprendida por la conducta del fama, un día no
puede contenerse y le pregunta si verdaderamente los pañuelos son para tirar.
—Gran idiota —dice el fama—, no había que preguntar. Desde ahora lavarás mis pañuelos y yo ahorraré dinero.
COMERCIO
Los famas habían puesto una fábrica de
mangueras, y emplearon a numerosos cronopios para el enrollado y depósito.
Apenas los cronopios estuvieron en el lugar del hecho, una grandísima alegría.
Había mangueras verdes, rojas, azules, amarillas y violetas. Eran transparentes
y al ensayarlas se veía correr el agua con todas sus burbujas y a veces un
sorprendido insecto. Los cronopios empezaron a lanzar grandes gritos, y querían
bailar tregua y bailar cátala en vez de trabajar. Los famas se enfurecieron y
aplicaron en seguida los artículos 21, 22 y 23 del reglamento interno. A fin de
evitar la repetición de tales hechos.
Como los famas son muy descuidados, los
cronopios esperaron circunstancias favorables y cargaron muchísimas mangueras
en un camión. Cuando encontraban una niña, cortaban un pedazo de manguera azul
y se la obsequiaban para que pudiese saltar a la manguera. Así, en todas las
esquinas se vieron nacer bellísimas burbujas azules transparentes, con una niña
adentro que parecía una ardilla en su jaula. Los padres de la niña aspiraban a
quitarle la manguera para regar el jardín, pero se supo que los astutos
cronopios las habían pinchado de modo que el agua se hacía pedazos en ellas y
no servía para nada. Al final los padres se cansaban y la niña iba a la esquina
y saltaba y saltaba.
Con las mangueras amarillas los cronopios
adornaron diversos monumentos, y con las mangueras verdes tendieron trampas al
modo africano en pleno rosedal, para ver cómo las esperanzas caían una a una.
Alrededor de las esperanzas caídas los cronopios bailaban tregua y bailaban
cátala, y las esperanzas les reprochaban su acción diciendo así:
—Crueles cronopios cruentos. ¡Crueles!
Los cronopios, que no deseaban ningún mal
a las esperanzas, las ayudaban a levantarse y les regalaban pedazos de manguera
roja. Así las esperanzas pudieron ir a sus casas y cumplir el más intenso de
sus anhelos: regar los jardines verdes con mangueras rojas.
Los famas cerraron la fábrica y dieron un banquete lleno de discursos fúnebres y camareros que servían el pescado en medio de grandes suspiros. Y no invitaron a ningún cronopio, y solamente a las esperanzas que no habían caído en las trampas del rosedal, porque las otras se habían quedado con pedazos de manguera y los famas estaban enojados con esas esperanzas.
FILANTROPÍA
Los famas son capaces de gestos de una gran
generosidad, como por ejemplo cuando este fama encuentra a una pobre esperanza
caída al pie de un cocotero, y alzándola en su automóvil la lleva a su casa y
se ocupa de nutrirla y ofrecerle esparcimiento hasta que la esperanza tiene
fuerza y se atreve a subir otra vez al cocotero.
El fama se siente muy bueno después de
este gesto, y en realidad es muy bueno, solamente que no se le ocurre pensar
que dentro de pocos días la esperanza va a caerse otra vez del cocotero.
Entonces mientras la esperanza está de nuevo caída al pie del cocotero, este
fama en su club se siente muy bueno y piensa en la forma en que ayudó a la
pobre esperanza cuando la encontró caída.
Los cronopios no son generosos por
principio. Pasan al lado de las cosas más conmovedoras, como ser una pobre
esperanza que no sabe atarse el zapato y gime, sentada en el cordón de la
vereda. Estos cronopios ni miran a la esperanza, ocupadísimos en seguir con la
vista una baba del diablo. Con seres así no se puede practicar coherentemente
la beneficencia, por eso en las sociedades filantrópicas las autoridades son
todas famas, y la bibliotecaria es una esperanza. Desde sus puestos los famas
ayudan muchísimo a los cronopios, que se ne fregan.
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