miércoles, 6 de octubre de 2021

Chaves escribe 2021. LA VERDAD DE LA MILANESA por Paloma

      Juan regresaba cansado, de Buenos Aires. Había viajado toda la noche.

     La mañana  se presentó radiante, luminosa. El sol le daba brillo a los campos y los mostraba en todo su esplendor. Los montes de altos eucaliptus, que aparecían de tanto en tanto a orillas del camino, revelaban sus troncos tornasolados.

     Juan no podía evitar disfrutar del paisaje. Ver las copas de los árboles que se mecían por el suave viento primaveral. El raudo vuelo de los pájaros que se posaban en los alambrados o en los postes alineados en ambas orillas de la ruta. 

     Pero la cinta asfáltica lo absorbía.

    Atento, la vista siempre adelante; así  lo enseñó  Fangio  y a él le quedó bien grabado.

    El tránsito era escaso. Algunos camiones debió pasar que con la mano amiga o señas de luces, le indicaban ausencia de peligro.

    A lo lejos divisó un estación de servicio. Allí estiraría un poco las piernas y cargaría combustible.

    Mientras tomaba un rico cafecito, en una pizarra leyó : ¡Hay milanesas!.

    Al abonar el café, le pidió a la señorita que le prepara una en un pan y la envolviera para llevar.

    Después de despedirse  amablemente colocó el paquete sobre el asiento y entró nuevamente en la ruta.

    Atento a las normas de tránsito, había hecho unos cuantos kilómetros, cuando pensando en la milanesa se le abrió el apetito.

    Para no perder tiempo sólo disminuyó la marcha; con la mano izquierda sostuvo el volante, mientras que con la derecha, al tanteo, rompió el envoltorio y extrajo la compra.

    Decidió entonces detenerse a orillas de la ruta, para comerlo.

    El primer mordisco le dio solamente pan; el segundo también y con el tercero su asombro siguió en aumento.

    Para volverse a reclamar, pensó que no le convenía por la distancia recorrida. No tuvo más remedio que reír; pues solo era: ¡Un pan untado con mayonesa!.

    Recordó en ese momento el dicho: “Donde hay hambre no hay pan duro”.

    Al llegar a su hogar, lo primero que le preguntó su esposa fue como le había ido, y a continuación

     ¿Comiste algo?.

    Si le respondió—._Un sándwich de mayonesa.

    Y le contó lo sucedido.

     Ahora eran dos los que se reían.

     Habrían transcurrido como dos años cuando, cuando transitando por la misma ruta en compañía de un amigo, quiso el destino que se detuvieran en el mismo lugar.

    Cuando se acercó la señorita le pidieron dos sándwichs de milanesa. Juan, que la reconoció inmediatamente, no pudo con su genio y agregó:

    ¡No se olvide de poner la milanesa !.

    La joven lo miró con grandes ojos de asombro y abriendo la boca lanzó un:

    ¡No me diga que usted  es el señor que un día se fue sin la milanesa!.

    Como Juan asintiera con la cabeza sonriendo, ella le pidió mil disculpas. Y le contó que en ese entonces al ingresar a la cocina se dieron cuenta del error cometido, la envolvieron y salieron corriendo. Allí estuvieron un buen rato a la espera del infortunado que nunca regresó.

    No se lamente dijo el joven, y  agregó:Está disculpada, a cualquiera le puede pasar

    La joven respondió  

    Gracias. Muchas graciasy continuó:

Por aceptar las disculpas,

Y tener cordialidad,

es  un ser que facilita

la vida de sociedad.

 

 

MI ANÁLISIS DEL CUENTO

Los primeros párrafos distraen de la línea argumental, uno espera que el conflicto pase por otro lado que altere el clima bucólico.

El relato carece de interés, no logra expresar la subjetividad del personaje. La falta de conflicto es total, todo sucede sobre ruedas también en la actitud de los protagonistas, todo es como debe ser, en un clima tan bucólico como el de la naturaleza, todo está bien. Y para rematar ese clima de buena educación, respeto y tomarse todo con calma, paz y amor, la responsable del error le dedica unos versitos de tono moralizante, propios de la Liga Social Pro Comportamiento Humano. Ninguno de los dos expresa ni preocupación, enojo ni vergüenza, todo sucede en un paraíso. Parece escrito por la dueña del local, como esos cartelitos que con humor y soberbia, tratan de educar en el respeto a los clientes o usuarios que reclaman indignados.

Todo eso le quita interés al relato, aquí no ha pasado nada. Aprendan, lectores. Sean buenas personas, tómense las cosas con calma, serán felices y reconocidos, ganarán amigos en vez de enemigos. Eso sí, “la verdad de la milanesa” es una frase que apunta más bien a una denuncia de una cara que es ocultada intencionalmente, de una mentira. Aquí, todo se trató de un error involuntario. Su aplicación en este cuento es errónea, y contribuye de ese modo a crear una falsa expectativa en el lector.

Otro aspecto importante a la hora de participar en un concurso: se debió incluir puntos, comas y guiones correctamente  para facilitar su lectura. El lenguaje escrito puede incorporar al lenguaje hablado, y tiene otros códigos que es necesario respetar. Por escrito no oímos la voz del narrador y los protagonistas, con sus pausas e inflexiones para facilitar la comprensión de lo que se narra.

 


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