I
Mamma mía, qué te cuento, nací en el 53,
cuántos clavos me han metido en la cabeza
que ni al pelado de Geniol.
De chico me machacaron los clavos de Cristo
en un catecismo de más culpa y miedo que de amor.
De dos bandos me decían de quién tenía que estar en contra
y de quién tenía que estar a favor.
Mientras tanto había presos y torturados de un lao y de otro,
Discepolo nos cantaba realidades crudas
y los tangos nos clavaban la angustia desolada y la nostalgia
por un pasado mítico y nos clavaban frases como
ya sé, no me digás, tenés razón, la
vida es una herida absurda
Y es todo, todo, tan final
Contame tu condena, decime tu
fracaso, no ves la pena que me ha herido
entre la estridencia del jazz
y los mambos de Pérez Prado,
pero la palabra mambo sin embargo pasó a ridiculizar esa alegría,
-- tenés un mambo en la cabeza--
y la solemne música clásica de radio Nacional
y las marchas militares
nos volvían a clavar esa exigencia de seriedad inglesa
de un gran país que sin embargo no fue
en esa calesita aburrida y tristona
que daba vueltas sobre sí misma en el mismo lugar
Volvimos siempre con la cabeza gacha y la frente marchita
de cada golpe de estado
y de cada experiencia civil
al cambalache donde ahora junto a la Biblia y el calefón
lloraban el artículo 14 y el 14 bis
de un libro de poesía bastante roto llamado Constitución
que por esas cosas se volvía a Retiro a cada rato.
El hombre solo que espera no sabe qué cosa
yirando en un camino con más clavos que esperanza,
mientras la ve pasar.
El Club del Clan nos enseñaba a ser felices como los jóvenes
norteamericanos
Pero debajo de la piel dolorida de clavos y silencio que nos vendían como
salud,
Los Grandes Líderes, Vetustos Dinosaurios hicieron su cosecha fácil
mientras la mayoría silenciosa
compensaba su soledad comprando cosas
consumiendo indiferencia.
“Quién me iba a decir que el destino
era esto”, suspiraba el oficinista de Mario
Benedetti.
y el rock and roll nos electrizaba la libertad en el cuerpo
de puro presente y rebeldía anestesiada después por drogas para soñar
Caídos en el vacío sus discursos de bellas frases huecas sin caminos
visibles
los nuevos clavos estallaron en dictaduras y revoluciones imposibles.
Y después hubo más clavos que me siguen doliendo.
Y años después, sin salir de los tangos de Discepolo,
Los Redondos desde la tapa del disco en la que un obrero poderoso rompía
sus cadenas en Oktubre,
nos decían que el futuro ya llegó,
pero que el infierno está
encantador.
Entre todos esos ruidos clavados a todo volumen
había que aprender a escuchar los
sonidos del silencio
al que muchos ni prestaban atención.
Desde lo más profundo, clavada en
mi memoria
seguía resonando, honda y casi silenciosa
la voz de Yupanqui que pasaba las madrugadas
preguntándole a su guitarra
Por qué la noche es tan larga
https://www.youtube.com/watch?v=xc2PrWoRQUg
https://www.youtube.com/watch?v=aw2VM7w5tLo
https://www.youtube.com/watch?v=h3WBu3il8AM
https://www.youtube.com/watch?v=VhQr8pjYdDQ
II
La vida no da revancha
Y el revanchismo es amargo y te desvía del camino
Pero la vida te da la vida para seguir viviendo
Sacándote los clavos y empezando otra historia
Entonces
suavemente tu mirada en silencio
me
convoca y me atrapa
como
dulces clavos que al introducirse
bajo
mi piel transportan a mi mirada ausente
de
esta historia sin final de laberintos
y
caminos que se bifurcan sin salir del infierno,
y
la dirige a otras dimensiones
de
mares calmos y maravillosos
de
peces y de estrellas y brisas suaves en las profundidades
sin
espacios ni tiempos,
y
siento crecer nuevas flores en mi mente,
y
todo lo triste se transforma,
pasa
a ser mágica recuperación
de
cálidos momentos perdidos
que
vuelven a nuestras manos como semillas para sembrar,
para
vivir
y
para que todo vuelva a su sentido original si alguna vez lo tuvo
o
se lo dimos nosotros
en
lúcidos momentos de encuentro con la vida
entre
las presencias de líderes que nunca se consideraron grandes,
pero
sí se entregaron a una obra importante,
y
los sueños de los que dieron su vida,
la
libertad sin discurso, los derechos humanos
de hecho en los humanos,
la
mano solidaria, el trabajo responsable y sin verso,
de
los que se dedicaron a construir la comunidad.
Y
entonces puedo volver a la superficie
abrazado
a vos y a nuestra propia historia
respirando
la vida de verdad.
Mientras
un rayo de luz ilumina a la guitarra de Yupanqui
alumbrando
el camino bombardeado
de
clavos de silencios en la oscuridad.
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