Yo he soñado con ser lluvia dorada
o un
cisne para vos, como el de Leda
mientras
contemplo tu andar o tu sonrisa
que me
hace sentir feliz entre las nubes.
Pero vos
me hacés sentir que soy un ganso enamorado
y que el
granizo me golpea la cara.
Te veo
como si tuvieras una naturaleza mágica
de hada
que hace que todo sea maravilloso;
al
acercarme me encuentro con una horrible bruja
con el
cuerpo de la serpiente enroscada en el árbol de la vida,
y siempre te perdono como los viejos del
Tribunal ante Friné.
Ya no sé
qué hacer con el tango de mi vida
si me
ponés un rock and roll o un mambo de Pérez Prado en el equipo.
Yo me
estoy derritiendo frente a vos
como un
pulpo en el Sahara a la hora de la siesta.
Siento que
soy como una piedra que se va desbarrancando por el precipicio.
Camino
por la vida como a contramano del corso
como un ciego que mira hacia el cielo esperando percibir la luz de su estrella hasta que los ojos se le gasten horadados de vacío.
Me caigo
y sigo andando a los tropiezos
movilizado
por un algo incomprensible que tampoco es deseo
como un
ateo que se convierte al cristianismo pensando en el reino de los cielos en la
tierra
y se ve
obligado a cargar con una cruz que no estaba en el corto publicitario.
Eso sí,
che Lilith, Muñeca Brava, siempre fiel a vos misma,
yo no voy
a implorarte de rodillas que seas buena y sientas compasión por mí.
De esto
estoy convencido y te lo juro en silencio:
Jamás te
abriré las puertas de mi corazón, entregándome a vos,
para
decirte con mis labios que te buscan:
—Flaca, te
amo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario