PASAJE DEL AÑO
El último día del año
no es el último día del tiempo.
Otros días vendrán
y nuevos muslos y vientres te
comunicarán el calor de la vida.
Besarás bocas, rasgarás papeles,
harás viajes y tantas
celebraciones
de aniversario, graduación,
promoción, gloria, dulce muerte con sinfonía y coral,
que el tiempo quedará repleto y
no oirás el clamor,
los irreparables aullidos
del lobo, en la soledad.
El último día del tiempo
no es el último día de todo.
Queda siempre una franja de vida
donde se sientan dos hombres.
Un hombre y su contrario,
una mujer y su pie,
un cuerpo y su memoria,
un ojo y su brillo,
una voz y su eco,
y quién sabe si hasta Dios…
Recibe con simplicidad este
presente del acaso.
Mereciste vivir un año más.
Desearías vivir siempre y
agotar la borra de los siglos.
Tu padre murió, tu abuelo
también.
En ti mismo mucha cosa ya
expiró, otras acechan la muerte,
pero estás vivo. Una vez más
estás vivo.
Y con la copa en la mano
esperas amanecer.
El recurso de embriagarse.
El recurso de la danza y del
grito,
el recurso de la pelota de
colores,
el recurso de Kant y de la
poesía,
todos ellos… y ninguno resuelve
nada.
Surge la mañana de un nuevo año.
Las cosas están limpias,
ordenadas.
El cuerpo gastado se renueva en
espuma.
Todos los sentidos alerta
funcionan.
La boca está comiendo vida.
La boca está atascada de vida.
La vida escurre de la boca,
mancha las manos, la vereda.
La vida es gorda, oleosa,
mortal, subrepticia.
Carlos Drummond de Andrade en la web
https://drive.google.com/file/d/1nXAkxsBcei6yCJP0P40dojmjxgXRT2Dk/view
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