jueves, 20 de abril de 2023

LA BOLSA VACÍA

 LA BOLSA VACÍA

por Luis F. Gobea

Yo creía que nadie me entendía todo lo que quería decir, lo intentaba sin éxito una y otra vez con distintas palabras. Entonces, enojado y solitario, me dirigí al viejo altillo de la casa que se usaba como desván. Cada tanto, con una mezcla de desgano y firmeza, mi madre tomaba la decisión de deshacerse finalmente de cosas que se habían guardado con la fantasiosa idea de que podrían servir con algunos arreglos; algunas se vendían como chatarra, la ropa vieja se separaba para donarlas a alguien a quien le pueda servir, y otras cosas sin valor iban a la basura.

Sin embargo, me llamaba la atención la presencia de una vieja bolsa vacía, que resistía los embates de puestas en orden de mi madre, previas a una limpieza y desinfección del lugar. Nunca entendí por qué, pero yo sentía que la bolsa tenía algo de misterioso. ¿Tenía o contendría? Llegué hasta a soñar con la bolsa.   

Pero en el altillo yo me encontraba con mis viejos recuerdos: el caballito de madera, la ropa de cowboy de mi primer disfraz, la guitarrita a la que le faltaban algunas clavijas y casi todas las cuerdas, que aún sonaba con notas destempladas, un frasco con bolitas, algunos números de El Gráfico, un revólver de hojalata a cebitas, la foto de los hermanos Emiliozzi y el poster de Amadeo Carrizo junto a otro de Los Beatles, el birrete de egresado, y una entrañable foto del Ford A con capota de lona de mi viejo, una antigua lámpara a combustible que había pertenecido a mi abuelo…Un antiguo reloj de pared, ya roto, junto a un almanaque de propaganda del año 1956 marcaba doblemente el paso del tiempo, implacable con las personas y también con el instrumento que lo controlaba…

Estuve un rato largo en ese desván de los recuerdos rotos, comunicándome sin palabras con esos objetos inertes y sin embargo tan cargados de vida, de historia…

Hasta que mi madre apareció suavemente en el altillo, como cuidando no irrumpir bruscamente en mis pensamientos, me abrazó tiernamente y me dio un beso.

--No te aflijas…  --me dijo--.Todo vuelve a su lugar… Te quiero mucho, hijo…

Esa tarde comprendí dos cosas: que cuando las palabras no alcanzan, los sentimientos, las actitudes hacia la otra persona, pueden lograrlo con palabras milagrosas que suenan mágicas.

Y que esa vieja bolsa vacía continuaba allí porque era el símbolo de todos nuestros recuerdos, nuestras historias, con sus proyectos soñados y fracasos, lo que intentamos y lo que pudimos hacer, la nostalgia y las ganas de mirar hacia adelante. Eso y muchas cosas más, que difícilmente quepan en todas las palabras del diccionario. Y que el tiempo es como el árbol de la vida: hunde sus raíces en el pasado, y crece en el presente hacia el futuro. Y la vivencia de esa tarde se incorporó al contenido de esa bolsa. Yo tampoco la voy a arrojar nunca a la basura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

HORIZONTES

  Tenía los años de mi juventud. El horizonte me parecía lejano, pero no tanto. Al menos, posible. Es decir, el horizonte posible buscado....